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NE VARIETUR: Los Usos y Costumbres de una vieja y genuina Logia. 2da. Parte



Por el M:.R:.H:.
Arturo Rivera del Pielago
Past Gran Maestro  - Gran Logia del Peru
Fundada en 1882

Durante muchos años y, en consideración una época de profundo respeto por las normas inmutables de la francmasonería, las liturgias o momentos de cada taller, eran celosamente guardados por el H:. Guarda Tesoros, hoy, el Tesorero de la Logia.

No estaba permitido burilar, escribir, revelar en todo o en parte el proceso de los trabajos en Logia, el mismo que debía ser rigurosamente memorizado por cada uno de los miembros del Taller. Cualquier duda, alteración o error, era solucionada recurriendo al ritual manuscrito guardado con riguroso protocolo en algún lugar discreto del Taller.

No es que los masones de entonces pretendieran que el secreto de la francmasonería estaba depositado en sus rituales, había sólidos argumentos para mantener esta inviolable costumbre como uno de los mayores deberes de todo masón.

Una de ellas, como es natural, era preservar la intimidad de sus trabajos. Buscaban también que sus adeptos demuestren su voluntad e interés por la Logia, memorizando los momentos en cada uno de sus grados, incluidas sus ceremonias.

Parte de la instrucción de Aprendices y Compañeros, consistía en ensayar fragmentos de la apertura, estaciones y clausura de trabajos. Los Vigilantes, cada quien en el grupo bajo su responsabilidad, se encargaban de orientar el mensaje y prédica de las liturgias, procurando que los adeptos beban de la simple fuente de la cordura, la sencillez y el respeto por los demás. El Maestro de Ceremonias, asistido por los Diáconos o Expertos, se encargaba de explicar y practicar con ellos las distintas ceremonias en los diferentes grados simbólicos. 

Los debates solían tomar horas de irremplazable interés. Además del pleno conocimiento de la herramienta básica de la francmasonería, los Aprendices y Compañeros se imbuían en la íntima pretensión de nuestra Augusta Orden, es decir, de formar su espíritu en base a los sabios consejos y advertencias contenidas en nuestros antiguos rituales.

De allí la antigua y orgullosa sentencia que decía: “La masonería busca en sus adeptos la práctica de las más exquisitas virtudes, preparándolos para conformar el mundo del futuro, en donde podréis reconocerlos por su porte amable y su ejemplar conducta”.

Conseguido este primordial objetivo y, cuando el tiempo y la madurez de cada H:. los hacía dignos de tal merecimiento, eran exaltados al sublime grado de MM:. 

Entonces y, a la humilde espera de la decisión de sus mayores, era “escogido” para desempeñar un puesto en el cuadro.

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