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LIBRE Y DE BUENAS COSTUMBRES. REALIDAD O FANTASIA???












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LIBRE Y DE BUENAS COSTUMBRES.
REALIDAD O FANTASIA???
Esta es la característica a la que aspira el masón: a ser “libre y de buenas costumbres”. Y por la que se le reconoce y admite en la logia; tanto en el proceso de entrevistas previas a su iniciación como por ser la guía de su desarrollo personal.
Esta máxima ha tenido y tiene muchas y variadas interpretaciones derivadas de las que se recogen en las Constituciones de Anderson de 1723 de ser “buenos y leales, hombres de honor y honestidad […] persona tranquila, sometida a las leyes del país en que esté establecido…” y la que específicamente indica en el apartado III. De las logias: “Los individuos admitidos como miembros de una Logia han de ser honrados, de buenas costumbres, libres, de edad discretamente madura, sin tacha de inmoralidad ni mal ejemplo” (recordemos que en el momento fundacional de la masonería la esclavitud era un negocio legal en Europa).
Pero hoy, en que ser de “buenas costumbres” o “sin tacha de inmoralidad” admite, lógicamente, muchas matizaciones, aunque meter la mano en los dineros públicos o aceptar sobornos siga siendo lo mismo hoy que en los tiempos del pastor Anderson, estos conceptos han tenido su lógica evolución de modo que “libre” ya no significa no ser esclavo -afortunadamente- ni “de edad discretamente madura” peinar canas; y por supuesto, “los individuos” portadores de estos valores ya se reconocen como personas -hombre o mujer- y no sólo como hombres.
Y volviendo al inicio, a lo de ser “libre” hoy, y cómo se hace patente en la vida del masón y en la logia, y por ser operativos, tras la consideración que tenemos de que esa máxima es cuando despojado de todo prejuicio, el masón considera a los demás según sus valores morales y no según su posición social o su fortuna -pero como esto es aún muy especulativo y las cosas hay que llevarlas a pie de obra para ver su aplicabilidad-, podríamos decir que se es “libre” cuando abandonas el prejuicio para considerar una opinión por su valor no por quien la dice, sin darle más valor si la dice un hombre o una mujer, si la dice un maestro o un compañero, si la dice quien suma grados o un recién llegado, recordando aquello que decía el machadiano Juan de Mairena: “la “verdad” es la ”verdad” dígala Agamenón o su porquero”; eres “libre” cuando valoras un idea con independencia de quien la proponga, sea ese hermano o hermana con el que sientes más afinidad o aquel con el que menos sueles coincidir.
Entonces eres “libre”, de lo contrario estás atado a ese prejuicio, a las anteojeras con las que ves sólo en función de quién propone y no de lo que se propone. Entonces eres de “buenas costumbres”, al menos en esa de apartar de ti las barreras mentales que te impiden escuchar lo que se dice en lugar de quién lo dice.
Que esto cuesta. Ya lo sé. Ninguno estamos a salvo de ser “esclavos y de malas costumbres” en alguna ocasión. Lo bueno es que seas consciente de ello y procures no reincidir; que como me decía un hermano muy querido: todos tenemos el derecho a equivocarnos e incluso el deber de equivocarnos, pero si insistes en la equivocación debes hacértelo mirar.
Acuérdate de a quién viste primero el día de tu iniciación al darte la vuelta y verás lo complicado que es. Por ello, eso de llegar a ser “libre y de buenas costumbres” nos suele llevar toda una vida. Y a algunos, dos.


 







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