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La Paleta Y La Llana

La Paleta Y La Llana






A pesar de no pertenecer al ritual, la paleta y la llana se utilizan tan menudo en la conversación en las logias que, de hecho, se ha convertido en un símbolo más. Podíamos tratarlo como un elemento del folklore masónico, entendiendo este termino como expresión espontánea de la cultura del pueblo, en este caso, el pueblo masónico.

Pasar la paleta quizá sea la expresión más común y se emplea cuando se pretende resolver una situación eliminando las asperezas que haya podido surgir entre hermanos.
Material y simbólicamente, paleta y llana son herramientas distintas que sirven para usos distintos. Las dos tienen poco que ver con la cantería aunque es difícil imaginar la caja de herramientas de un albañil sin descubrir en su interior, no una, sino varias paletas de distintos tamaños y utilidades.

Son dos herramientas y, por tanto dos funciones. La paleta como instrumento para repartir el mortero entre los ladrillos o las piedras y la llana como herramienta que permite el alisado de las superficies.

Hoy en día existe una sobrevaloración de la construcción en piedra. Digamos que se tiende a estereotipar la arquitectura popular y se considera que la piedra, como elemento noble, debe ser visible. Esto es una moda que no siempre ha sido así. Es más, se viene contemplando en las últimas décadas una tendencia a la homogeneización normativa, al gusto del visitante, que lejos de valorar los elementos autóctonos, lo que hace es producir un nuevo paisaje arquitectónico.

En los pueblos de España, nuestros ancestros, construían con piedra allí donde la había y solamente cuando estas estaban trabajadas con suficiente calidad se dejaban a la vista. El resto de los paramentos sencillamente se cubrían con mortero y después se encalaban allí en donde abundara este material. Así podemos ver que las piedras angulares o los arcos de entrada a las viviendas se dejaban al aire mientras el resto de la fachada podía ser objeto del trabajo del alarife del pueblo que podía jaharrar o arremolinar la superficie para tapar los poros y convertir el paramento en impermeable por la magia del agua, de la arena, la cal y, claro está, del trabajo.

Simbólicamente tenemos pues también dos usos para la paleta. Al usar este símbolo pretendemos unir dos elementos, es decir dos o más hermanos para que formen parte de un proyecto común o también podemos pensar en el alisamiento de las discrepancias, en extender sobre las desavenencias una capa de tolerancia.

En uno y otro caso hay un elemento que no se contempla que es el mortero, el yeso,…. es decir la argamasa que hace que los elementos se junten, en la primera acepción del símbolo, o que uniformiza los pareceres, en la segunda.

En uno y otro caso es importante tanto la calidad de la argamasa como su espesor. Quienes hayan intentado poner un ladrillo sobre otro o hayan pretendido reedificar una espuenda (*) caída, sabrán lo difícil que es conseguir la unidad en la obra y que cada piedra o cada ladrillo se queden donde deben estar. En el aspecto de las relaciones humanas pasa otro tanto. Demasiada carga de mortero esconde imperfecciones que debería trabajarse con otras herramientas para conseguir un muro bien amaestrado. Dicho de otra manera existen personas que por mucho que nos empeñemos no vamos a conseguir unir y si nos empeñamos en esconder las imperfecciones, puede suceder que, en el espesor del muro, haya más mortero que piedras y antes que después la estabilidad de la obra correrá peligro.

Estamos ante una herramienta de doble filiación que necesita de otro elemento (mortero, yeso, cemento,… argamasa en general), del que no parece haber mucha bibliografía, para su funcionalidad. La cosa se complica si nos fijamos que la argamasa necesita de un recipiente para ser transportado hasta el tajo, pero como dedicarle un trabajo al pozal del albañil es rizar el rizo del simbolismo, vamos a llegar al final de esta digresión sobre la dualidad de la paleta, preguntándonos, cundo somos paleta y cuando argamasa. Cuando como paleta buscamos la unión entre los HH.·. y cuando, como talocha, trabajamos por eliminar las asperezas y ¿porque no?,…. cuándo somos argamasa que le de unidad al trabajo en cada una de nuestras logias y al conjunto de la Federación.

En un trabajo ordenado como es el trabajo masónico, fiel a los ciclos de la naturaleza, debemos estar prestos para desempeñar la función que el ciclo demande. No es más importante el cincel que la plomada,… ni más trascendente la piedra que la argamasa. Un ripio pequeño hábilmente colocado por quien apareja un muro, hace posible que se mantenga en pie la obra. Es la propia naturaleza, con su voz antigua la que reparte papeles,…. Unas veces escuadra y otras nivel. Unas veces como Venerable Maestro y otras Guarda-templo,… unas veces aprendices y a otras maestros.

El éxito de la obra vendrá de la mano de nuestra sinceridad en la filiación al proyecto. Herramientas no faltan. Tendrá que ser la confianza en quien diseña la obra, nuestra identificación con el proyecto que desarrollamos y la firmeza de nuestros propósitos las condiciones para avanzar en la obra inacabable del Templo.

(*) Espuenda: Muro de piedras que protege un talud de tierra.


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