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LA MASONERÍA EN CRISIS PERMANENTE. La crisis de Autoridad.



La Orden francmasónica está en crisis desde mucho antes de la famosa reunión de las cuatro logias en la taberna londinense que dio lugar a la creación de la Gran Logia de Londres. En primer lugar, porque la fecha misma de lo que se ha venido a considerar su “acto inaugural” ignora la existencia de una masonería anterior de cariz escocés que se remontaría al siglo XVII. Mal empezamos pues.



Pero si decimos que la Orden francmasonería se encuentra en crisis permanente es porque ya con anterioridad a la reunión de la Taberna del Ganso, la Orden empezó a entrar en crisis cuando dejó físicamente de construir en lo que se conoce como su fase “operativa” para pasar a su fase “especulativa” cuando la finalidad de la Orden dejó de ser la construcción. En su fase operativa, los constructores ya relacionaban simbólicamente su arte de construcción con la “construcción” interior del individuo, pero sin una metodología determinada. Esta “construcción” interior a que nos referimos es lo que podemos considerar como la Iniciación propiamente dicha y la apertura a un estado de consciencia en el individuo que trasciende su entorno físico, y lo confronta a su relación para con Dios, la naturaleza y consigo mismo.

Esto es lo que se conoce como Iniciación, y la razón también por la que la Institución Masónica se considera una Orden Iniciática, sin bien no siempre entiende lo que realmente es la Iniciación, y menos actualmente, con la diversidad de Obediencias y tendencias masónicas existentes.

Pero si en 1717 se produjo “el acto inaugural”, solo 72 años después se produjo la Revolución francesa, con el abandono y rompimiento de un modelo existente hasta entonces en la sociedad que tuvo inevitables consecuencias en la Orden masónica. La masonería operativa era totalmente cristiana en su origen y orientaba el hombre hacia Dios, y la Revolución quitó esta orientación, poniendo en su lugar al propio hombre. Con ello -dicen algunos- se acercó la masonería al hombre.

Quitado el referente divino, la masonería desde entonces está buscando su sentido y su razón de ser. Con el tiempo se implantaría la “libertad absoluta de consciencia” que a efectos prácticos quiere decir que cada uno puede llenar el vacío que quedó con aquello que mejor le parezca. Con lo cual tenemos que, si desde siempre el ser humano ha buscado encontrar sentido a su existencia, perdido un referente que lo ligaba a su trascendencia, sólo se tiene a sí mismo y la vacuidad materialista le resulta insoportable, ya que tiene que llenar el vacío metafísico quedado dedicándose a ganar dinero, practicar sexo y otros placeres gastronómicos.

Pero nada le basta ni resulta suficiente, y como además le han inculcado que tiene derecho a todo, continúa buscando, pero sin reconocer ninguna autoridad, y todo debe adaptarse y adecuarse a su gusto. Incapaz de darse, el ser humano considera que todo se le debe adaptar, incapaz del menor sacrificio propio, reclama que todo se le adapte. Así, si la religión no le conviene, pues se busca otra que le convenga mejor o si no se modifica que todo debe evolucionar y adaptarse a su “libertad absoluta de consciencia”.
Ello tampoco quiere decir que haya que volver a tomar el cincel y el mazo y volver a picar piedra físicamente, como hemos oído decir en algunos medios masónicos. Este simplismo tampoco es la solución.

Volviendo específicamente al ámbito masónico (tan vinculado por otra parte al propio hombre), tampoco creamos que la divisa mencionada de “libertad absoluta de consciencia”, que concierne a toda la masonería no alineada con la Gran Logia de Unida de Inglaterra, hace que la masonería que se conoce como “Regular” se encuentre en mejor estado que la alineada con el Gran Oriente de Francia o CLIPSAS. El deísmo de la Masonería Regular (por aquí la Gran Logia de España) es solamente teórico y el sentimiento de falta de autoridad es tan extendido como en la otra parte.

Luego ¿qué estamos diciendo? ¿La masonería ya no es iniciática? No, la masonería iniciática existe, y hay ritos masónicos que han desarrollado una metodología iniciática apropiada para desarrollar el camino y proceso iniciático que ha de llevar al ser humano a retomar consciencia de su auténtica naturaleza, la grandeza perdida y lo que hay que hacer para recuperarla. Pero esa Masonería Iniciática es necesariamente minoritaria y nunca puede ser numerosa pues no busca relevancia social.

Esa Masonería Iniciática, de miembros auténticamente comprometidos en hacer el bien, no busca un rápido eco social, y sabe perfectamente que si quiere ser realmente útil a la sociedad de la que forma parte, antes es necesaria una transformación personal (una transfiguración nos atreveríamos a decir, si contemplamos al ser humano ontológicamente); en otros términos: que es imposible querer limpiar la casa del vecino, si antes no hemos sido capaces de limpiar la nuestra propia.

Pero las Obediencias masónicas en general, rehúyen entrar en este debate, porque se han querido abrir tanto al mundo que se han mundanizado, y están acuciadas por la inmediatez del aquí y ahora y son incapaces de pensar más allá; como la propia humanidad. Triste, pero cierto.

La Iniciación, y es preciso no olvidar que la francmasonería es la vía iniciática propia que le queda al mundo occidental, ha estado desde sus comienzos allí, pero posiblemente no cumplirá nuestras expectativas y si queremos hacerla a nuestro gusto nos equivocaremos. Para reconocer la autoridad hace falta primero la humildad de someterse a ella, pero el hombre y la humanidad hace tiempo que no reconoce ni la autoridad de Dios.

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