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EL RITUAL

EL RITUAL

Nicolas Quiles




El Ritual, es una pauta establecida por la tradición y la autoridad del rito o jerarquía ritual, a fin de celebrar fiestas y ceremonias, relacionadas con el rito.


Mucho se ha hablado sobre la Voluntad y se ha dicho que el verdadero trabajo de reacomodo o de restauración es aquel que requiere de la voluntad para ser ejecutado. Verbo y gracia, observemos que la primera herramienta que recibe el masón es el mallete y representa justamente la voluntad, en términos de fuerza; es con el mallete que se desbasta la piedra bruta.


Eliphas Levi, señala en su obra Dogma y Ritual de alta Magia que


“toda intención que no se manifiesta por actos, es una intención vana, y la palabra que los represente, una palabra ociosa. Es la acción la que demuestra la vida y es también la acción la que manifiesta y comprueba la existencia de la voluntad”.


Dicho lo anterior, la ejecución de un ritual, es sin duda un ejercicio de magia y a su vez, la ejecución de tales operaciones es el ejercicio de un poder natural, pero superior a las fuerzas ordinarias de la naturaleza. Se puede decir que, es una exaltación de la voluntad humana por encima de los límites habituales. No en balde Dios nos oculta el Edén tras un velo que solo puede ser apartado a través del ejercicio de la voluntad.


Tratar de explicar la esencia de un ritual a través de la razón es un acto estéril, pues este solo posee algunos atisbos de claridad; como cuando miramos a través de un velo lo que hay del otro lado, pero esto a su vez, es una aceptación de que estamos de este lado y por tanto separados y sin posibilidad de religarnos nuevamente. Sin embargo, el ritual, por ser una estructura armada por la tradición y una recreación del mito, nos religa de manera inconsciente con ese poder mágico oculto en nosotros, de allí la importancia del ritual, pues ha sido y es ejecutado por miles, desde tiempo inmemorial, lo cual potencia aun más el poder mágico de este.


Ahora bien, en el momento en que decimos que el ritual es una pauta, estamos también afirmando que existen unos pasos que, ordenadamente nos llevan al otro lado del velo que se nos presenta enfrente y que nos obstaculiza la visión clara.


Hasta aquí, el ritual es solo una pauta y no tiene mayor efecto, si no es llevado a la práctica; si no es ejecutado. Un ritual fuera del templo no tiene otro valor que el que le puede otorgar la razón limitada por el espacio-tiempo y por tanto profana. Pero si ejecutamos el ritual dentro del templo, convertimos la idea en acción y adicionalmente en acción colectiva, fuera del espacio-tiempo del mundo profano, con lo cual aparece la magia de la voluntad, pues en la incisión espacio temporal, pierde importancia la distancia y el transcurrir del tiempo y nuestra atención se dirige a la repetición correcta de la pauta señalada. Cabe aquí preguntarse si el templo donde se ejecuta realmente el ritual ¿es un lugar físico, o es nuestro propio ser interior?.


Pero, ¿Puede cualquiera ejecutar un ritual?, si así fuera, no tendría sentido el concepto de orden iniciática. La masonería es una orden iniciática; detengámonos un poco en estas palabras, que al parecer dan sentido a pensar en una cualificación para ejecutar la acción. Cualificación esta que se alcanza al ser iniciado, pues la misma iniciación es un ejercicio de voluntad, es una prueba mágica en acción, es el equivalente a superar un primer umbral, es la autorización por vía de la voluntad para ocupar un lugar en logia, en el orden sobre el caos profano.


Por ello, el masón no debe ver el acto de retejo como una desconfianza o como una insolencia frente a la jerarquía, muy por el contrario es un acto de acción colectiva, que por una parte certifica la cualificación y por la otra genera en nosotros mismos la aptitud correcta en la incisión en el espacio-tiempo. Quien reteja permite al retejado, convertir el retejo en acción y por tanto en un acto mágico, que por demás, no puede ejecutarse solo. Así puestas las cosas, se somete la voluntad y se edifica el templo, se cava un calabozo, a la pasión intestina de la prepotencia y el orgullo, de la opulencia y la osadía de siquiera pensar que se es más que un aprendiz en algún momento de la existencia.


Los ingredientes están dispuestos y se hace necesario, colocarlos en orden y en proporción a la acción que nuevamente viene a ser colectiva. Por ello se ocupa un lugar en logia y no otro, por ello se somete la voluntad al orden y se va dejando el caos profano para comenzar a recrear, a volver a crear. No es sino hasta este punto que la cualificación está dada, para el acto mágico que es la tenida, es entonces que puede haber silencio y se puede ser asertivo y convertir en acción, es decir en magia, el final de la frase, “en logia”. Ciertamente se está en logia.


Hasta aquí hemos dicho que el ritual es una pauta, que tiene valor, solo si es ejecutado y convertido en acción, que su finalidad es religar y permitirnos acceder a un orden fuera del caos, que solo puede tener valor real si se ejecuta colectivamente y si se ejecuta por individuos cualificados, vale decir, ordenados.


Ahora vamos un poco más allá. Conviniendo en que convertir la idea en acción es un acto de magia y que a su vez es un acto de sometimiento de la voluntad; las herramientas que se usan durante este acto de magia son en sí mágicas y lo son en tanto y en cuanto, sean producto de la voluntad, entonces se hace lógico pensar que las herramientas del trabajo ritual hechas por el practicante tienen una fuerza adicional expresadas en la voluntad de prepararlas y convertirlas, de una idea en nuestra mente a un objeto tangible. Nuevamente convertimos el concepto en acción, nuevamente se hace magia.


Finalmente, no podemos decir que en el ritual, se expresa por completo lo que un rito es, ni podemos afirmar que lo que no está escrito en el ritual, no es ritual, y esto es por dos razones primordiales, la primera, el ritual es escrito por hombres, susceptibles de lo que los masones llamamos vicios y por tanto susceptibles de errores y la segunda, el ritual está limitado en espacio-tiempo puesto que proviene del caos y no es más que un texto, hasta tanto no es puesto en ejecución y convertido en acción, que es a su vez cuando adquiere el verdadero valor mágico.


Es entonces ritual, lo que el hombre en concordancia con un rito y este a su vez con un mito, ordena a fin de que pueda expresarse y convertirse en acción, el mismo puede ser escrito o no, de hecho, en mucho, lo que hoy son rituales escritos, en algún momento fueron rituales transmitidos de boca a oído. Pero también es cierto que lo que está escrito en el ritual proviene de la jerarquía ritual y que debe ser puesto en práctica tal cual se señala y esto no significa que se esté cayendo en dogmatismos, sino que construimos un orden y por tanto es necesaria la pauta para ello. Por otro lado, el hecho de que el ritual escrito tenga errores, o exprese ciertas pautas, de manera poco clara o que permiten interpretación por parte del practicante, no es de extrañar, porque no es más que una obra humana. En cuanto a si puede o no anexarse o clarificar ciertas cosas en el ritual, debo decir que no sería masónico dar a eso una respuesta radicalmente negativa, puesto que la libertad del masón habla de un libre pensador y por tanto un hombre capaz de participar en la construcción de su propio templo; pero siempre y cuando, esto sea hecho de manera ordenada. No tiene sentido crear caos en el pretendido orden que profesamos, así hay mecanismos claramente especificados por los cuales se puede intervenir el ritual y no el rito, a fin de hacerlo más viable y coherente.


No es la protesta airada y pomposa, esgrimiendo la jerarquía la que va a promover una estricta practica del ritual, si no una propuesta educativa y convincente ante los iguales, pues todos estamos igualmente cualificados, por las razones expuestas con anterioridad. Por ello somos hombres de la columna del medio, pues queremos ser capaces de sentarnos en la misma mesa, aun cuando tengamos visiones diferentes y practicar la tolerancia y la verdadera fraternidad.


Seguir el ritual es importante, pero tratar de comprenderlo, lo es más. De nada sirve hacer el trabajo del loro, que imita el sonido que escucha sin comprender que pasa. De nada sirve obedecer como el perro, que ante la señal del entrenador acciona sin pensar, sin generar ideas que puedan convertirse en actos que crean la magia. La verdadera fuerza del masón esta en el intento de tomar conciencia de lo que pasa y lo rodea. Por ello se ordena, porque ese orden, bajo las condiciones correctas, le permite apartar el velo y ver un poco más allá de lo que ve el profano.

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