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EL PODER Y EL V:.M:. EN LOGIA

EL PODER Y EL V:.M:. EN LOGIA

Nicolás Quiles




El poder puede ser definido como un conjunto de formas de constreñir la acción del ser humano, siendo así lo que permite que esta acción sea posible, al menos en cierta medida. Se puede definir el poder como la capacidad unilateral (real, percibida o posible) de producir cambios significativos, habitualmente sobre las vidas de otras personas, a través de acciones realizadas por uno mismo o por otros. Siendo puramente estructural, que el concepto de poder involucre tanto las características de construcción como de facilitación.


Nótese que en castellano “poder” al igual que en francés “pouvoir”, no solamente es un sustantivo, sino también un verbo leído como “ser capaz de…”. La palabra “power”, en ingles, designa al poder y además a la potencia, lo cual indica una capacidad virtual o potencial. En alemán, la palabra “macht”, tiene raíz etimológica “machen” que significa hacer. Por otro lado, la palabra del mandarín que significa poder, deriva de la forma verbal, cuyo sentido es “ser capaz de…” es “neng” (?) o “nengli” (??), por lo que poder significa literalmente “la fuerza de ser capaz de…”.


Foucault, como Maquiavelo, ve al poder como “una compleja situación estratégica en una determinada sociedad”. Según Pablo Freire, el poder debe alojarse en la cabeza del dominado y llevarlo a considerar como natural lo que desde el nacimiento se le está imponiendo.


En todo caso, el poder puede ser detentado legal o ilegalmente en razón de:




ü La fuerza (violencia o coacción).

ü La persuasión (directa o indirecta, subliminal o moral, incluso la religiosa).

ü La autoridad delegada.

ü La influencia social o la tradición.

ü La clase social.

ü El carisma, personal o colectivo.

ü La pericia o la habilidad (saber hacer).

ü El conocimiento (enseñando o revelando, compartiendo o guardando el secreto).

ü El dinero.

ü Las relaciones de dominación y sumisión.




La legitimidad es la cualidad que tiene el poder cuando es ejercido por derecho divino y por mandato divino. Esta cualidad manada de lo divino, hace que el gobernante conozca con absoluta claridad su misión, siendo poseedor de las virtudes necesarias para el ejercicio de sus tareas, así como dispone de los medios para cumplirlas. Por otro lado, el origen divino del poder garantiza que los gobernados comprenden y sienten, sin duda de ninguna especie, la autoridad sobrehumana de los gobernantes, su justicia inequívoca y su infalibilidad, al par que prestan con entusiasmo su colaboración y obedecen de todo corazón las decisiones emanadas del poder.




Los gobernantes conocen con absoluta claridad su misión porque Dios, al escogerlos, les revela sus designios desde el torbellino de la conciencia iluminada, y, en la actividad cotidiana, les indica por visiones y sueños cual camino tomar en cada encrucijada. Poseen las virtudes necesarias para sus tareas porque la fuente de toda virtud brota en ellos por los canales convenientes en formas de energías y carismas capaces de vigorizarlos para la acción oportuna. Disponen de los medios para cumplir sus tareas porque trabajan para alguien que es dueño de todos los recursos y los provee en la medida en que van siendo requeridos. Esta escrito que, si el Señor no construye la casa, en vano se afanan los obreros.





Los gobernados comprenden y sienten, sin dudas de ninguna especie, la autoridad sobrehumana de los gobernantes; la comprenden por la receptividad de la razón intuitiva para los mensajes de lo divino que la supera y la incluye, y no de manera discursiva; la sienten porque asisten y consienten en su afectividad mandatos aliados a su anhelo; sin duda de ninguna especie, pues no se trata de un cálculo de probabilidades, ni de apuestas en un juego de azar, sino de la manifestación de un instinto de salvación dirigido certeramente hacia la oscura meta. Comprenden y sienten sin dudas de ninguna especie la justicia inequívoca de la autoridad sobrehumana, porque esta no proviene de esquemas, sistemas y criterios discursivamente comprensibles, antes bien es misteriosa, inescrutable, sin orillas para la disidencia o el disentir. Comprende y siente, sin dudas de ninguna especie, la infalibilidad de la autoridad sobrehumana porque lo sobrehumano, en este contexto, se identifica con lo divino que a su vez es concebido como bueno en grado sumo, todo poderoso, eterno y perfecto. Prestan su colaboración, es decir, actúan auténticamente, desde sí mismos, sin compulsión externa, en virtud de una armonía entre lo sagrado y digno del individuo con lo sagrado y digno del sentido supraindividual de la existencia; por ende, al obedecer de todo corazón las decisiones emanadas del poder, se obedecen a sí mismos, coincidiendo la orden superior con el impulso espontaneo y profundo de cada uno.




Cuando el poder es legitimo, su autoridad irradia majestad, honor, belleza en límpida y pulcra respetabilidad con la alegría sosegada de lo sano y firme. Además, no necesita ubicar permanentemente su centro de decisión y comando en un solo individuo o en una familia sola; cualquier hombre puede ser oriente para ese sol y desde cada nueva ubicación, según sople la voluntad de Dios, se articulará en armonía musical la conducta individual y colectiva siguiendo patrones de coherencia sucesiva y diversa, sin conflicto y sin envidia.


En ausencia de Dios ningún poder humano es legítimo, excepto el del sabio, el del hombre divinizado por la ciencia; pero en este caso se trata de una legitimidad secundaria, restringida a círculos pequeños donde la diferencia en nivel de conocimiento confiere autoridad e impone obediencia si logra establecerse una relación de amor y respeto para suprimir la odiosa libertad y la odiosa servidumbre, como ocurre a veces en el círculo de la familia, en el círculo de los maestros y en el gobierno de pequeñas etnias monárquicas. Se forma un cuerpo protegido que tiene a la intemperie sólo la cabeza (recordemos aquí la toga usada por las autoridades académicas). Tal legitimidad intra humana, aunque secundaria e inestable, presenta un parentesco de afinidad y analogía parcial con la primaria y propiamente dicha.





Otra forma de legitimación del poder es la que este se da a sí mismo, puesto que, al afincarse en sí mismo, utiliza la fuerza impositiva, que dura mientras puede imponerse. Esto da como resultante, una sucesión en lucha constante entre los aspirantes. Pero tal lucha y tal sucesión esta signada por la estructura del Estado sobre la cual se manifiesta y de la que tiene su legitimidad.


La estructura del Estado, como sistema de instituciones corroboradas por la duración multi-generacional, ofrece un marco aparentemente legítimante para los cambios superficiales de poder porque es, a su vez, un poder más profundo y más largo que se arraiga en los códigos de la cultura desplegados, afinados y confirmados históricamente a partir de orígenes oscuros en el tiempo, pero aclarables tal vez mediante la exploración de los fundamentos de la condición humana. Así entonces, la estratificación esquemática Gobierno-Estado-Cultura-Condición humana, como método, nos permite ver al discurso explicito de legitimación que acompaña con frecuencia al poder de su ejercicio político como superficial, tanto hace que en muchos casos resulta superfluo, puede obviarse y se obvia, excepto en los círculos obsesionados por la discursividad partidista.



Nietzsche difunde la idea de la “voluntad del poder”, establecida como la dominación de otros humanos y el control sobre el entorno del grupo o personas que ejercen el poder. Por otro lado Alfred Adler coloca la dinámica del poder como núcleo central de sus teorías psicológicas, mientras que Freud coloca la sexualidad como origen del poder.


Mas modernamente, la teoría de la elección racional que es origen de la teoría de juegos, toma los individuos o grupos modelados como actores que eligen de un conjunto de elecciones de posibles acciones, con la finalidad de intentar conseguir el resultado deseado, pone en la palestra dos grandes formas de poder; el poder de resultado, que se expresa como la capacidad de un actor de conseguir o ayudar a conseguir resultados y el poder social o capacidad de un actor de cambiar las estructuras incentivas o de otros actores a fin de conseguir resultados, en otras palabras, es la influencia potencial que un agente de influencia puede ejercer sobre un actor para generar cambios que dirijan las acciones hacia el resultado; ello entendiendo la influencia como un cambio en la cognición, en la actitud, en la conducta o en la emoción de un individuo que se puede atribuir a otro.


Según señala Foucault, “el poder se encuentra en todos los sitios… porque no proviene de ningún sitio”, la disciplina no es más que un bagaje complejo de tecnologías de poder desarrolladas durante siglos, siendo necesariamente que el poder es ejercitado con una determinada intención según el mismo filosofo asegura.




Así vemos como, la expresión A L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:. nos centra en la herencia del poder divino, legitimo per se; acto seguido se invoca el poder legitimado por las estructuras organizativas, cuando decimos “en nombre y bajo los auspicios de …” y se cierra señalando el poder otorgado por los hermanos mismos, cuando se manifiesta “por la voluntad de mis hermanos …”. Estas expresiones en la invocación dejan claramente establecida la legitimidad del ejercicio de poder que el V:.M:. hace en las logias. Poder este que habiendo sido electo democráticamente, pasa a un estatus diferente cuando es legitimado por la estructura y por la divinidad. Es por tanto, claro y correcto decir que quienes se someten al poder deben obediencia al V:.M:., en todo lo referente al ejercicio de sus funciones, mientras tenga esa investidura.


Ahora bien, Sin resistencia, por sutil que esta sea, el poder está ausente ya que, no siendo esencialmente represivo ya que incita, suscita y produce, se ejerce más que se posee, lo que implica dos elementos fundamentales en la relación, uno que ejerce el poder y el otro sobre el que se ejerce el mismo. El primero dedica su esfuerzo a dirigir las acciones del segundo y este, en mayor o menor grado resiste estas acciones, todo lo cual implica relaciones no igualitarias.


Son bases del poder o recursos sobre los que se apoyan los que lo ejercen:


ü El poder Legitimo, o poder de un individuo o grupo que según su posición relativa y obligaciones ejercen una autoridad formal delegada, por aquellos sobre los que el poder mismo se ejerce.

ü El poder de Referencia, o capacidad de ciertos individuos para persuadir o influir sobre otros, basado en el carisma y las habilidades interpersonales de quien lo ejerce, convirtiéndose asi en un referente de los que están sometidos al poder, haciendo que estos actúen como el primero.

ü El poder experto, que deriva de las habilidades o pericias de algunas personas y las necesidades que los sometidos al poder tienen; lo cual lo convierte en un poder usualmente muy especifico y particularmente limitado al área de cualificación del experto.

ü El poder de recompensa que depende de la capacidad del líder de otorgar recompensas materiales o no.

ü El poder de coacción que se basa en la capacidad para imponer castigos por parte de quien lo ostenta; teniendo su efectividad en el miedo que genera sobre quienes se someten al poder, pero genera resentimiento y rencor en estos por el mismo miedo que los mantiene bajo su influencia.




Como apreciamos, el poder posee unos fundamentos claramente definidos, fuentes bien diferenciadas y bases especificas, que siendo discutibles o no son una prueba clara de que es posible hacer análisis del poder desde el punto de vista racional y llegar a comprenderlo casi en su totalidad; sin embargo, hay una inevitable pregunta que aparece en el camino; ¿Por qué la necesidad de que haya un poder entre los hombres?¿Qué causa interior produjo su emanación inicial?. Es evidente que el poder es una herramienta de diferenciación entre los hombres, entonces ¿Por qué, el hombre, se ha empeñado a lo largo de la existencia en diferenciarse de los demás?. Por otro lado, así como el hombre tiene la necesidad de poseer algún nivel de poder, también le es inevitable la necesidad de ser sometido por algún poder, vale decir, que al igual que tiene la necesidad de gobernar, la tiene de ser gobernado.




Hay características asociadas al poder, que nos son extrañamente inevitables, nuestra mente racional, siempre colocará al poderoso por encima del sometido, así pues, un mensaje subliminalmente enviado, es que quien está físicamente más alto que el resto, ostenta más poder y quien se somete baja la cabeza, pareciera haber una relación con la basculación del cráneo en el extremo de la columna y también con la rodilla, pues posarse de rodillas es sinónimo de sometimiento al poder.


La ostentación y el lujo también están asociados al poder, de forma que es propio de quien ostenta el poder, que se adorne con joyas y metales nobles, frente a los que son sometidos al poder, su figura siempre será más ostentosa. Aquí vale la pena acotar que, aun cuando lo anterior es una constante, observamos como los hombres que han ostentado mayor poder, son justamente contrarios a esta norma, vale decir, Jesús de Nazaret, Gandhi, La madre Teresa de Calcuta, son ejemplos claros; lo cual nos indica que esta norma, es exclusivamente cultural y no proviene de la aptitud si no de la actitud, o mejor dicho no es una norma posada en el poderoso, sino mas bien en el que se somete a este.




El símbolo por excelencia del poder es la espada, ya sea real o virtual, para el poder humano y para el poder divino, el símbolo es el báculo o el cetro, y en casos más especifico el martillo o mallete, que se relaciona mas con el poder de la virtud relacionada al objeto, en el caso de la espada, la fuerza, en el caso del báculo, la sabiduría y la santidad o la magia, así como, el mallete corresponde a la justicia (nótese que el V:.M:. tiene dos herramientas. La una, la espada señalando su fuerza y el mallete, representando la justicia y por tanto la equidad), pero más allá de esto, el poder del V:.M:. estriba en la posibilidad cierta que tiene de hacer una densificación simbólica del rayo, expresado en la espada y el sonido manifiesto en el malletazo, o lo que significativamente sería lo mismo que decir que la luz del rayo se transforma en sonido y la articulación de este en palabra, o mejor dicho lenguaje. Es así entonces que, la palabra del V:.M:. tiene su origen simbólico en la luz que se entiende como la sabiduría divina.




Como ya hemos visto, el poder el V:.M:. es de origen divino y por tanto legitimo, más aún legitimado por la elección de sus iguales, para ejercer tal función y apoyada su legitimidad por el reconocimiento de la organización superior y su palabra es la resultante de la densificación simbólica de la onda mas sutil, la luz, que estando en el oriente proviene de la divinidad, por lo que decimos que la voz del V:.M:., en el ejercicio de sus funciones es irreconvenible, pues en ese estado, es de origen divino; muy por el contrario, y pensando en el corpus logial, los obreros del taller tienen la altísima misión, en el ejercicio de sus funciones, de culminar la densificación iniciada por el V:.M:., transformando la palabra en acción, lo que es equivalente a pasar de la idea al objeto tangible. Esto demuestra cómo, simbólicamente el V:.M:. es de hecho, en el ejercicio de su cargo, una manifestación del G:.A:.D:.U:. de donde deriva la importancia de mantener la equidad en el ejercicio de ese alto cargo y no tomar partido, pues como G:.A:.D:.U:. esta por encima de la dualidad propia del mundo manifestado, representada en el pavimento mosaico.

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