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SILENCIO EN LOGIA HH:. MIOS

Gor y flaco silencio

 

A:.L:.G:.D:.G:.A:.D:.U:.

SILENCIO EN LOGIA HH:. MIOS

Para que podamos entender correctamente lo que significa el silencio para el masón, debemos acudir a su definición profana, el silencio es la ausencia total del sonido. También significa abstención de hablar, en el ámbito de la comunicación humana. Y, sin embargo, que no haya sonido alguno no siempre quiere decir que no ocurra comunicación. El silencio ayuda en pausas reflexivas que sirven para tener más claridad de los actos. El silencio es igual de importante que el sonido, porque sin sonido no se podrían hacer silencios. En la música, por ejemplo, sin silencio las canciones serían muy rápidas y no habría tiempo para que respirara quien la está interpretando. Generalmente, el silencio sirve de pausa reflexiva tras una comunicación, para ayudar a valorar el mensaje. Más allá de la simple puntuación, el silencio puede utilizarse con una intención dramática, puesto que el silencio revaloriza los sonidos anteriores y posteriores. Así pues, el silencio puede ser silencio objetivo que implica no hacer ruido y silencio subjetivo es el silencio utilizado con una intención dramática.

Y en verdad, casi todos sabemos hablar pero poco sabemos callar. Por ello, saber callar la lengua y los sentidos es una cualidad ejemplar.

Ahora bien, acercándonos a la masonería, diremos que el silencio resulta ser una virtud a través de la cual se corrigen muchos defectos y se aprende a ser prudente e indulgente con las faltas que se observen, La masonería simboliza el silencio con la Trulla, con la cual se debe extender cuidadosamente una capa sobre los defectos de nuestros semejantes, de la misma forma que lo haría un masón operativo sobre los defectos de una edificación. Igualmente, el silencio tiene muchos otros significados en ritos especiales y grados filosóficos, así como en los procedimientos de reconocimiento. Pero al ser estos misterios a los que no estamos llamados los aprendices, será menester reencontrarlos a través del crecimiento, lento, seguro y firme.

Para el masón, el silencio es y debe ser virtud noblemente apetecida, pues cuando los masones conforman logia, hay una condición ritual fundamental, y ella es el silencio. En el silencio del Taller, en esa comunidad física y espiritual de hermanos, los masones en el misterio del silencio, elevamos, espíritu, mente y cuerpo a la presencia del Eterno, sin dogmas, sin credos, sin divisiones fanáticas. Pues sabemos que en el ritual del grado, en la presencia de la Luz, en el simbolismo del Universo que es el Templo, tenemos contacto con lo trascendente.

A partir del silencio podemos despertar nuestros sentidos, hacer viajes al interior de nuestros pensamientos y reposar en ellos tranquilamente. El silencio inspira al aprendiz a entrar en su espiritualidad, a contemplar la gran obra y a buscar la luz. El silencio esta simbolizado en la llana o paleta que sella los labios del aprendiz dulcemente para que éste lo guarde desde la tranquilidad del afecto y el crecimiento lento y seguro.

El silencio está en búsqueda del equilibrio, para aprender a callar hay que estar consciente de nuestra incapacidad de hacerlo, las palabras son la consecuencia directa de nuestros pensamientos, las mejores palabras son las cortas, las breves, las que no implican más que lo justo y estructurado, el dominio de sí mismos y la más profunda espiritualidad.

En música por ejemplo el silencio es considerado como una nota que no se ejecuta, marca un tiempo, una pausa que generalmente es breve, y se gráfica en el pentagrama en forma de una z, el silencio en la música puede lograr un largo disfrute de lo que precede y lo que viene, pero en el silencio también está implícito el sentimiento del compositor, el nivel de dramatismo que quiere imprimir en su obra, es por esto que el silencio se considera música en sí mismo. El silencio también es un descanso para que los intérpretes se recompongan y renazcan.

Por su funcionalidad, el silencio de los Aprendices debe verse desde la dualidad que tantas veces se presenta a nuestros aún ignorantes ojos. Una primera acepción: como silencio para escucharse a sí mismo, pues aprendiendo a escucharnos, aprenderemos a darle a nuestras palabras el sentido profundo y correcto que una persona cincelada ha de tener. Una segunda acepción: como silencio para escuchar al otro; porque de este modo nos centraremos y nos concentraremos en la escucha reflexiva, y las palabras de nuestros Hermanos no se perderán en nuestras cabezas, sino que serán asimiladas, analizadas e incorporadas a nuestro el conocimiento.

Finalmente queridos hermanos que el alcance de nuestro silencio, como producto de nuestros pensamientos, resulta clave en la construcción de nuestro templo, a través del pulimento de la Piedra bruta; es mejor callar, hasta que aprendamos la importancia de utilizar la palabra de una forma consciente y sabia; es mejor no decir nada. Es mejor callar cuando no estemos preparados para aceptar nuestra misión; es mejor callar, cuando se empieza a caminar por senderos desconocidos.

Para aprender a callar, hay que ser consciente de nuestras flaquezas, ¿por qué, qué difícil aún resulta a veces permanecer callado, para encontrar nuestro silencio interior? De esa dificultad devienen, sí observáis con cuidado la mayoría de los vicios del ser humano; pues la palabra no oportuna precede a los problemas. La mejor palabra es la corta y breve, la adecuada, la que transmite la verdad; la que se dirige al bien. Aprender a hablar poco, lo justo y suficiente, significa en el masón en general, no sólo en el aprendiz, la fuerza de voluntad, el carácter templado, el dominio de sí mismo, la elevación de su espíritu.


  • Cada persona es dueña de su silencio y esclavo de su palabra. (Proverbio español)

  • Con la palabra, el hombre supera a los animales, pero con el silencio se supera a sí mismo. (Paul Masson)

  • Cuando hables, procura que tus palabras sean mejores que el silencio. (Proverbio indio, de la India)

  • Del árbol del silencio pende el fruto de la seguridad. (Proverbio árabe)



  • Más vale permanecer callado y que sospechen tu necedad, que hablar y quitarles toda duda de ello. (Abraham Lincoln)

  • Me arrepiento muchas veces de haber hablado, nunca de haber callado. (Publio Siro)

  • Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para aprender a callar. (Ernest Hemingway)

  • Soy tan partidario de la disciplina del silencio, que podría hablar horas enteras sobre ella. (George Bernard Shaw)


 

 

R:.H:. CARLOS REINA GONZALES                                                                                                                           

                   2do. Vig:.                                                                                                                            :.L:.S:. LUIS HEYSEN INCHAUSTEGUI N°3                                    

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