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La Cantera






En la cantera los trabajos siguen su curso, cada cual está desempeñando su trabajo según el plan establecido y yo me permito hacer un breve receso y levantar la vista. Miro hacia la columna del Sur y veo a Maestros y Compañeros en sus quehaceres propios de sus respectivos grados y obligaciones.Debaten, intercambian impresiones y cómo no, orientan a los aprendices que pudieran necesitarlo, es el día a día de la cantera.


Miro ahora a la columna del Norte y a quienes la componen. Está nutrida de los aprendices que cómo no también están inmersos en sus tareas y sin saber muy bien por qué me fijo en tí. Te veo absorto trabajando en silencio en el desbaste de la piedra bruta, recién arrancada de la tierra, intentando con tu todavía rudimentaria técnica darle forma, limpiarla de impurezas provisto de tu mallete, de tu cincel, de tu tesón e ilusiones por aprender. Miro tus manos y veo ya alguna herida en ellas, fruto de algún golpe errado y cierta expresión en la cara de frustración. Estás ahí,participando de la construcción del templo estrechamente supervisado por tu vigilante y consignado al silencio, sin poder dar tu opinión aún sabiendo que ésta podría ser de utilidad a la obra que llevamos a cabo y para colmo esas magulladuras en las manos. Lo siento mi querido aprendiz, mi Hermano, pero no puedo evitar dibujar en mi cara una leve sonrisa. No es una sonrisa de mofa, es de ternura. Yo también veo en mis manos algunas de mis cicatrices. ¡ Cuántos golpes de mallete no habrán ido a mis manos en vez de al cincel ! Y me doy cuenta de que gracias a esos golpes errados aprendí a darlos certeros pero no creas, si te fijas bien verás en las manos de todos los compañeros y de todos los maestros magulladuras varias, cicatrices de cortes … Van con el oficio que has escogido libremente y de ellas no se libra nadie, te lo aseguro.


Quizás pienses que ese silencio impuesto es a modo de castigo para hacerte sumiso, nada más lejos de la realidad. Lo cierto es, querid/a Hermano/a Aprendiz que el silencio que se te otorga es un regalo. Es el silencio el que te permitirá concentrarte en tu trabajo, en cierto modo, el silencio es al Masón lo que el agua a los herreros. Es el agua la que sabiamente aplicada al acero candente otorga el temple justo y necesario. Si el temple es duro, el cincel que obtendremos será muy cortante pero se partirá con facilidad y si es muy blando, la herramienta no cortará. A través del silencio y de su buen manejo el Masón templa su carácter. No lo desdeñes, te aseguro que llegará un momento en el que añores la imposición que hoy crees padecer y aunque es un poco pronto para tí, déjame decirte algo: Los mejores planos son los que se trazan en silencio.


Quizás, viendo a los maestros y compañeros enfrascados en sus labores pienses que estás en la logia relegado a un segundo plano, desempeñando una función ingrata desbastando la piedra bruta.Permíteme que te diga que si piensas eso estás totalmente equivocado. Te voy a contar un secreto: eres lo más preciado de la logia ¿Sabes por qué? Porque ERES EL FUTURO.Serás el encargado de continuar esta obra que a todas luces nosotros no veremos concluir.Serás el encargado de transmitir todo aquello que otros te han legado mas todo aquello que tú hayas cosechado.


Tal vez te maravilles al ver los trabajos de algunos maestros y de algunos compañeros por su brillantez y dominio del Arte Real. Tal vez pienses que tu trabajo silencioso es menos apreciado. Nada más lejos de la realidad, cada uno de nosotros es necesario del mismo modo que todas las piedras lo son.Las habrá más duras y menos vistosas pero son fundamentales para una buena cimentación así como lo son las delicadas formas pétreas que decoran los capiteles. Así pasa con todos y cada uno de los obreros, tan importante es el maestro constructor que realiza los planos como el joven aprendiz que con su juventud, ilusión y ganas asiste a sus hermanos arrimando un trago de agua fresca .


Tu trabajo es muy importante, has de habituarte al manejo de las herramientas que te han sido encomendadas tal como hicimos quienes te precedimos, has de habituarte al modo de trabajar que tenemos a fin de que la buena marcha de la obra siga su curso y sobre todo trabaja sobre tu piedra, a tu ritmo.Ahora mismo no ha de haber nada más importante para tí ni para el resto de nosotros que la piedra que aportes esté bien trabajada. Se que no es un trabajo fácil y se que si realmente estás implicado en dicho trabajo tampoco es un trabajo grato o agradable pero te aseguro que si finalmente, con perseverancia, templanza y paciencia consigues tu objetivo, la satisfacción que esto te brindará será el mayor salario que puedas recibir.


Estoy muy feliz de verte trabajando con nosotros joven aprendiz y lo estoy porque contigo y tu buen hacer está asegurada la continuidad de la obra , estoy muy feliz porque has asumido la gran responsabilidad de enseñar mañana todo lo que hoy aprendes y ese mañana está más cerca de lo que pudieras pensar. Me sentiré muy honrado si en algo, por poco que sea, he podido contribuir. En cierto modo, eso nos hace inmortales.


Pasará el tiempo, mejorarás tu técnica, doblarás la babeta de tu blanco mandil, incluso cambiarás a otros más floridos pero no olvides nunca lo que te trajo a esta obra y nunca cometas el error de pensar que todo lo aprendiste porque mi querido Hermano, mi querida Hermana.En este extraño y no poco complicado deambular por la obra de nuestra vida siempre se es Aprendiz.




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