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LOS CONSTRUCTORES DE CATEDRALES


Xavier Casinos

 

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El verdadero e históricamente probado origen de la masonería son los gremios medievales de constructores de catedrales. Mason, en inglés, y maçon, en francés, significan «albañil». Los masones medievales eran, pues, albañiles, trabajadores altamente cualificados que tallaban piedras y construían edificios por encargo de reyes, nobles o la Iglesia, que eran los únicos que podían costear edificaciones de piedra. A causa de esto, los masones gozaban de privilegios que no tenían otros artesanos, como la libertad o franquicia de trasladarse de un lugar a otro para realizar su trabajo. Por eso se les llamaba también francmasones.


Construir una catedral, un castillo o una abadía requería mucha mano de obra, tanto especializada como no. Y, por supuesto, organización. Ello obligaba a una jerarquizada y disciplinada distribución de los trabajos por categoría de especialización. Estaban los maestros de obra, los oficiales o compañeros y los aprendices. Junto a la obra había una choza llamada lodge («alojamiento» en inglés, y de la que procede la palabra logia con el significado de «agrupación de masones»), donde se guardaban las herramientas y tenían lugar las reuniones de trabajo.


También disponían de un código de obligaciones morales. Así, el masón debía creer en Dios y la doctrina de la Iglesia y rechazar las herejías. También debían respetar la soberanía del rey y obedecer sus leyes. Los aprendices debían respetar a sus maestros, no podían traicionar sus secretos. Tampoco podían seducir a su mujer, hija o ama de llaves, ni discutir nunca ni desobedecer a su maestro u otro masón. Tampoco debían cometer adulterio, frecuentar burdeles, ni salir después de las ocho de la noche.


Para proteger el oficio de intrusiones y mantener los privilegios del gremio, los masones controlaban férreamente el acceso a la profesión. Así, los aspirantes a masón debían iniciar un largo aprendizaje a través del cual les eran facilitados los conocimientos de la talla de piedra y de construcción necesarios para llegar a ser maestros. La protección era incluso interna. A los maestros, al alcanzar esta categoría, se les enseñaba unos signos secretos mediante los que reconocer a otros maestros. Esto impedía, por ejemplo, que un oficial o compañero diestro pudiera hacerse pasar por maestro en otra obra.

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