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MOCIÓN PRESENTADA POR EL R:.H:. ALAIN FUMAZ EN CIMAS 2017: Una mirada dentro de la Masonería

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En la actualidad la masonería en su conjunto se ve como una torre de Babel (lo cual es consistente con su simbolismo), en la que los masones hablan el mismo idioma, pero no siempre se  reconocen como tal.

La dispersión es asumida y sin embargo todos estamos hablando del Centro de la Unión, la hermandad, la tolerancia y el universalismo. ¡Qué paradoja!

En efecto, ¿qué pensar del paisaje masónico Mundial donde encontramos: los conservadores, los tradicionalistas, los modernistas, los desviacionistas, los regulares, los irregulares, los verdaderos, los falsos, los buenos, los malos, los culpables, los no culpables, los perdonables, los no perdonables, los convertidos, los salvajes, etc. ... La lista no es sin duda exhaustiva, sobre todo porque se debe añadir las distintas corrientes y tendencias, lo que complica aún más el rompecabezas muy fraterno.

¿Dónde están las grandes ideas emancipadoras de este siglo XVIII? ¿Dónde está el espíritu de Anderson o John Tolland? ¿Dónde está este ideal unificador de origen, que subordina todas las características humanas, nacionales, religiosas y filosóficas en las nobles ideas de la tolerancia, la libertad de conciencia y fraternidad.

¿Dónde se encuentra esta comunicación, esta escucha basada en la tolerancia, la hermandad, el Universalismo, y todo lo que  pretendía evitar peleas y clanes?

Es hora de dejar los metales fuera del Templo, y esto en todos los niveles para centrarse en escuchar y dialogar fuera de los objetivos o intereses personales, que son más del mundo profano que de las ideas generosas de la verdadera masonería. El Humanismo nos debe guiar, dejemos a las iglesias sus vocaciones, a los teólogos sus exégesis, a cada uno su parroquia o su Logia o las dos, pero no mezclamos, se ahorrará una gran cantidad de ambigüedad y de irracionalidad. Dejemos a las iglesias sus fieles y a la masonería sus seguidores, pero los unos no tienen supremacía sobre los otros y viceversa, son complementarios y no antagónicos, y deberían entenderlo. La auténtica masonería es ni una religión ni un sustituto de la religión, no tiene credo o revelación propia, ni dogma o jefe espiritual. Su ideal sería que cada uno de sus miembros, a través de su iniciación, viva con mayor intensidad, o su religión o su investigación personal, o ambas cosas, pero hay que dejar a todos el libre albedrío.

Del mismo modo, los Ritos en masonería son las herencias del pasado y nos deben unir, no dividirnos, los rituales solo tienen valor si los hombres y mujeres saben cómo hacerlos vivir, pero especialmente utilizarlos de manera inteligente. Los Ritos son los soportes de un método, no un fin en sí mismos, recordemos que el ritual esta hecho por los hombres y para los hombres y que son los hombres que hacen los masones. Así que nuestros rituales siguen siendo la columna vertebral esencial que soporta la estructura de nuestra identidad, una marca del pasado permitiendo vivir mejor el presente para ir hacia el futuro, en la combinación de espiritualidad y racionalidad, en el respeto de la libertad de pensamiento.

Un pensamiento libre es un pensamiento que está siempre disponible, siempre abierto a revisiones, en investigación, en nuevas adquisiciones, que por lo tanto no condena ninguna manera de acercarse, que no rechaza nada a priori, que analiza todos los modos de pensamiento, que no se encierra en ningún sistema para descubrir la parte de verdad que cada uno pueda tener. El pensamiento está al servicio del ser humano, sabiendo que lo humano puede tomar mil formas cambiantes según los diferentes lugares, tiempos, costumbres, formas de vida.

No hay un monopolio en masonería, porque es en la diversidad y la pluralidad, sin excepciones, que nuestro ideal masónico puede expresarse plenamente.

Es tiempo de sobreponerse para alcanzar un estado de cooperación y CIMAS es una forma de llegar a este punto. Nuestra búsqueda iniciática - que puede ser de cualquier forma que se tome desde el momento en que se respete el principio de la libertad y la democracia - es tratar de hacer que el masón sea aún más digno, libre y responsable de sus actos, capaz de distinguir entre el bien y el mal en la total libertad de conciencia, la expresión completa de la verdadera libertad, ¿no era éste el espíritu de Anderson?

Nuestras Tenidas deben ser un espacio de diálogo e intercambio razonado, favorecido por la pertenencia a la masonería en general, sin ostracismo de Obediencias o peleas de ritos. No hay Obediencias grandes o pequeñas: hay masones. ¿Con qué derecho uno puede decir que el otro no es masón? ¿Dónde esta la Patente firmada por el Divino de los que se pretenden regulares? Para que los hombres se comprendan deben encontrarse, y esta realidad requiere el conocimiento de los hombres. Es en el pluralismo sin exclusivismos, en el respeto y la apertura a los demás que  acercaremos lo disperso.

La Logia debe ser parte de ese espíritu y guiar nuestra investigación, como una persona libre y responsable, en el total respeto de  las opiniones personales y fuera de los intereses políticos o individuales. Es en este pensamiento que reivindico mi pertenencia a la masonería, en la riqueza de nuestras diferencias, con mi espíritu de crítica y de examen libre.

Porque en esta búsqueda de la libertad, de armonía, de sabiduría y de autonomía interior, la francmasonería no tiene guía espiritual, sino que es una búsqueda de espiritualidad racional, cuya exigencia es el humanismo, que debe movilizar los arranques del corazón y la fuerza del espíritu. La institución masónica, por su fuerza  de trabajo, por los valores defendidos y por el compromiso moral libremente consentido por sus miembros, representa una potencia ética.

Nuestras Obediencias tienen un papel esencial que hay que jugar en la expresión de una espiritualidad nueva, que consiste en despertar a su ser interior para vivir en el diario sus convicciones, cuya expresión es la escucha del otro, la tolerancia, permitiendo progresar entre lo racional y lo espiritual.

La francmasonería responde a necesidades inscritas en el corazón del hombre, trascendiendo las divisiones confesionales y religiosas, sin reivindicar por eso un rol supra religioso y unificador de todos los Universalizamos.

La confianza en el hombre y en su razón, que proponen los masones, los lleva a creer en su perfectibilidad y en la de las sociedades. El francmasón, arquitecto de su propia espiritualidad, con la ayuda del método simbólico, se da una visión nueva, que consiste en despertar a su ser interior para vivir a diario sus convicciones. Así frente a un mundo con sus misterios y sus incomprensiones, el francmasón por la alianza del corazón y del espíritu, a través de la espiritualidad que es elevación del ser interior, concurre a la concordia universal en vista a una mejor humanidad.

Nuestra época está marcada por tal laxismo de los valores, que la presentación de las exigencias morales bajo la forma de deber aparece, muy a menudo, como difícil. Nuestro espíritu naturalmente nos guía hacia la satisfacción de nuestras necesidades, nos orienta, demasiado a menudo, hacia la búsqueda de nuestro solo interés.

Sin embargo, frente a los males que nos asaltan por todos lados, hay una dimensión fundamental, que es capaz de trastornar sus bases: los sistemas que estructuran el conjunto de la humanidad, y liberan la existencia humana individual. Esta dimensión fundamental es el hombre, el hombre en su totalidad, el hombre que vive simultáneamente en el ámbito de los valores materiales y en el de los valores espirituales. Siempre habrá que tener cuidado con las tentaciones de la simplificación. En su complejidad humana nunca puede ser reducido a una simple idea.

Frente a esta realidad misteriosa que somos, todos y cada uno, la razón es a menudo ciega. Nuestro corazón puede sin embargo presentirlo. Los discursos, promesas, serían en vano si, en tales materias, no pudiéramos encontrarnos e incluso ayudarnos si queremos ir al final de lo que somos y si queremos llegar a ser hombres dignos del nombre y de la  humanidad que llevamos.

La humanidad está en nosotros como una posibilidad, como un ideal a cumplir para llevar a cabo lo que tenemos, así como para ser dignos de lo que somos, pero también como la regla, como la norma interior que no puede mentir y que nos juzgará. El hombre debe ser la síntesis permanente y progresiva de la vida y del pensamiento. No puede escapar de sí mismo. Es, a la vez, su límite y su grandeza, su fragilidad y su dignidad.

El Masón es especialmente invitado a reflexionar sobre sí mismo, para entender quién es, por supuesto, no estar encerrado en el pequeño círculo de una suficiencia ilusoria, sino para dar a su vida, a su inteligencia y su libertad las bases sin las cuales nada hermoso, nada sólido, nada útil  nunca será construido. ¿Cómo de hecho, podemos acabarnos, si permanecemos ciegos e ignorantes de nuestras bases y nuestros principios, que sin embargo nos gusta repetir.

Más que nunca se requiere el "conócete a ti mismo". Hay que encontrarse para avanzar. Sólo cuando se haya establecido la auto-conciencia, se podrá considerar la conciencia del otro, y podrá estar en el camino que no sólo es el del pensamiento, sino del corazón. No hay persona posible y autenticidad de la persona más que en la apertura al otro, y en el compromiso para el otro. El humanismo personalista es esencialmente comunitario.

Entonces, ¿qué comunidad humana desear y crear que sea a la vez digna de la persona, respetuosa de su trascendencia, como portador de su realización progresiva? La Masonería puede ser una respuesta.

A lo largo de la historia, la relación del hombre y la sociedad han tomado a menudo la forma de un conflicto violento. Las realizaciones concretas no siempre han estado a favor de la persona. No solamente las "democracias son mortales", sino que son raras.

Como  ser humano vivo el hombre es parte de un todo, como persona es único. Los individuos pueden contarse y añadirse, las personas ciertamente no. La sociedad es para el hombre y no el hombre para la sociedad. Esta afirmación tiene el valor y la dignidad del dogma. Si uno cree en el hombre, entonces cualquier sociedad es para él, y nunca al revés. Frente a esto el Francmasón mismo  debe estar siempre, allí dónde debe escogerse, quererse, reunirse también al término de una búsqueda larga y generosa, de un largo camino, a través del cual, poco a poco, va a triunfar sobre todos los determinismos, en el objetivo de entrar en la tierra prometida de su verdadera humanidad. Sin duda, se necesitará una gran cantidad de sabiduría, paciencia y humildad, mucho tiempo, incluso toda una vida para llegar al fondo de nosotros mismos. Este "dentro" está en nosotros como una fuente misteriosa, que nace de las entrañas del ser y se abre al encuentro. Es el otro, de hecho, que me despierta y llama a mi verdadera humanidad, y me revela adónde estoy y lo que soy. Para existir el "yo" necesita un "Tu", otro "yo" que le ofrece por su presencia, su complementariedad, su atención, su amor.

¡Cómo podría cambiar el mundo, si cada hombre pudiera adquirir un poco más de humanidad, un poco de interioridad! ¡Cuántas falsas riquezas podrían caer! ¡Cuántas ambiciones parecerían vanas! Habría, sin duda, menos ruido y más silencio, menos idolatría por la apariencia, y más respeto por los valores del corazón. Las máscaras podrían caer, y nuestras verdades profundas florecer más fácilmente!

Nacer a su interioridad, a su humanidad es nacer finalmente a la libertad. También está en nosotros como una posibilidad, una llamada, un requisito, una conquista y nunca como una posesión segura. Nuestra presencia aquí es el testimonio.

El Masón debe tener la esperanza de un nuevo mundo. Esta esperanza está hecha de su creencia  de que este mundo es posible. Esto Implica una actitud positiva ante la vida, el factor principal es la fe en el hombre y en su visión que dice que por naturaleza los seres humanos pueden cambiar y adaptarse a los objetivos más específicos, que  sus meros intereses egoístas. El hombre es siempre el autor de si mismo. No es fijo. Esto inscribe esperanza y perspectivas de evolución.

Esta esperanza es humanista y encuentra su existencia en la relación humana. Se construye en la fragilidad de nuestras vidas, con nuestros intentos, nuestras dudas, nuestras debilidades, como un poco de luz en la noche, como una especie de confianza que se está buscando.

La confianza en el hombre y su razón que proponen los masones les lleva a creer en la perfectibilidad de las sociedades. El masón es arquitecto de su propia espiritualidad, utilizando el método simbólico se da una visión general, con el enlace permanente entre la inteligencia y la libertad de su crítica y objetivo, lleno de tolerancia y apertura a los otros. Así frente a un mundo con sus misterios y malentendidos, el Masón por la alianza del corazón y de la mente, a través de la espiritualidad que es la elevación del ser interior, contribuye a la concordia universal para una humanidad mejor. El propósito de la masonería es "reunir lo disperso," es hora de que las Obediencias conservadoras se inspiren. De hecho, enriquecerían sus diferencias construyendo puentes, y no muros en el verdadero espíritu de lo que sería la masonería.

Sí, la luz debe venir de los que piensan, de los que saben y los que quieren un mundo mejor para sus semejantes. Cabe a nosotros el humanismo de resistencia, la obligación hecha de solidaridad entre todos, los valores de equidad. Cabe a nosotros mostrar una cara diferente, la de la razón, de la visión, de la construcción, la de los idealistas que trabajan desde hace siglos en el mejoramiento del hombre y de la sociedad.

El trabajo aún no ha terminado: la construcción del gran Templo, es decir, una sociedad más justa y solidaria, tomará mucho tiempo. Al igual que sus predecesores, el masón moderno trabaja para construir el edificio. Estamos aquí para continuar el proyecto en el espíritu que animó a nuestros antiguos Hermanos de 1723, que tenían la única "verdadera regularidad", lo que nos da toda nuestra legitimidad.

Mis Hermanas y Hermanos seamos masones; éste es posiblemente el momento de edificar una mundo nuevo conforme a nuestro ideal..…

Un día el universalismo será la humanidad.

R:.H:.Alain Fumaz

Garante de Paz y Amistad del GODF con America Latina

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