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La Iniciación

Pocas veces tenemos la oportunidad de presentar trabajos verdaderamente originales sobre un tema tan complejo como la Iniciación. Habitualmente escribimos sobre lo ya escrito o nos ajustamos a parámetros generales que nos aseguren no perturbar el espíritu -de por sí perturbado- de la francmasonería. Es por ello que me llamó la atención este trabajo de nuestro Querido Hermano, el conde Pascal Gambirasio d’Asseux, autor de numerosas obras dedicadas a la senda espiritual propia de la caballería, la heráldica (o ciencia del blasón), y de la iniciación masónica como un camino interior y de encuentro con Dios. Hay un valor agregado al trabajo, de por sí valioso de Gambirasio, y es la introducción que escribe mi Querido Hermano y amigo Ramón Martí Blanco, Gran Prior Emérito del Gran Priorato de Hispania, quien hace una introducción al trabajo de Gambirasio que nos permite aproximarnos a los acontecimientos masónicos -y políticos- que marcaron los inicios del Régimen Escocés Rectificado en España en los años 90. De modo que no sólo se trata de un trabajo para la reflexión sino de la visión histórica, veinte años después, de acontecimientos importantes para la masonería de corte caballeresco en la Península Ibérica. Cabe señalar que Martí Blanco es el traductor de una de las obras fundamentales de Pascal Gambirasio, La Voie du Blason - Lecture spirituelle des armoiries, que a todos nos gustaría ver publicada en la lengua de Cervantes. 


Como es habitual en este blog, no se trata de una lectura sencilla ni mucho menos conformista, de modo que invitamos al lector a serenar el espíritu y disfrutar de una magnífica plancha. 






LA INICIACIÓN



Hace pocos días, haciendo limpieza del que hasta ahora había sido mi despacho profesional, el cual tengo que dejar llegada la edad de la jubilación, me encontré enfrentado a una inevitable montaña de papeles y documentos. A lo largo de todos estos años, se han ido acumulando archivos profesionales, pero también archivos relativos a asuntos de la Orden a la que continúo vinculado y que me tocó dirigir durante veinte años.


He tirado muchos papeles que no tenían ningún valor, como demuestra el hecho de haber estado allí sin que en todo este tiempo haya necesitado, ni tan siquiera consultarlos. Pero también se han salvado otros que parecían olvidados, y que al revisarlos, han revelado que forman parte de nuestra historia y de la historia de la existencia del Régimen Escocés Rectificado en España, mucho antes de la existencia del GRAN PRIORATO DE HISPANIA.


Entre ellos, también he encontrado artículos y trabajos de distintos Hermanos de aquí y de allí, y en particular ha llamado mi atención uno que he seleccionado de un Querido Hermano francés, que ha venido a recordarme una etapa de mi vida en que por razones profesionales, me veía obligado a efectuar estancias en París, al menos una vez al mes.


Recuerdo que transcurrían los años siguientes a las Olimpiadas de 1992 que se celebraron en Barcelona. Eran tiempos difíciles (en realidad, siempre lo han sido…) para el R.E.R. en España, ya que en 1993 acababa de constituirse a partir de y a través de la Gran Logia de España, el Gran Priorato de España K.T. Para la Gran Logia de España, ello significaba poder tener y controlar una Orden de caballería Templaria, al margen de la situación habida hasta entonces en que debían pasar –les gustara o no- a través del Gran Priorato de las Galias, que tenía una Orden de caballería, pero distinta y aunque aparentemente todo era caballería, en realidad era la Orden de los Caballeros Bienhechores de la Ciudad Santa, afecta al Régimen Escocés Rectificado.


Como consecuencia de todo ello, la estructura del R.E.R. existente (a nivel de Orden Interior, las Prefecturas de Zaragoza y Barcelona con sus correspondientes Encomiendas) pasaba a integrarse dentro del nuevo organismo creado por la masonería inglesa anglosajona, presidido por el Gran Priorato para Inglaterra y Gales de los K.T. Dicha estructura quedó integrada en un Priorato (que se sitúa por debajo de un Gran Priorato) que tomó el nombre de la antigua Provincia de la Orden del Temple en estos territorios: Aragón, e instalándome a mí como máximo responsable para el R.E.R. en nuestro país. A la práctica para nosotros era como si la “madre” hubiera marchado de casa dejándonos “huérfanos”, solo que no había marchado voluntariamente sino forzada por las circunstancias, sintiendo de algún modo que se había roto el “cordón umbilical” que nos unía a ella, y viéndonos forzados a madurar de golpe al tener que asumir de improviso nuestro destino.


En estas circunstancias, mis viajes profesionales a París se revelaron providenciales pues permitían continuar manteniendo un contacto y continuar “nutriéndonos” a partir de unos trabajos (en forma de Planchas) que daban un sentido y una explicación a un Rito Escocés Rectificado, que por su bisoñez y falta de experiencia, no contaba con nadie con experiencia suficiente sobre el particular en base al que poder inspirarse y diera luz a tantas y tantas dudas que aparecían en su práctica cotidiana, así como a muchas preguntas surgidas de la reflexión en profundidad de los contenidos y las distintas Instrucciones presentes en los rituales de cada grado.


Buscando esa referencia tan necesaria para nosotros, encontré la Logia de mi Querido Hermano y amigo, Daniel Fontaine, a la sazón Gran Maestro del G.P.D.G. La logia se llamaba “Amitié et Bienfaisance” y aglutinaba a lo bueno y mejor del R.E.R. en Francia. De hecho, los máximos dirigentes del G.P.D.G. –comenzando por su Gran Maestro/Gran Prior- formaban parte de ella, y se concentraba en la misma el gobierno de la Orden, lo que les permitía una mayor eficacia en la gestión y toma de decisiones. Cuando llegué por allí de la mano de Fontaine, el que hacia las funciones de Venerable Maestro es el actual Gran Maestro del G.P.D.G. y en una de las Tenidas a las que asistí, iniciaron a Dominique Vergnole, uno de los actuales Grandes Dirigentes y miembro actual del Consejo de Gobierno del G.P.D.G.


Está claro que dicha Logia era la más influyente para el R.E.R. en Francia, y sus trabajos, fuente de inspiración para todos, y también –claro está- para nosotros. Allí conocí a Pascal Gambirasio d’Asseux que llegaría a ser Rey de Armas del G.P.D.G. y según ellos mismos han reconocido, el mejor Rey de Armas que nunca han tenido. Es autor de diversos libros sobre heráldica, y en particular de uno que yo mismo traduje y que en el G.P.D.H. utilizamos como “libro de cabecera” para la formación de nuestros Escuderos Novicios de la Orden Interior, que se preparan en el conocimiento del Noble Arte, para llegado su día ser Armados Caballeros. Gambirasio es de los heraldistas que ha sabido darle a la lectura de las Armas, una dimensión espiritual que va más allá del buen conocimiento formal del arte del blasonamiento, a que se limitan la mayoría de heraldistas, salvo honrosas excepciones como es el caso de Gérard de Sorval. La heráldica es un lenguaje que se refiere al hombre y a su gesta en el mundo, y a diferencia de la mayoría de heraldistas, estos dos –pero Gambirasio especialmente-, contemplan al ser humano también en su aspecto espiritual, aspecto que conviene e interesa a aquellos que como nosotros estamos comprometidos en la gesta de la iniciación, siendo la iniciación caballeresca una modalidad, dentro de la iniciación cristiana.


Porque es sobre la INICIACIÓN que trata Pascal Gambirasio en su artículo que aquí estamos comentando. Pocos autores conozco que hayan tenido la valentía de abordar este tema tan abiertamente, desde la perspectiva cristiana. En relación a la iniciación se han escrito muchas cosas y he oído muchas tonterías, en particular de “esoteristas” de medio pelo que “pintan” una iniciación que quedaría reservada a los poseedores de la “verdad” quedando el resto de mortales como una serie de memos y crédulos.


El cuadro que nos pinta Gambirasio es mucho menos ambicioso y mucho más humilde, pero revistiéndolo a la vez de una grandeza solo comparable al objeto de su visión de la iniciación. Para comenzar, sitúa la iniciación en el marco referencial del Evangelio de Cristo, diciéndonos que ninguna iniciación puede estar al margen o por encima del mismo, lo que ayuda a situarse y no perderse.


Los ejemplos que utiliza, sus alusiones y sus referencias son el Evangelio [“el Evangelio es la Ley del Masón” dice nuestra Regla Masónica Rectificada], los Padres de la Iglesia y los rituales Rectificados. Cita sin ruborizarse y en diversas ocasiones la exhortación apostólica del Papa Juan Pablo II “Vita Consecrata” de 1996, poniendo de manifiesto su condición de masón católico Romano de manera desacomplejada, en un momento [y hoy todavía más] en que en el ámbito masónico cristiano, reconocerse católico quedaba mal visto, ya que los masones que aceptaban los orígenes cristianos de la masonería tradicional [que algunos descubrieron gracias a René Guénon], y se acercaban de nuevo a la tradición cristiana, veían admisible apuntarse a cualquier confesión cristiana, excepto la católica que se consideraba menos renovada y más degradada. En realidad, reflejos de la “modernidad”.


Sin embargo, Gambirasio conoce por supuesto a Guénon, y lo menciona [por su nombre o mediante sus planteamientos] en un par o tres de ocasiones, pero sus alusiones son inevitables ante un foro que no hubiera entendido que no se mencionara al autor que en el siglo XX empezó a hablarnos de la noción de tradición asociándola a la de religión. Con René Guénon se puede estar de acuerdo o no, siendo difícil para un cristiano creyente en la Revelación, aceptar una religión primordial [al menos como él la explica] de la que se derivarían todas las demás, señalando un ranking de degradación de cada una de estas religiones en relación a la primordial, quedando el catolicismo naturalmente a la cola. De ahí que Pascal Gambirasio considere lógicamente a Guénon, pero ponga por delante y en primer lugar a Cristo.


Menciona –aunque sea muy de pasada- a Louis-Claude de Saint-Martin, pero para nada a Martinès de Pasqually y por supuesto, ignora sus postulados conflictivos [para la tradición cristiana] que se pueden encontrar en su “Tratado”. Estoy de acuerdo con Gambirasio sobre que Saint-Martin –sin haber renegado de Pasqually- es mucho menos peligroso que este último. Pero insisto cómo destaca su perfil católico-romano al ponernos como ejemplo de receptividad y apertura a la voluntad de Dios, de la figura de la santa Virgen María.


Destaca también su percepción y diferenciación entre esoterismo cristiano y cristianismo esotérico que condena al pretender constituirse este en “una especie de cuerpo doctrinal distinto, incluso opuesto al Santo Evangelio” el cual sitúa por encima de todo. Es ese cristianismo esotérico a que se refiere Gambirasio, que tanta turbación ha traído a la Orden Rectificada por parte de aquellos que confunden la gimnasia con la magnesia, insistiendo en la existencia de una doctrina propia del Rectificado (heredera de algunos postulados equívocos de Pasqually) que estaría por encima (por aquello del purismo en la práctica del R.E.R.) de cualquier otra doctrina, chocando con esto con el Evangelio y con la doctrina de la Iglesia. La iniciación de “los confundidos” entraría entonces para Gambirasio en la categoría de las “tradiciones no cristianas” en la que el iniciado se sitúa por encima del resto al pretender poseer un tipo de conocimientos que los demás no poseen, entrando con ello en colusión con la tradición cristiana para la que “todo es dado” en plenitud por los sacramentos.


Muy interesante trabajo el de Pascal Gambirasio sobre “La Iniciación” y que aporta valiosas luces que he querido compartir, traduciendo sus reflexiones para hacer partícipes de las mismas al ámbito hispánico.



Ramón Martí Blanco

Barcelona, 15 de julio del 2017, (veinte años después de la aparición del trabajo de Gambirasio)

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