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FENIXnews | Martes, Mayo 16, 2017

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En el Día de las Madres 

“Y la bendeciré, y también te daré de ella hijos; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; y reyes de pueblos vendrán de ella.” 
Génesis 17:16
Escribió el Gran Rey Salomón, en el libro de Proverbios:
– Mujer virtuosa, ¿quién la hallará?  Porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas. El corazón de su marido está en ella confiado, y no carecerá de ganancias. Le da ella bien y no mal todos los días de su vida. – Se levanta aun de noche y da comida a su familia. – Su lámpara no se apaga de noche. – No tiene temor de la nieve por su familia, porque toda su familia está vestida de ropas dobles. – Fuerza y honor son su vestidura; y se ríe de lo por venir. – Abre su boca con sabiduría, y la ley de clemencia está en su lengua. – Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. – Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; y su marido también la alaba diciendo: “Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú sobrepasas a todas.”
Un poco de historia…   tal vez poco conocida…
El Día de la Madre es un acontecimiento que se celebra en diferentes fechas del año de acuerdo a cada país.  La mas antigua evidencia de esta celebración se remonta a la antigua Grecia donde se le rendían honores a Rea, madre de los dioses Zeus, Poseidón y Hades.
Cuando los romanos adoptaron de los griegos esta celebración, la llamaron La Hilaria y la loaban el 15 de marzo en el templo de Cibeles con ofrecimientos y sacrificios que duraban tres días. Luego, los primeros cristianos transformaron estas celebraciones en honor a la Virgen María, madre de Jesús.
En la Inglaterra del siglo XVII, tenía lugar una celebración similar dedicada a la virgen que se denominaba Domingo de las Madres, y en ella los niños concurrían a misa y regresaban a sus hogares con regalos para sus progenitoras.
En Estados Unidos, la celebración se origina hacia 1872, cuando Julia Ward Howe, autora del Himno de batalla de la República, sugirió que esa fecha fuera dedicada a honrar la paz, y comenzó celebrando encuentros anuales en la ciudad de Boston, en celebración del Día de la Madre.
Posteriormente en 1905, Ana Jarvis envió cartas a políticos, abogados y a toda persona influyente instando que se consagrara el Día de la Madre el segundo domingo de mayo, logrando que para 1910 muchos estados de la Unión lo celebraban, y en 1912 obtuvo que se creara la Asociación Internacional Día de la Madre con el objetivo de promover su iniciativa. Finalmente, en 1914, el Congreso de Estados Unidos sancionó la fecha y la declaró fiesta nacional, lo cual fue apoyado por el Presidente Woodrow Wilson. Más tarde mas de 40 países se adhirieron a esta iniciativa.
Sin embargo, la festividad impulsada por Jarvis comenzó a mercantilizarse, de manera tal que se desvirtuaba el origen de la celebración. Esto motivó a que Ana presentara una demanda, en 1923, para que se eliminara la fecha del calendario de festividades oficiales. Su reclamo, de gran alcance, provocó que fuera arrestada por disturbios durante una reunión de madres de soldados en lucha, en que vendían claveles blancos, símbolo que identificaba la fecha.
Ana luchó con insistencia contra la idea que ella misma había impulsado, llegando a perder todo el apoyo de aquellos que originalmente la acompañaran y en un reportaje que le hicieron poco antes de morir mencionó su arrepentimiento por haber impulsado el Día de la Madre pues jamás se imaginó que este día fuera utilizado mercantilmente y no con el fin que ella había idealizado.
En cuanto a Panamá y otros pocos países se mantiene el seguimiento al santoral católico que celebra la fiesta de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre y al mismo tiempo el día de las madres.
El pensamiento masónico hacia las madres…
Luego de haber presentado una pequeña parte de la historia de este día, la cual pudo ser algo nuevo para algunos, me gustaría poder expresarles realmente que es lo que pensamos los masones en relación a este día… lo intentaré…, pues así me honró nuestro Venerable Maestro para dirigirme ante ustedes, aunque me es absolutamente imposible describir con palabras, la precisión con que lo entiendo en mi alma, mi corazón y mi espíritu.
Nuestras madres serán por siempre la representación del amor puro, sublime e incondicional que el Gran Arquitecto del Universo nos puede ofrecer, pues desde que habitamos en su vientre iniciamos una relación de amor perpetuo. En esos momentos nuestro corazón y el de ellas laten al mismo tiempo y cuando por primera vez vemos la luz del mundo, sus lágrimas rodaran por sus mejillas por la llegada del ser que será por siempre su razón de existir. En ese momento el esposo irremediablemente caerá en un segundo plano.
A una madre no le importa el infortunio o la fatalidad cuando se trata de sacar adelante sus hijos, pues no le hace falta fuerza ni valentía para defender a sus hijos. Es capaz de todo por verlos felices y protegidos. Madre es aquella que se abstiene de poner pan en su boca por dárselo a sus hijos y de apoyarlos aun cuando todo el mundo les haya dado la espalda.
Así son ellas, su amor no conoce de límites ni de dificultades cuando se trata de los suyos. El mundo seguirá hacia adelante, los hijos crecerán y partirán de casa pero mamá siempre los llevará en su corazón, y aun cuando se marche para siempre de este mundo, nuestros espíritus percibirán sin lugar a dudas que cuidan de nosotros desde otros planos espirituales, observándonos con cariño y con la ansiedad inevitable de tratar de cuidarnos de todos los peligros y adversidades.
Para estos ángeles que llamamos mamá siempre seremos sus pequeñines, no importa que edad tengamos, pues nuestra sonrisa siempre será como la de un niño, y nunca habrá una acción mala de nuestra parte, simplemente será una travesura mas.
En este momento, no puedo olvidarme de aquellas mujeres que a pesar que no trajeron al mundo a un hijo se comportaron como verdaderas mamás y siempre se brindaron al máximo para darles lo mejor de sí, en especial ese amor capaz de transformar cualquier espíritu.
Tampoco debemos olvidar a aquellas mujeres que se convirtieron en madres de sus nietos y que los educaron y quisieron más que a sus propios hijos. Todas las madres son mujeres únicas e incomparables, todas ellas llevan en su alma parte de nuestra vida, y merecen ser llamadas ángeles del cielo.
Nuestra madre tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor, y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.
Es una mujer que siendo joven, tiene la reflexión de una anciana y en la vejez trabaja con el vigor de la juventud.
Es una mujer, que si no tuvo tal vez una educación formal, descubre con más acierto y juicio que cualquier sabio los secretos de la vida, y si es instruida se acomoda a la simplicidad de los niños.
Es una mujer, que siendo pobre se satisface con los que ama, y siendo rica, daría con gusto sus tesoros por no sufrir en su corazón la herida de la ingratitud.
Es una mujer que siendo vigorosa, se estremece con el llanto de un niño, y siendo débil se reviste con la bravura de una feroz leona.
Es un ser que mientras vive no la sabemos estimar, porque a su lado todos los sufrimientos se olvidan, pero después de muerta daríamos todo lo que poseemos por mirarla de nuevo un solo instante, por recibir de ella un solo abrazo, por escuchar un solo acento de sus labios.
Como dijera una vez un poeta, de esa mujer no me pidan el nombre, si no quieren que empape en lágrimas el pañuelo… esa mujer yo la vi por el camino… Es mi madre!
De esa mujer no me exijáis el nombre si no queréis que empape con lágrimas vuestros álbumes, porque ya la vi pasar en mi camino. Cuando crezcan vuestros hijos leedles, si llegasen a perdurar estas palabra, y ellos, cubriendo de besos vuestras frentes os dirán que un humilde viajero ha dejado aquí, para ustedes y para ellos, un boceto del retrato de su madre.”
…Antes de terminar estas líneas me preguntaba: ¿Cual seria el mejor discurso para el día de la madre?
Queridos Hermanos, el mejor discurso que podemos dar, no es el de las palabras, la mejor alocución es la que podemos brindar todos en este momento, levantándonos de nuestro asientos, pidiendo a nuestras compañeras que hagan lo mismo, luego darles un muy tierno abraso, besarlas y decirles: “¡Te amo no solo por ser mi esposa, te amo por haberme permitido ser parte de tu historia pero sobre todo te  amo muchísimo mas por ser la madre de nuestros hijos!”
Q:.H:. Julio Mario Villarreal III