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DEJARE DE SER TU HERMANO



M:.R:.H:. ARTURO RIVeRA DEL PIELAGO

Dejare de ser tu Hermano, quizá alguna vez, quizá nunca.
Pasaran años, tiempos, primaveras y veranos, estíos y nevadas, flores y hojas secas, tormentas y luminosos atardeceres y aun después, no dejare de ser tu hermano.
Se torcerá tu voluntad, esclavizaran tu independencia, mucho podrá pasar, pero aun así, continuare siendo tu hermano.
Dejare de ser tu Hermano en la probable acción resultante de la aspereza de un discurso mal entendido o por la acción del poder que pervierta nuestras palabras para lesionar nuestro afecto, y pese a ello, volveré a ser tu hermano en el instante en que entiendas que somos, tanto tú como yo, seres de carne y hueso factibles de ser corrompidos por la codicia, la envidia, o cualquier pecado capital que pueda existir o ser creado. Pese a todo aquello, seguiré siendo tu Hermano, porque la riqueza de nuestra fraternidad esta en comprender que somos finitos y que no es grato desperdiciar nuestro tiempo jugando a ser críticos o verdugos mientras descuidamos la urgente labor de perfeccionar nuestro pétreo espíritu.
Dejare de ser tu Hermano cuando el olvido de fechas importantes, de reuniones comprometidas, o de momentos de ausencia alteren tu paz, pero volveré a serlo cuando comprendas que tus tiempos no son los míos y es imprescindible que te quiera como eres y no como quiero que seas, así como quiero que tú me quieras con mis defectos y con mis pocas virtudes.
Dejare de ser tu Hermano cuando juzgues mis acciones con la parcialidad de mentiras motivadas por el fanatismo y la conveniencia, pero volveré a ser tu Hermano cuando entiendas el inescrutable designio del nuestro Sublime Arquitecto quien deslizara la trulla sobre asperezas provocadas por aquellos que hacen el rol de jueces y verdugos que algún día nosotros mismos hicimos también.
Dejare de ser tu Hermano cuando en un momento de soberbia me niegues el saludo o me evites al cruzar nuestros caminos, sin embargo volveré a serlo cuando entiendas que puedes contar conmigo como el primero entre tus iguales y que cuentas con mi hombro para mitigar tu dolor y con mi tiempo cuando precises mi ayuda.
Sin embargo y definitivamente, dejare de ser tu Hermano cuando, a pesar de mi tolerancia y paciencia, de toda mi voluntad despreciada y de mi honorabilidad mancillada, intentes impedir el ejercicio de mi irrenunciable derecho a la Libertad, a la Igualdad y a la Fraternidad, si tu obstinación te condujera a los límites de la oscuridad donde tu discernimiento te impida distinguir la bondad y la maldad, entonces sí, con absoluta seguridad, ¡Dejaré de ser tu Hermano!
A pesar de ello, ejerceré el amor fraterno que como tú, he jurado nunca quebrantar, aunque su práctica me ocasione desprecios y desdenes, es que su fortaleza es más solida que cualquier consigna y su luz tan poderosa que fulmina las vendas que intentan ocultar la verdad. No podría ser de otra manera, pues la hermandad se sustenta en la Palabra del Caballero Masón, aquel que aunque se empeñen en desconocer, continuara enarbolando su hidalga fidelidad como bandera.
Tal vez hoy no quieras entenderlo, pero la paciencia en más fuerte que el tiempo y más temprano que tarde, las voces del odio serán silenciadas por la luz de la razón.

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