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PL .·.DE LA F.·.R.·.L.·.S.·. ARMONÍA ESCOCESA FRANCO PERUANA N°8

       



A.·.L.·.G.·.D.·.G.·.A.·.D.·.U.


  S.·.F.·.U.·.                                 L.·.I.·.F.·.


                                                                                                          

PLCH.·. QUE REMITE EL R.·. H.·. JOSÉ LUIS CARRASCO BAROLO A SUS HH.·. DE LA         F.·. R.·. L.·. S.·. «ARMONÍA ESCOCESA FRANCO PERUANA» N° 8, QUE TRABAJA                     BAJO LA JURISDICCIÓN DEL M.·. R.·. GRAN ORIENTE DEL PERÚ
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AGRADECIMIENTO.

  1. Por supuesto, como todas nuestras acciones desde que nos hemos iniciado y desde que nuestros HH.·. nos mostraron el camino hacia la v.·.l.·., debemos agradecer en primer lugar al G.·.A.·.D.·.U.·., por la delicada y especial encomienda que nos ha entregado: ser buenos, moderados y discretos, amparando nuestra conducta sobre la prudencia, la fortaleza, la justicia y la templanza; luego, claro está, debo agradecer al M.·.R.·.H.·. Juan Ángel Mario Rolleri Muente, Gran Maestro de Masones del Gran Oriente del Perú y a todos mis HH.·., especialmente a mi Ex V.·. M.·. I.·., que han confiado en mí para colaborar en el resurgir de la F.·.R.·.L.·.S.·. Armonía Escocesa Franco Peruana N° 8, que trabaja bajo la jurisdicción del más que centenario M.·.R.·. Gran Oriente del Perú.

  2. Quiero expresar mis emociones y reconocer frente a todos que creo que hemos nacido a una vida material y hemos visto la luz física, pero la v.·.l.·. se ve con los ojos del corazón, con la mirada de la sabiduría. Se nos han dado las herramientas para que nos reconstruyamos y nos preparemos a ser las piedras del Gran Templo para la deidad a la que llamamos G.·.A.·.D.·.U.·. y solo está en nosotros la decisión de continuar el viaje que comenzamos en nuestra ceremonia de iniciación, un viaje plagado de buenas nuevas y también, no se puede negar, de momentos difíciles; de tragos amargos y tragos dulces; tan igual que el ejemplo concreto que nos enseña nuestro Pab.·. de Mos.·.; en una armonía propia de la dialéctica de nuestros sentimientos y aspiraciones, que une a lo que aparece como contrario y elimina a la falacia que siempre justifica la diferencia y que por sus nefastos efectos termina por dividir lo que desde antes del origen el Altísimo había unido. Nuestra Hermandad es sólida solo si así lo decidimos. Somos continentes que crecemos y nos movemos no por el choque de placas, sino por la voluntad de nuestras almas.

  3. Claro está, no me refiero a la diferencia que de manera original existe entre las personas, no me refiero a aquélla que se manifiesta en la propia naturaleza y nos involucra existencialmente, pero que en la práctica no nos divide, sino más bien nos relaciona como una sola raza (jamás varias), es decir, la del ser humano. Me refiero a la diferencia de potencias y posibilidades, que en muchos casos nos separan y desunen, y que debemos apreciar desde una nueva perspectiva, la que nos enseña que al juntar esas diferencias nos ayudan a crecer y a desarrollarnos como personas en la comunidad a la que nosotros reconocemos con un nombre propio y singular: la Masonería.

  4. Por eso, nuestro afán debe ser crecer en nuestra Aug.·. Or.·. y al desbastar nuestra P.·. T.·. sirvamos de ejemplo a los demás, puesto que si bien el Trab.·. es personal, la experiencia puede ser ganada de manera amplia y generosa dentro de toda nuestra fraternal comunidad. Primero, en nuestras Llog.·., y de ahí hasta el firmamento tachonado de estrellas en el que desarrollamos nuestras experiencias grupales como individuos, es decir, desde la experiencia única del compartir en nuestros templos nos debemos proyectar hacia el mundo profano. Que no se diga de nosotros, como lo ha expresado el salmista en el V.·. de la L.·. S.·., que hemos nacido muertos, impedidos de ver la luz (Salmo 58, versículo 8).

  5. Es el destino que todos nosotros debemos forjar: ver crecer y hacerse fuerte a nuestra Log.·., y para ello, solo mediante el Trab.·., encontraremos el camino hacia la Verdad. Esperando que los tres emblemas de nuestra Augusta Orden: Igualdad. Libertad y Fraternidad, asuman en nuestras vidas la misma importancia que tiene nuestra sangre y el aire que respiramos para nuestro organismo. Así, el mundo no pensará que hemos trabajado inútilmente, gastando nuestras fuerzas en vano.


LA FUNCIÓN DEL VENERABLE MAESTRO.

  1. Equivocadamente se ha mantenido y repetido innumerable veces que el Venerable Maestro es el mejor entre sus iguales, confundiendo la traducción, por decir lo menos, del aforismo latino primus inter pares, que significa de manera directa «el primero entre sus iguales», pues la palabra primus no es «mejor» sino «primero», o de lo contrario se debió haber usado la palabra optimun que significa «mejor», aunque se traduzca como «óptimo», adjetivo que según nuestro diccionario significa «sumamente bueno, que no puede ser mejor». O, en todo caso, la palabra maiorem que da a entender algo que es mayor, que es más que lo demás, y que los jesuitas usan en la frase Ad Maiorem Dei Gloriam: A Mayor Gloria de Dios.

  2. No hay que olvidar, además, que el maestro Jesús dijo, según se transcribe en el V.·. de la L.·. S.·. que «[s]i alguno quiere ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos» (Mc. 9, 35). De ello tenemos que el Venerable Maestro es el Maestro Masón llamado no solo a conducir los destinos de la Log.·. por disposición de la elección de sus iguales, sino a brindar su vida en servicio de sus HH.·. Es el padre que debe proveer la satisfacción de las necesidades de sus Hijos, para lo cual debe prepararse para cumplir fielmente la labor que le encomiendan y provocar en sus HH.·. el descubrimiento que es una necesidad para la Log.·. que ellos también deben prepararse para dicho fin. Pues el objetivo es (y siempre lo será) la transmisión de la cultura masónica que nace en nuestros Ttall.·., y que se disemina por la acción de los hermanos y hermanas, cultura o experiencia de vida que se encuentra representada por el Mall.·. Reg.·. que porta en su mano el V.·.M.·.

  3. Nuestro H.·. Giovanni Battista Enrico Antonio Maria Montini, más conocido como papa Pablo VI, decía en la Bula de proclamación del jubileo universal para el año santo de 1975 dentro de la Iglesia Católica, sobre la ciudad de Roma, que ésta urbe, por el ejemplo de vida de los apóstoles Pedro y Pablo, mártires de la fe a manos del gobierno romano, fue primero «alumna de la Verdad», para convertirse luego en «Maestra de la Verdad». Parafraseando a nuestro H.·., debemos decir que ese es también uno de los deberes del V.·. M.·., pues tiene la obligación moral de brindar a sus HH.·. el espacio suficiente y adecuado para que construyan un Tall.·. en donde todos los que trabajan aprendan la esencia de nuestra Aug.·. Ord.·., se nutran de sus principios y se regeneren con la Moral Natural que deben practicar los Masones. Para luego descubrir que la Log.·., no solo ante los demás HH.·., sino también ante el Mundo, es una Maestra de la Verdad. Téngase cuidado de entender que detrás del término que acabo de usar se encuentra escondida la tentación de sentirse dueño de la verdad, por lo que debemos tener mucho cuidado y estar prevenidos, pues si bien la Verdad es una sola y no le pertenece a nadie, algunos pueden llegar a creer que se pueden apoderar de ella, por eso, solo al terminar la jornada de trabajo, cuando ella fluya por nuestras venas como sangre vivificadora, podremos decir que hemos podido al menos vislumbrarla, pero jamás alcanzarla, puesto que la Verdad que anhelamos solo se encuentra al interior de nuestro corazón, en donde lo ha puesto el G.·.A.·.D.·.U.·. como soplo de vida, que es enorme, inalcanzable, pero que con su luz nos ilumina y vivifica.

  4. Soy consciente que la silla del R.·. S.·. puede sentirse muy solitaria, pero es la labor de todos los HH.·. apoyar al V.·.M.·., ya que el fruto que se coseche mañana será obra de la siembra que hemos realizado todos y no solo la primera de las luces que gobiernan una Log.·. El fracaso de un V.·. M.·. es el fracaso de todos los HH.·., si es que se cuenta con un V.·.M.·. serio y maduro en sus proyectos y vehemente y juvenil en la oportuna aplicación de estos. Pero, a pesar que se nos enseña que las tres luces menores de la masonería son las que dirigen una Logia, la construcción de los templos a la virtud es labor de todos y no solo del Venerable Maestro y de los Vigilantes. La cadena fraternal se compone de muchos eslabones; si falta uno solo de ellos, dejaría de existir nuestra Orden, carecerían de sentido nuestros afanes. Por ello les pido, y a la vez les agradezco a todos mis HH.·., el leal apoyo que han prestado y que siguen prestando, no a mi persona, sino a la Logia, es decir, a toda la Masonería.


LA FINALIDAD DE LA FRATERNIDAD LOGIAL: EL CAMINO DEL ESPÍRITU.

  1. Nuestro hermano José Hernández nos enseñó a través de las coplas criollas de su Martín Fierro, colocando palabras en la inventada boca de un gaucho falto de conocimientos pero lleno de experiencia de vida, que: «Los hermanos sean unidos,/ Porque esa es la ley primera-/ Tengan unión verdadera/ En cualquier tiempo que sea-/ Porque si entre ellos pelean/ Los devoran los de ajuera(sic)» (HERNÁNDEZ, José; Martín Fierro; Juan Mejía Baca & P. L. Villanueva editores; Lima; s/d; página 184). Esa Unión de la que habla nuestro hermano, es el trasfondo, la base o cimiento de la construcción de nuestra Fraternidad; cada una de las piedras de nuestros Templos, en las que se nos ha enseñado a identificar a cada hermano o hermana, se encuentra ligada con poderío mediante la argamasa más fuerte que puede haber: el amor fraternal.

  2. Puedo decir que todo el Trab.·. Mas.·. es una muestra de la Fe: Fe en nuestros ideales, Fe en alcanzarlos y Fe en la Humanidad hacia la que están orientados nuestros anhelos y esfuerzos. Y la fe es experiencia, jamás un simple concepto teórico; no es la fe en una creencia religiosa ya estructurada, sino en un proyecto, y éste siempre se nos presenta nuevo, pues solo vemos el comienzo del camino y a lo lejos, nuestros ojos, solo nos sirven para vislumbrar que siempre hay algo más allá de nuestros pasos. Es por ello que los obispos de Roma conocidos como papa Benedicto XVI y Francisco, han señalado en una encíclica denominada Lumen Fidei, o la Luz de la Fe, que «si queremos entender los que es la fe, tenemos que narrar su recorrido» (Carta Encíclica Lumen Fidei del Sumo Pontífice Francisco. Párrafo 8). Nuestro H.. Antonio Machado ya nos había señalado que «se hace camino al andar». Nuestra Aug.·. Ord.·., así entendida, como camino de vida, es un fenómeno vivo, que se renueva, que nos impulsa y nos guía. Y nosotros debemos seguir un camino cada día nuevo, que se nos descubre y que descubrimos, que nos sustenta y nos cuestiona, en donde debemos ser ejemplo, y por lo tanto pasado, y también proyección, y por lo tanto futuro a la vez.

  3. Y ese trabajo solo puede justificarse en la Fe y en el Amor hacia nuestros HH.·. y hacia nuestra Ord.·., así como a toda la Humanidad. Es el Espíritu del Altísimo que nos enseña a existir y es solo en el camino al que llamamos Vida que podemos dar razón de nuestra Fe. De la Fe en nuestros Ideales, de la Fe en que los podemos alcanzar y de la Fe que nos impulsa a darnos a los demás, como me encanta repetir cuando converso con un Hermano Aprendiz. Y esto es porque el Espíritu se alimenta y se nutre de amor, que no es otra cosa que Vida y Paz (Rom. 8, 6), Fe hecha práctica. Nos dice Saulo de Tarso, conocido como san Pablo, que si no tuviera amor aunque supiera muchas lenguas, tanto de hombres como de ángeles, o si tuviera el don de la profecía, o conociera todos los misterios y toda la ciencia, o tuviera la fuerza suficiente para mover montañas, pero no tuviese fe, sería como la nada, sería más bien una campana que solo suena o un címbalo que retiñe (1 Cor. 13, 1-2), es decir, estaría vacío. Nos toca a nosotros HH.·. el construir el Templo de la Masonería en nuestros corazones, usando la fuerza de nuestra Fe y de nuestro Amor hacia los demás. Que ya está en nosotros y que mediante las Herramientas que la Fraternidad nos ha entregado podemos extraer y entregarlo como ofrenda al G.·.A.·.D.·.U.·.


EL OBJETIVO DE TODO MASÓN: LA FRATERNIDAD SOLO SE JUSTIFICA MEDIANTE LA SOLIDARIDAD.

  1. Se ha señalado que el objetivo de todo masón es crecer como persona, pero esto se puede conseguir en cualquier otra institución o comunidad, ya sea social o religiosa. Entonces, ¿de dónde se extrae la diferencia y la importancia de la Masonería frente a esos otros ejemplos? La masonería busca que aprendamos a construir una nueva persona. Por eso, después de lo dicho, la consecuencia obvia del trabajo masónico, si se sigue que construimos la vivencia de nuestra Log.·. sobre el Ara que se encuentra en nuestros corazones, es decir, si nuestra conducta masónica es la consecuencia de nuestro juramento hincados ante el G.·.A.·.D.·.U.·. frente al Ara, es que nuestras vidas se encaminen a la acción solidaria a la que denominemos Caridad, conducta que es la razón de la propia existencia de nuestra Aug.·. Ord.·. Y, por supuesto, luego de interiorizar los principios de la Orden, que se pueda llegar a dar testimonio que por encima de nuestras propias facultades, nos entregamos, primero al ·.A.·.D.·.U.·. y luego a los demás, tal cual se lee en el V.·. de la L.·. S.·. (2 Cor. 8, 3-5).

  2. El amor y la beneficencia, manifestadas a través de la Caridad son muestras a su vez de un alma virtuosa, de un corazón delicado y honrado, como nos enseña nuestra liturgia. Por eso debemos tener presente que la Orden no nos entrega nada, sino que nos ayuda a descubrir lo que ya tenemos en nuestro interior. Y así como el río va construyendo paisajes con los sedimentos que coloca a lo largo de su camino, cambiando la realidad del camino que surca y convirtiéndolo en uno nuevo, nuestra Aug.·Ord.·. crece y se transforma con el Trab.·. de cada uno de los HH.·. Y a su vez, mediante ese mismo Trab.·., el H.·. se transforma a sí mismo, modificando la realidad que lo envuelve y en el que se desarrolla como Ser. Es por esa razón que muchos Hermanos han iniciado la construcción de experiencias de solidaridad y de fraternidad, como el club de leones, los rotarios, los boy scouts, la cruz roja, etc.

  3. Pero la caridad que deben practicar los masones no solo se circunscribe a la entrega dadivosa de bienes, a la solidaridad material; existe otro tipo de solidaridad que es excelsa, y a la que menos le damos crédito, o ni siquiera es parte de nuestros anhelos manifiestos, a pesar que siempre está detrás de nuestras conductas. Me refiero a la solidaridad espiritual, aquella que se manifiesta en el compartir cotidiano que realizamos con las demás personas, en la entrega de nuestro tiempo acompañando a los demás en su caminar y permitiendo que ellos también sientan que nos acompañan. Parafraseando a Mario Benedetti, aunque extrayendo sus palabras del contexto original del poema, debemos ser conscientes que se espera de los Masones una entrega total, que convierta su existencia y la del otro a quien se acompaña, sea o no masón, en una nueva experiencia de vida, más fuerte, más honesta, más verdadera, y que «en la calle, codo a codo, [observen todos] que somos mucho más que dos». Esa es la conducta fraternal de un Masón, la caridad convertida en Fuerza y esta fuerza manifestada en Esperanza.

  4. El Nuevo Ser, que nuestra Augusta Orden espera se convierta en nuestra realidad, solo surgirá del Esfuerzo en el Trabajo que le pongamos todos. Es por eso, que le pido al G.·.A.·.D.·.U.·., que al finalizar nuestras labores, llegada la media noche en punto de nuestras vidas, podamos repetir, junto a todos los obreros, que estamos satisfechos y contentos con la labor cumplida, habiendo evitado la maledicencia, la calumnia y la ociosidad, puesto que hemos trabajado y obedecido en silencio.


Nuevamente, gracias al G.·.A.·.D.·.U.·. por el honor que me ha conferido y a todos vosotros por el esfuerzo en el que se han comprometido junto a mi persona, al permitir que dirija los trabajos de nuestra Logia. Le pido al Altísimo que me de la fuerza para no defraudaros y les deseo a todos una Feliz Navidad y un próspero año nuevo.

 

Lima, 23 de diciembre de 2016.

 

 

                    R.·.H.·. José Luis Carrasco Barolo

                                          V.·.M.·.

 



 

 

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