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EL PASE AL ORIENTE ETERNO (El viaje inmóvil al paraíso masónico)

Autor: Víctor Guerra/ Fuente: Oriente Eterno


El editor de Ergo Sum Magazine, como ya es natural en él aprieta en temas y temáticas, y tras una noctámbula llamada hace algunas calendas, me planteó como si tal cosa, un tema para este inminente nº 7 de la revista Ergo Sum Magazine y que trataría sobre el Oriente Eterno.

Han pasado las semanas he seguido dando vueltas a como hincarle el diente a tan extraña propuesta que ni es fácil ni difícil, sino todo lo contrario, digamos que ha resultado un tema casi imposible, en todo caso les dejo ante mis elucubraciones.

Está claro que todas las culturas tienen sus respectivos paraísos como destino de ese último viaje, o sea el tan socorrido ir “al más allá”.

Para ese eterno periplo sin regreso aparente al menos a los más privilegiados se les dotaba, según sus rangos y calidades, de un surtido bagaje de elementos: viandas, enseres queridos, talismanes, vestidos joyas y dineros y en algunas ocasiones les acompañaba alguna que otra mujer, supongo que esto sería para los varones, a las mujeres no parece que les sucediera lo mismo; y todo por aquello de que el significado difunto tuviera un confortable viaje, y una feliz estancia en el más allá y si llegara el caso pudieran contar las ayudas y las herramientas y menesteres necesarias para efectuar el camino de regreso al más acá.

Y a las pruebas me remito, las cuales certifican con más o menos rigor el cine de tecnicolor de mis años mozos con todos aquellas escenas acerca de las excavaciones de tumbas, tanto de faraones, como reyes y príncipes, o signados guerreros, u de otras señaladas gentes…,pues en ellos nos enseñan, [me refiero a las películas] el trajín que se traían a la hora de prepararles un confortable y último viaje; así recuerdo como a los jefes vikingos se les quemaba en sus barcas con sus armas y sus grandes escudos, y viandas para de este modo pasar bien surtidos a su paraíso eterno el Valhalla para morar con su dios Odín, otra cosa que cabe preguntarse es ¿Cómo hacían ese viaje los vikingos de a pie?



Por otro lado, los creyentes islámicos también tienen su Yanna… y casi todos los creyentes de un modo u otro tienen para después de esta perra vida su Edén, su Nirvana, o su Paraíso Celestial.., salvo los ateos que como dijo Sartre: “el infierno son los otros”, o sea que para nosotros el paraíso o infierno está en esta tierra.


Como podemos ver en rápido y prolijo repaso había paraísos para todos los gustos, cualidades y calidades, aunque en lo que respecta a este siglo XXI parece el paraíso tiene su representación, aquí y ahora, y que muy bien podrían ser los Parques Temáticos y las Grandes Superficies….ah…y los Paraísos fiscales…Digamos que nos hemos vuelto muy pragmáticos.


La socióloga García Belsunce, manifiesta que a partir de una nueva concepción moral, la sociedad comenzó a independizarse de la religión, y ello generó:


“(…) cambios en la conducta humana…. Es difícil ponderar en qué medida influyó en esta mutación de la moralidad un proceso de revaloración del sentimiento que se desarrolló paralelamente al racionalismo, pero es indudable que tal influencia existió.


Esta valoración del sentimiento, donde el amor y angustia, vida y muerte, marchan entrelazados, constituye la raíz del movimiento romántico que en las postrimerías del siglo va a arrebatar al Iluminismo su centro.


… Este movimiento de transformación se dio, como es obvio, en forma lenta y gradual y surgió en las capas superiores de la sociedad


Pero volvamos al nudo gordiano del tema, de lo que expone García Belsunce los masones tomaron buena nota, puesto que para eso son una sociabilidad importante y cautelosa, la cual tomó prestadas de los gremios canteriles herramientas, modos y maneras para fraguar su fraternal cofradía, a la vez que se fueron dotando de un corpus simbólico que ha venido perdurando desde algunos decenios a esta parte.


Como no podía ser menos, en este complejo universo de la “mejora personal” es lógico que también hubiera un paraíso propio, y no es que la masonería postule una Salvación Eterna al modo cristiano, y tenga un Dios como referente, sino más bien lo contrario. Ya en los albores de la llamada masonería especulativa esta había logrado tener su propia “deidad” como quieren significar y magnificar algunas masonerías con la cuestión del Gran Arquitecto del Universo (GADU).


Aunque mucho me temo que la denominación del paraíso masónico que podíamos llamar el Oriente Eterno, tiene una peculiaridad y no es quedarse en el “sentido quedo” de estar “en suspense” que nos indica Molina García hablando del “Alma es Inmortal desde la Perspectiva del Grado Masónico”, o sea en ese modo de quedar durmiendo en el Cementerio esperando el acceso al Paraíso Celestial, sino que a mi juicio personal tal actitud y denominación debe proceder más de la cultura de la Ilustración, puesto que no me cuadra que los viejos gremios del labrado de la piedra le dieran un nombre tan simbólico y poético como el que dan los masones cuando se mueren de haber “pasado al Oriente Eterno“.










No he registrado entre las agrupaciones y guildas de inmemoriales tiempos que los obreros canteros a la hora de irse “al más allá” tuvieran lugares con nombres tan poéticos como los ya citados, o rituales de veneración funeraria, aunque colijo que otra cosa muy distinta sucedería con respecto a los Venerables Maestros Canteros, o a los Jefes de Obra y Arquitectos, o personajes de alta alcurnia asimilados a las corporaciones gremiales o guildas, o logias canteriles…

Es de suponer, al menos yo lo supongo, que aparte de los creyentes y pacatos que creerían en eso de reunirse en la última morada con su dios celestial; mucho me temo que para los demás la muerte era un final que tenía su conclusión al pie del tajo o del camino. Pues cuando registramos en la literatura lo pertinente a la cultura de la muerte, más allá de los nobles y pudientes, hay que decir que en general encontramos poca cosa, de lo cual se deduce que para el resto de los mortales la muerte no significaba otra cosa que una última morada a las orillas de donde uno estuviese y poco más, (no había cementerios) y enterrarse al lado de las iglesias y los santos y mártires no estaba ni alcance de todos, ni todos eran dignos, amén de que cupiesen o no .

Se recoge en 1763 con el edicto del Parlamento de Paris, un intento precisamente de modificar esta historia de enterrarse juntos a los “dignos” o sea la llamada “ Ad sanctos et apud ecclseiam[1], por más que la Iglesia se empeñase en mostrar las excelencias celestiales de morar junto al Dios querido y amado, y crease universos como el infierno, el purgatorio, y el bendito cielo con los cuales soñar; pero tales cualidades tenían un precio en denarios…y los curas que pronto habían visto el negocio del tráfico de almas, y que ese viaje tuviese una complacida placidez y confortabilidad hacia esa última morada, no estaban dispuestos a compartir la recalificación y apertura de terrenos y prebendas.

Por otro lado ésta bandería en pro de los cementerios fuera del alcance de la Iglesia, al menos en Europa la llevó delante Francia, aunque el primer cementerio extramuros curiosamente lo va a tener la India y fue abierto en Calcula en 1767; eso sí luego Francia se llevará la palma con el famoso cementerio Père –Lachaise, en el cual la “burguesía dejó sus huellas en su innovadora relación con los muertos”[2]



Fuera como fuere, los masones desde su visión global de sintonizar y convivir todos bajo un mismo paraguas conceptual, o al menos esa era la pretensión inicial, que cada uno tuviera su dios particular pero bajo un símbolo único y común el “GADU”, para lo cual, paralelamente supongo que también crearon la morada que simbólicamente se ha venido denominando como Oriente Eterno, que no hay que confundir con el Oriente Medio como hicieron unos Hermanos de la GLE con una esquela recordatoria que pusieron, ellos o la prensa y que decía: “en Recuerdo de los Hermanos en el Oriente Medio”.


Hay que tener en cuenta que el Oriente para el masón es un punto, un eje, una ubicación frente a la que situarse, ya que es el origen de la Luz, representada por varios elementos como el Sol, y también está la semi oscuridad que representa la Luna, cuyos universos están situados en el Oriente, en ese mismo espacio logial también están otras luces virtuales como físicas como con el Maestro de Logia, y por supuesto el Delta Luminoso, y en ocasiones la Estrella Flamígera, todo dependerá según qué ritos y grados se practiquen, que en masonería son diversos.




En suma, todo un conjunto de poder y luz, y como no, de sabiduría que además se conforma y se refuerza con tres personajes, los cuales en el trabajo de logia continuamente son un referente espacio-temporal y visual, a saber: el Venerable Maestro (sabiduría y poder ejecutivo) el Secretario (preservación de la memoria) y el Orador (poder legislativo).

Por lo cual esa zona de la logia donde todo esto converge es lo que se denomina Oriente, por esa misma razón los masones cuando fallecen pasan a formar parte de esa continua referencia en su trabajo masónico, en este caso a través de un viaje inmóvil van hacia el Oriente Eterno.

Por tanto, dentro del esclarecimiento que desarrollan los masones estos también procuran a sus fallecidos un fructífero viaje hacia ese espacio mitológico tal vez, hacia esa Luz que algunos relatan cómo existente pro alguno que otro que parece ha retornado???

Es un viaje inmóvil del que se toma conciencia cuando se tocan con la punta de los dedos los últimos destellos de la vida, de tal manera que es un viaje desde la quietud de la conciencia hacia un no se sabe qué…

Pero a pesar de que es un viaje importante, el último que emprenden simbólicamente todos los masones, bien sea bajo un Dios, o bajo el signo del agnosticismo, o desde el más estúpido ateísmo; lo paradójico de todo este asunto es que apenas si se encuentra literatura al respecto.

Apenas si al respecto algo nos dice el diccionario de La Francmasonería de Juan Carlos Daza que escribe: “que la creencia de la “irrealidad de la muerte, y de que ésta no significa el aniquilamiento del hombre. Se expresa cuando se produce el tránsito de la muerte, designándola como el “pase al Oriente Eterno”. Este pase expresada la idea de que es preciso morir para renacer (en nueva vida o en un nuevo nivel)Este término se utiliza para designar el más allá, el mundo de los muertos adónde van los masones después de su muerte, el de los maestros consumados agrupadas en la Logia Eterna. Es esta pues la expresión simbólica que puede recibir un contenido diverso según las creencia de los masones”



 

Fuera de este contexto castellano, un tanto esotérico como es Daza, hay que exponer que diccionarios tan prestigiosos como pueden ser el de Daniel Ligou, o el Diccionario Enciclopédico de la Francmasonería de Arús, no contemplan ni siquiera tal acepción. Lo que nos deja ante la papeleta de seguir elucubrando al respecto de la antigüedad o modernidad de la acuñación.


Como ejemplo de la esterilidad de la que me hago eco tenemos el último libro que se acaba de publicar en Francia, y que viene de la mano deMaurice Lévy “Guide de l´Orient éternel” ediciones Dervy, el cual nos aporta en sus trescientas páginas un inmenso catálogo de enterramientos masones, pero nada nos dice de dónde viene esa acepción, o desde cuándo se utiliza en masonería tal calificación, o de dónde arrancan, por ejemplo los rituales fúnebres.




Está claro que ese último viaje preocupa en general a todos, y ha preocupado enormemente a los masones, tanto en lo que se refiere a los planos del viaje físico, como al de las formas y modos antes, durante y después del enterramiento; tanta ha sido la preocupación por dotar a los Hermanos de un confortable viaje hacia el Oriente Eterno que incluso se ha llegado a generar los llamados rituales fúnebres.

Y esto no es baladí el tema del Oriente Eterno y su trasunto, ha sido una cuestión capital y cenital a la que los masones han dedicado una gran energía, hasta tal punto, que algunas masonerías han hecho de ello una seña de identidad bien de lucha y combate contra las fuerzas reaccionarias y religiosas, o de combate a favor del fortalecimiento de la dignidad del hombre, llegando incluso a crear sus espacios simbólicos como el Oriente Eterno, sino también sus propios cementerios y maneras de pasar a ese paraíso masónico, o bien a la articulación cada vez más perfecta de una ritualidad funeraria.

He dicho

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