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El Culto en el Templo del Hombre.- Louis-Claude de Saint-Martin (1.743-1.803)


“Aprende [que tu] Ser intelectual [es] el verdadero templo; que las luminarias que le deben iluminar son las luces del pensamiento que le rodean y le siguen en todas partes; que el sacrificador es la confianza en la existencia necesaria del Principio del orden de la vida; es esta persuasión ardiente y fecunda ante la que la muerte y las tinieblas desaparecen; que los perfumes y las ofrendas es [tu] oración, es [tu] deseo y [tu] altar para el reino de la exclusiva unidad”. [CN - XVII]

Sí, el culto interior es sensible, ciertamente más que el culto exterior, pero lo es de otra manera. El culto material es para los sentidos de la forma, el culto espiritual es para los sentidos del alma; el culto divino e interior es para la vida íntima de nuestro ser”. [HD 123]

“…tendrá la sabia precaución de no atreverse jamás a acercarse por sí mismo a las ceremonias santas, sin que sienta que el templo está preparado, que todas las lámparas están encendidas, que el fuego del espíritu ha traspasado sus paredes, sus cimientos, sus columnas, y ha decorado todas las partes de este templo de una manera digna del sacrificador que debe dirigirse a él y de los santos misterios que en él se deben llevar a cabo”. [HN 43]

"Empezad por poner un velo entre vosotros y los objetos informes que os han deformado la vista y la inteligencia. Este primer paso os llevará a los sacrificios; los sacrificios os llevarán a la purificación; la purificación os llevará a la unión con el principio activo de vuestro ser y este principio activo os desvelará en todo momento las voluntades de vuestro Dios, pues vuestro Dios está siempre lleno de sus planes y sus proyectos para los hombres y, cuando se une realmente a nosotros, debe ser de una manera viva y eficaz, que desarrolle activamente todas nuestras relaciones y todas nuestras leyes". [HN 48]

“Hombre nuevo, «Cuando hayas entrado en al tierra prometida, acuérdate de no hacer sacrificios a tu Dios nada más que en el lugar que él haya elegido para que le rindas el culto que se le debe. No sólo no imitarás a esas naciones impías que han erigido altares en todos los lugares elevados, bajo árboles frondosos, y ofrecen en ellos sacrificios al sol y a la luna y a toda la milicia del cielo, sino que derribarás todos esos lugares elevados, todos esos altares y todos esos ídolos que han sido venerados. No dejarás que quede ni el mínimo vestigio de ese culto impío, tal como te lo ha ordenado el Señor tu Dios, e irás al lugar que te haya indicado el Señor para inmolar tus víctimas».

Este lugar ya lo has conocido, ya lo has visto, desde que recibiste el nacimiento, porque este lugar es ese mismo hijo querido, concebido del espíritu, a semejanza del que es hijo único del Señor por la virtud de su generación eterna.

Evitarás, por tanto, con sumo cuidado, ir a hacer sacrificios al Señor en otros lugares de tu ser que no sean este Santo de los Santos, que es el único asilo sagrado que él ha podido reservar en los escombros del templo del hombre.

Evitarás con sumo cuidado ir a preparar un altar a tus pensamientos ni a los aspectos tan variables de las especulaciones de tu espíritu.

Evitarás con sumo cuidado ir a preparar un altar a las débiles conjeturas y a los tenebrosos conceptos de tu inteligencia.

Evitarás con sumo cuidado ir a preparar un altar a todos los movimientos falsos del corazón del hombre, que no pretenden más que establecer en él un culto sacrílego, ya que él mismo se somete al ídolo del templo y acapara la verdadera divinidad.

Evitarás con sumo cuidado preparar un altar a toda la región de los astros «si no quieres que en el futuro tus huesos queden expuestos en el suelo a todas las estrellas del firmamento, como quedaron los huesos del rey Jeroboan». [HN 27]

“Prepara solo para ti una entrada; hombre afligido, hombre de deseo, entra solo como el gran sacerdote y deja fuera todos los falsos deseos, toda ambición mentirosa, todos los vestidos manchados.

Entra sólo, es decir, con un único pensamiento; y que este pensamiento sea el de tu Dios. Que, así separado del resto del universo entero, estéis sólo Dios y tú por el testimonio de tu oración y de tus súplicas.

Acércate al oráculo respetuosamente, espera en silencio, y suspendiendo todas las facultades interiores.

No tardarás en oír su respuesta, aunque no oigas proferir palabras.

Saldrás irradiando gloria de esa sagrada morada. Estarás obligado a velar tu rostro al presentarte al pueblo, para que no quede ofuscado.

Les dirás los decretos de tu Dios, y serás preservado de las emboscadas y de los falsos decretos de los príncipes de la mentira.

Que tus pensamientos se dirijan perpetuamente hacia ese oráculo; es el único que el Señor desea que escuches y te impele a huir de todos los otros”. [HD 20]

El culto puro habrá conducido a los hombres justos a las alegrías celestes y al reposo de su alma. El culto impuro habrá conducido a los impíos a la rabia, al furor y al desespero”. [HD 136]

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