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La importancia gnoseológica de las liturgias en el R:. E:. A:. A:.

 


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Según la Real Academia Española de la Lengua, Liturgia es el “Orden y forma que ha aprobado la Iglesia para celebrar los oficios divinos, y especialmente la misa”. En segunda acepción es el “Culto público y oficial instituido por otras comunidades religiosas”. Podría decirse entonces que liturgia en el mundo profano es la forma en que se llevan a cabo las ceremonias de una religión. En ese tipo  de liturgias religiosas las respuestas ya están determinadas en una especie de sacro conductismo.  El feligrés de cualquier religión no puede agregar ni crear algo que permita enriquecer el Rito a partir del análisis hermenéutico de sus liturgias.




En cambio, en la masonería -que no es una religión- las liturgias constituyen la forma en que se realizan las diversas tenidas y contienen las líneas generales del desarrollo filosófico de esta escuela de formación moral e intelectual. En esta Augusta Institución hay una liturgia para cada acto ceremonial. Cada uno de los 33 grados de la escala masónica del Rito Escocés Antiguo y Aceptado tiene una liturgia, además de haber una liturgia para cada uno de los siguientes actos: inauguración y consagración de un templo, fundación y constitución de una logia, instalación de una logia, posesión de venerables maestros, reconocimiento conyugal, pompas fúnebres, reconocimiento y adopción de luvetones, tenidas ordinarias,  extraordinarias y otras.




Nuestras liturgias son unos libros, aprobados por la Masonería Universal del Rito Escocés Antiguo y Aceptado, que contienen los textos fundamentales y el simbolismo para realizar las ceremonias y desarrollar la teoría del conocimiento masónico. Al leerlas con atención y espíritu investigativo,  se derrama sobre nuestro cerebro un torrente de ideas, que nos muestran su exuberante fertilidad para la producción de planchas, que es la vía más expedita para el pulimento de la piedra bruta y el desarrollo de nuestro Rito. Aquí, en el seno de la Orden, por oposición al mundo profano,  las liturgias son básicas para la producción intelectual del Hermano masón.




Estéticamente las liturgias son una expresión de la belleza como manifestación del intelecto. En ese sentido, la fuerza poética y la grandeza mítica de los personajes legendarios que en ella se contemplan, generan una dimensión profundamente humana en el iniciado que reflexiona. En el aspecto teatral, si las liturgias se dramatizan con rigor, encontraremos en sus parlamentos la erudición y la sabiduría, envueltas en una pomposa sonoridad musical. En las liturgias encontramos  la sugerencia de conceptos no expresados burdamente, sino en forma estética. Pero si no se dramatizan en debida forma, se puede llegar al umbral de una situación ridícula. Por eso la Liturgia de Aprendiz Masón lo advierte claramente cuando dice que “de lo sublime a lo ridículo no hay sino un paso”[1].  De ahí la necesidad de leerlas con claridad  y entusiasmo y si es posible aprenderlas de memoria.




Por esa razón los Estatutos de la Gran Logia del Norte de Colombia recomiendan que: “Los Dignatarios y Oficiales de las Logias deben estar preparados para celebrar los Trabajos litúrgicos sin necesidad de tener los textos en mano”[2]. Lo que indica la importancia de las Liturgias en el Rito y la necesidad de dramatizarlas con el énfasis  y el rigor que exigen los parlamentos de las mismas. Podría decirse que la calidad del masón dimana de la asimilación y del dominio que se tenga de las Liturgias y de la capacidad para desarrollarlas y aplicarlas en nuestro modo de vida diario en cualquier parte donde nos encontremos.




En las liturgias están las médulas: científica, filosófica, metafísica, artística, tecnológica, moral y humanística de la masonería, esperándonos siempre para la reflexión y la investigación. En ellas resplandecen las ideas de todo  tipo. Las ideas patrióticas, las ideas democráticas, las ideas religiosas, las ideas éticas, metodológicas y filosóficas en general. Todas ellas ornamentadas con el refinamiento simbólico y el cuidado en el detalle sutil y en la valoración de lo menudo, pero significativo.




Es cierto que las Liturgias masónicas, imbuidas de humanismo y de moral, sintetizan un conjunto de tradiciones y de leyendas, anteriores al siglo XVIII, las cuales, unidas a los símbolos, constituyen el invaluable tesoro que nos debe servir para revisar el pasado, vivir en el presente y proyectar hacia el futuro.  Pero no olvidemos que aquí, el elemento tradicional no significa obsolescencia, puesto que la tradición en masonería se maneja en actitud diferente; es decir, descifrando el símbolo que tiene un valor trascendente y no solo de inmediatez como sucede con la tradición en el mundo profano.




Por eso en nuestros textos litúrgicos va aparejada con la enseñanza explicita, una simbología histórica que se transmuta con el correr del tiempo y se interpreta con proyecciones futuristas. En ese sentido, la realidad presente y la realidad contemporánea también entran en ese juego de símbolos y alegorías.




Cuando estudiamos las liturgias, como fuente de investigación masónica, encontramos que en ellas hay dialéctica, movimiento y vida. Que su lenguaje es de gran riqueza y expresividad. Muchas ideas se concentran en pocas palabras. Es más, una sola palabra muchas veces se torna rebosante de contenido y de intencionalidad, dependiendo de la inteligencia y la perspicacia del masón investigador. Es de destacar, que en nuestros textos litúrgicos, al lado del conocimiento científico, se hace gala de una esplendidez moralizadora, como se demuestra en la escala mística, que en ningún momento se agota en las artes liberales ni en el empirismo, ni en la razón totalitaria, sino que es un símbolo inagotable que nos incita a investigar interdisciplinariamente los distintos planos de la realidad, pero sin apartarnos de los principios de la moral universal.  En ese mismo sentido, las figuras retóricas, las metáforas y las comparaciones abundan hasta formar una especie de tejido literario, que es lo que constituye el texto de la liturgia.




Es cierto que la presencia de corrientes filosóficas en nuestras liturgias no tiene la lógica de la filosofía profana, sino la disposición y el arreglo para la sugestión poética y el impacto iniciático. En consecuencia, no es la lógica formal ni la retórica profana las que van a lograr el encadenamiento de todo el juego de categorías científicas, filosóficas y morales que se encuentran en esos textos. Es la fecunda imaginación y la inteligencia del iniciado lo que le da sentido a su investigación masónica fundamentada en las liturgias.  Por eso la  masonería reclama del iniciado inteligencia e intuición para comprender el Arte, puesto que desde las alturas de la formación masónica hay que saber descender a la realidad del mundo para analizarla, cuestionarla y criticarla, pero manteniendo siempre el vuelo majestuoso que nos enseña la Orden. Eso es lo que da a la masonería el carácter de progresista.




Por eso, en el propio seno de la Orden, con una visión profana del mundo, las liturgias no son de fácil lectura, ni se pueden digerir, si no se domina el lenguaje simbólico.  Ello da un cariz diferente a las liturgias masónicas, que no son libros inspirados ni revelados por un Dios, sino creados por el hombre para la recreación intelectual de los iniciados. A estos libros debemos someterlos al análisis permanente para desarrollar la doctrina y construir el templo espiritual que todos anhelamos, pero sin el prurito de cambiar caprichosamente sus textos, porque se pierde el objetivo del Arte Libre contenido en dichos libros y se introduce la anarquía en el Rito, con el pretexto de la “innovación” o de la “actualización”, olvidándose que son libros simbólicos, y “La simbología Masónica puede ser interpretada de diversas formas, ya que el símbolo viene a ser a modo de la luz blanca, que se descompone en un color diferente en cada alma”

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