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La cámara de reflexión

Si no se trata de una religión ni de un movimiento político, ¿en qué consiste un rito? Con el objeto de desmitificar la oscuridad con la que se ha venido rodeando la masonería, los cuatro deciden afrontar parte de esta conversación visitando los templos.


Al bajar las escaleras, una habitación de paredes blancas con un par de máquinas de Coca-Cola, varias mesas y decenas de sillas. “Aquí se terminan los ritos con un ágape”. ¿Qué significa eso exactamente? “Cenamos todos juntos de un modo especial. Cada hermano aporta una plancha –una especie de documento– que le sirve como guía para exponer un discurso acerca de un tema concreto. Los demás escuchan y luego completan con otras intervenciones. Eso sí, desde el respeto y sin caer en la crítica”.



Miguel Colmenares es arquitecto y masón.

Miguel Colmenares es arquitecto y masón. Jorge Barreno



En el hueco de la escalera se encuentra la cámara de reflexión, que no se enseña a las visitas. Es una habitación oscura, antiguamente situada bajo tierra, en la que los futuros aprendices afrontan una prueba: enfrentarse a sí mismos a la luz de una vela y una calavera. Una especie de reflexión acerca de la finitud del hombre y la búsqueda de lo trascendente.

“Antes de eso, quien quiera convertirse en aprendiz debe pasar una especie de entrevista de trabajo. Aceptamos a todo aquel que sea libre y de buenas costumbres”. ¿Qué preguntas suelen hacerse? “Las que se le ocurrirían a cualquiera con sentido común. Hablando en plata: no aceptaríamos a una persona condenada por estafar y robar dinero a toda su comunidad de vecinos”.

El secreto masónico


En caso de que esta persona lograra ser aceptada por la masonería, comenzaría a participar en los ritos. En este punto, es difícil concretar. “¿Para qué lo vamos a contar? Es como si quisieras conocer el final de la película antes de verla”. La globalización e internet han roto lo que algunos llamaban “secreto masónico” porque cualquiera que quiera es libre de indagar. “Incluso en ese caso, se aburrirán porque un rito tiene un sentido distinto para cada uno”.

El templo situado a la izquierda es rojo. El suelo parece un tablero de ajedrez. Hay tres columnas en el centro, un altar y un piano eléctrico. A la puerta, decenas de espadas. Sí, espadas, como las medievales. “Son parte de algunos de los ritos”.

Sin entrar en detalles porque así lo estipula la Gran Logia, los hermanos presentes describen sus ritos como una especie de ambiente de “psicodrama” que permite a cada uno bucear en su interior y aislarse del mundanal ruido. ¿Y eso cómo se hace? “Bueno, trabajamos con símbolos muy antiguos. Cada uno los interpreta de forma distinta. Por eso no tiene sentido explicar qué es lo que hacemos. Cada persona le encuentra una motivación diferente. Por eso hablar de secreto masónico es una tontería”.



La gran Logia de Madrid.

La gran Logia de Madrid. Jorge Barreno



A la derecha, otro templo un poco más grande. No tiene nada que ver con el anterior. Las paredes son de un azul celeste y hay más sillas. Dos escenarios distintos para diferentes ritos. En España, los más habituales son el ‘Escocés antiguo y aceptado’ y el de ‘Emulación’, aunque también se practican otros como el ‘Francés moderno’. “El trasfondo es el mismo, pero cambian los símbolos a interpretar”.

Son casi las once de la noche. Los hermanos se despiden con un abrazo y tres besos. ¿Y eso por qué? “La trinidad, aquí todo son símbolos, dale una vuelta”. Mañana madrugan. Abandonan la Logia en coche. No visten túnica ni levitan. Simplemente buscan, con todo lo que eso significa.

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