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Buenismo no es fraternidad




jj19


Existe una cierta tendencia a trufar el concepto de Fraternidad, fundamento de la masonería, con algunos vicios cuyo resultado final resulta en algo que podríamos denominar “buenismo” y que a la larga pueden resultar, como cualquier vicio contumaz, algo muy peligroso para la institución, Obediencia o Logia, que cae en él.


Somos tan buenos que no avanzamos, damos vueltas en círculo sin el menor sentido, incapaces de modificar un ápice nuestras costumbres porque al carecer de sentido crítico, peor aún, al no ejercer el que poseemos, nuestra piedra sigue igual de imperfecta días tras día. Ahora bien, ¿realmente somos tan buenos como pretendemos o simplemente nos limitamos a disfrazar, con un envoltorio de presunta bondad, una actitud intelectualmente soberbia, que no es más que el reflejo de aquellos metales de los que nos resulta imposible desprendernos? Creo que deberíamos reflexionar sobre este tipo de actitudes.


Somos tan buenos que hasta puede que se nos olviden nuestras obligaciones, todas, al mismo tiempo que nadie quiera dar el primer paso para recordarnoslas por mor de un mal entendido sentido de pertenencia “al grupo”, porque el grupo es algo más que el nanocosmos de la Logia, y digo nanocosmos porque ni tan siquiera la Obediencia traspasa la consideración de microcosmos. Todo en masonería es excesivamente pequeño y eso nos impele a encerrarnos en pequeños círculos que nos hacen olvidar la visión universalista que debiera presidir nuestro afán.


Las promesas y juramentos que realizamos una y otra vez, los compromisos libre y conscientemente adquiridos, devienen en papel mojado porque en nuestra ignorancia, fruto de ese “buenismo” que nos caracteriza, confundimos nuestros papeles y pensamos que lo correcto es no corregir, no molestar, no vaya a ser que una llamada de atención se convierta en un atentado grave contra la fraternidad y así llega a ocurrir que incluso algunos deben soportar el peso de otros.


Ese buenismo, falsamente pacifista, es el perfecto caldo de cultivo para que los egos, y la ya señalada soberbia intelectual, se vayaN apoderando de nuestros talleres como esas malas hierbas que de repente vemos que han invadido nuestro hermoso e idílico jardín, y para cuya erradicación hemos de dedicar ingentes esfuerzos que, naturalmente, debemos de detraer de afanes más importantes y provechosos, con el fin de que vuelva a ser aquello que realmente queremos que sea, un lugar de paz, bello, al abrigo de vientos y tormentas y en el que la auténtica fraternidad florece para, incluso, corregir a quien sea incapaz de entender claramente por donde discurre uno de los conceptos básicos de la filosofía masónica, la igualdad, o quien crea que la libertad es la propia a costa incluso de la ajena, fruto natural de un sentimiento de superioridad antítesis de cualquier consideración realmente fraterna.

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