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MASONERIA Y ALGO MAS




La Francmasonería es un cuerpo construido por la experiencia. Cada piedra es un paso más debido a la evolución de la inteligencia. Los altares de la Francmasonería están adornados con joyas de miles de años; sus rituales resuenan con palabras que provienen de ilustres profetas y de sabios esclarecidos. Innumerables religiones han aportado sus dones de sabiduría hasta su altar. Muchísimas artes y ciencias han contribuido a enriquecer su simbolismo. Es más que una fe; es un camino de certidumbre. Es más que una creencia; es un hecho. La Francmasonería es una universidad en la que se enseñan las artes liberales y las ciencias del alma a todo el que escucha e interpreta sus veladas enseñanzas. Es una sombra de la gran Escuela Atlántida de Misterios, que existía esplendorosa en la antigua Ciudad de las Puertas de Oro, ahora cubierta por las turbulentas aguas del Atlántico. Sus cátedras son asientos de sabiduría; sus columnas sostienen el arco de la educación universal, no sólo en cuanto a cosas materiales, sino también a las cualidades que constituyen el espíritu. En sus tableros se hallan inscritas las sagradas verdades de todas las religiones y de todos los pueblos, y los que saben comprender pueden gozar, gracias a la trascendencia de sus planteamientos, dela gran Realidad. La Francmasonería es, en verdad, aquello, largo tiempo perdido, en cuya busca se atormentaron los hombres a través de las edades. La Francmasonería es el común denominador y también el común divisor de la aspiración humana.


El símil de gran parte de las religiones que el mundo ha conocido, es una procesión: uno guía y los demás siguen. A los pies de los semidioses, el hombre sigue buscando la verdad y la luz. El cristiano sigue al dulce Nazareno hasta las tormentosas cumbres del Calvario. El budista sigue a su gran emancipador a través de sus vagares por la selva. El mahometano realiza su peregrinaje a través del desierto arenoso hacia la negra tienda de la Meca. La verdad guía, y la ignorancia la sigue en su marcha. El espíritu ilumina el camino, y la materia sigue detrás. En el mundo, los ideales sólo viven un momento en su pureza, luego, los escogidos huéspedes de las tinieblas apagan la deslumbrante pira. La Escuela de Misterio, sin embargo, permanece inconmovible. No trae su luz a los hombres; el hombre debe llevar su luz a ella. Los ideales, cuando se aposentan en el mundo, se convierten en ídolos al cabo de pocas horas, pero el hombre que traspasa las puertas del santuario vuelve a convertir al ídolo en ideal.


El hombre asciende por una interminable escalinata con los ojos fijos en el objetivo que está en lo alto; muchos no pueden verlo, sino una o dos gradas. El hombre, sin embargo, ha aprendido una gran lección, y es que sólo él es el forjador de su propio carácter y así es como ha adquirido fuerza y valor para ascender por la escalinata. Por tanto, el Francmasón es constructor del templo de su personalidad. Es el arquitecto de un misterio sublime: el luminoso y radiante templo de su alma. Comprende que sirve mejor a Dios cuando se une al Gran Arquitecto para construir más y más nobles estructuras en el mundo en que vive. Todos los que tratan de obtener la maestría (o dominio) mediante esfuerzos constructivos, son Francmasones de corazón, sin que en ello tenga que ver la secta religiosa o creencia a que pertenezcan. No sólo se es Francmasón por el hecho de pertenecer a una Logia. En un sentido amplio. Francmasón es todo el que diariamente trata de vivir una vida en perfección constante y de servir con inteligencia y armonía a las necesidades del Gran Arquitecto.


El hermano Francmasón se obliga voluntariamente a ayudar a todo buscador de la verdad en cualquier nivel y circunstancia; y al hacerlo se compromete con todo lo viviente, porque ellos son constructores de templos, afanados en erigir nobles edificios para la gloria del Dios universal.


La verdadera Logia Masónica es una Escuela de Misterio, un lugar en donde los candidatos son alejados de locuras y frivolidades del mundo, e instruidos en los misterios de la vida y de la muerte, en las relaciones fraternales del desinterés y la armonía, en la identidad de ese germen de esencia espiritual de que es parte y por tanto hijo de Dios, bien amado de Su Padre. El Francmasón considera la vida seriamente, dándose cuenta de que cada momento derrochado es una oportunidad perdida, y que la Omnipotencia gradual sólo se gana mediante formalidad y dedicación. Sobre toda otra relación, reconoce la fraternidad universal entre todo lo viviente. El significado del apretón de manos, explicado en Logia, refleja su actitud para con todo el mundo, por que él es compañero de todas las cosas creadas. Se da también cuenta de que su espíritu es joya deslumbrante que debe pulir en el templo sagrado con el trabajo de sus manos, la aspiración de su corazón y la meditación de su mente.


La Francmasonería es una filosofía esencialmente sin dogma. Por eso es más verdadera. Sus componentes se inclinan ante la verdad sin parar mientes en quién es portador de ella; sirven a la luz, en vez de preocuparse del que la trae. En su camino, prueban que se hallan afanados en conocer mejor la voluntad y los dictados del Creador. No existe religión más verdadera que ésta de la camaradería mundial, de la hermandad, de la solidaridad y la unión en el propósito de glorificar a un Dios universal y edificar para Él un templo de actitud constructiva y de carácter noble, en el propio corazón de cada uno de sus componentes.


MANLY HALL

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