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LA CONEXIÒN GNÒSTICA

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LOS PRIMEROS CENSORES CRISTIANOS


El Siglo XX ha sido muy fructífero en lo que se refiere a desente­rrar manuscritos perdidos, siendo los descubrimientos más im­portantes los llamados Rollos del Mar Muerto, encontrados en Qumran, en una serie de cuevas en el desierto, a veinte millas al este de Jerusalén,  y la extensa colección de Evangelios Gnósticos descubiertos en Nag Hammadi, en el Alto Egipto, en 1945.


Parece razonable suponer que aún quedan descubrimientos por hacer en el futuro y que en el pasado se han hecho mu­chos que no se registraron. Los hallazgos de tiempos pasados pueden catalogarse bajo tres encabezados: los que se conocen y están registrados, los destruidos o perdidos después, y los que se han encontrado pero se han mantenido en secreto. Especula­mos que quizá los templarios hayan desenterrado una colec­ción de escritos similar a estos hallazgos recientes, pero que los escondieron a la vista del mundo.


La francmasonería moderna ha sido descrita en varias oca­siones como gnóstica en muchos aspectos, por lo que decidi­mos que nuestro mejor punto de partida sería un estudio de la biblioteca de Nag Hammadi para ver si lográbamos encontrar alguna clave de lo que los templarios pudieron haber hallado.


 


LOS EVANGELIOS GNÒSTICOS


Hoy día, el término gnóstico se usa como un nombre colectivo para una variedad de trabajos heréticos que por un tiempo infectaron a la auténtica Iglesia en el pasado lejano, pero que fue­ron proscritos como tonterías importadas de otras religiones. Ésta es una etiqueta por completo inexacta y no identifica una sola escuela de pensamiento. Los escritos que se describen como gnosticismo cristiano van desde aquellos con influencias indias, persas y otras distintas hasta los que contienen conceptos judíos más tradicionales. Algunos de estos trabajos son en extre­mo raros, con historias como que el niño Jesús, en un arranque de furia, asesinó a otros niños y después les devolvió la vida a algunas de sus víctimas. Otros son claros y simples mensajes filosóficos atribuidos a Jesucristo.


La misma palabra viene del griego gnosis, que significa co­nocimiento o entendimiento, no en el sentido científico sino en una interpretación más espiritual, en la forma en la que los budistas pueden encontrar la iluminación mediante la auto contemplación y la empatía con el mundo que los rodea. Para los gnósticos, la conciencia de sí mismos, la apreciación de la natu­raleza y las ciencias naturales son caminos que llevan a Dios. La mayoría de los gnósticos cristianos consideraban a Jesucristo, no como dios, sino como el hombre que iluminaba ese camino, de la misma manera que Gautama Buda y Mahoma son vistos por sus seguidores.


Los Evangelios Gnósticos han existido por lo menos tanto tiempo como los Evangelios del Nuevo Testamento, pero estos trabajos no canónigos se dieron a conocer a una audiencia no académica más amplia a partir de la publicación de cincuenta y dos rollos de papiro en escritura copta desenterrados en diciem­bre de 1945 cerca de la ciudad de Nag Hammadi en el Alto Egip­to. Si bien estos peculiares documentos datan de 350-400 d.C, se sabe que muchos son copias de trabajos tres mil años más viejos. Fueron encontrados por un joven árabe llamado Muhammed Ali al-Samman y sus hermanos en una jarra roja sellada de casi noventa centímetros de altura, que estaba enterrada en arena cerca de un gran depósito. Los hermanos rompieron la jarra esperando encontrar un tesoro, pero se decepcionaron al ver que adentro sólo había trece libros de papiro envueltos en piel. Los llevaron a su casa y como estaban secos pensaron que era un excelente material para prender el horno de la familia. Por fortuna, el joven Muhammed Ali estaba siendo investigado por la policía, por lo que, temeroso de que lo acusaran de haber­se robado los textos, le pidió a un sacerdote local, al-Qummus Basiliyus Abd al-Masih, que los escondiera. Como es natural, el sacerdote se percató del posible valor de los documentos y mandó algunos a El Cairo para que fueran valuados; ahí pasaron por las manos de varios comerciantes y académicos hasta que una sección del Evangelio de Tomás, mucho más antigua que cualquiera que se haya visto antes, terminó por fin en manos del profesor Quispel de la Fundación Jung en Zurich. Éste se mara­villó de lo que veía y pronto le siguió la pista al resto de la colec­ción que, inexplicablemente, para entonces ya había encontra­do su camino hasta el Museo Copto en el Cairo.


Una vez que tuvo la oportunidad de estudiar los documen­tos completos, el profesor Quispel se dio cuenta de que lo que estaba viendo eran textos hasta entonces desconocidos que habían sido enterrados hacía casi mil seiscientos años en un periodo crucial en la formación de la Iglesia Católica Romana. Los trabajos redescubiertos fueron suprimidos por los eclesiás­ticos cristianos por considerarse heréticos. De no haber sido así, el cristianismo se habría desarrollado en una dirección muy diferente y la forma ortodoxa de la religión que conocemos en la actualidad podría no haber existido. La permanencia de la estructura teológica y de organización de la Iglesia Católica Ro­mana siempre ha dependido de la supresión de las ideas conte­nidas en estos libros.


 


LA RESURRECCIÒN GNÒSTICA


Había grandes diferencias entre dos tradiciones cristianas tem­pranas con respecto a la verdad detrás de la resurrección de Jesucristo.1 En la obra gnóstica Treatise on Resurrection exis­tencia humana ordinaria se describe como la muerte espiritual, en tanto que la resurrección es el momento de iluminación, que revela lo que existe de verdad. Cualquiera que se aferré a esta idea se vuelve espiritualmente vivo y puede ser revivido de la muerte de inmediato. La misma idea puede encontrarse en el Evangelio de Felipe que ridiculiza a "los cristianos ignorantes que toman la resurrección en forma literal":


Aquellos que dicen que primero morirán y luego se levantarán están en un error, deben recibir la resurrección mientras viven.


Esta descripción de una resurrección en vida nos recordó el tema de la ceremonia de Tercer Grado Masónico y nos impulsó a investigar más sobre la causa del escándalo acerca de la resu­rrección de Jesús.


Hay consecuencias importantes de la creencia literal en la resurrección del cuerpo de Jesús que luego ascendió al cielo. Toda la autoridad de la Iglesia Católica Romana se deriva de las experiencias de la resurrección de Jesucristo por los doce após­toles favorecidos, una experiencia que estaba cerrada a todos los recién llegados que estuvieran buscando su ascenso al cielo. Esta experiencia cerrada e inmutable tenía enormes implica­ciones para la estructura política de la Iglesia.


Restringía el liderazgo a un pequeño círculo de personas que asumían puestos de indiscutible autoridad y a este gru­po se le confería el derecho de nombrar a futuros líderes como sus sucesores. Esto dio como resultado la imagen de la autoridad religiosa que ha sobrevivido hasta nuestros días: que sólo los apóstoles tenían autoridad religiosa definitiva y que sus únicos herederos legítimos son los sacerdotes y los obispos, señalando la misma sucesión apostólica como el origen de su ordenación Incluso en la actualidad, el Papa deriva su au­toridad de Pedro, el primero de los apóstoles, por ser el pri­mer testigo de la resurrección. Era de gran interés para los dirigentes de la Iglesia, en sus inicios, aceptar la resurrección como una verdad literal debido a los beneficios que les confería en forma de una fuente de autoridad indiscutible. Como nadie de ninguna generación posterior pudo haber tenido acceso a Cristo de la manera en que los apóstoles lo tuvieron durante su vida y resurrección, todo creyente debe buscar autoridad en la Iglesia de Roma, que se dice fue fundada por los apóstoles, y en sus obispos.


La Iglesia Gnóstica llamó a esta visión literal de la resurrec­ción "la visión de los tontos", declarando que aquellos que pro­clamaban que su maestro muerto había regresado físicamente a la vida confundían una verdad espiritual con un hecho real. Los gnósticos citaron la tradición secreta de las enseñanzas de Jesucristo como se encuentra registrada en la arenga a sus discípu­los según Mateo:


Se te han dado a conocer los misterios del reino de los cielos, pero a ellos no.



Los gnósticos reconocían que su teoría del conocimiento secre­to, que se obtendría por sus propios esfuerzos, también tenía implicaciones políticas. Sugiere que cualquiera que vea al Señor mediante una visión interior puede declarar que su propia auto­ridad iguala o sobrepasa aquella de los apóstoles y sus suceso­res.


Encontramos que Ireneo, conocido como el padre de la teolo­gía católica y el más importante teólogo del siglo II d.C, vio los peligros que este punto de vista representaba para la autoridad de la Iglesia:


Se consideran a sí mismos maduros de tal forma que nadie puede compararse con ellos en la grandeza de su gnosis, ni siquiera si se menciona a Pedro o a Pablo o a cualquiera de los otros apósto­les... Imaginan que ellos mismos han descubierto más que los após­toles y que los apóstoles recitaban el evangelio bajo la influencia de las opiniones judías, pero que ellos son más sabios e inteligen­tes que los apóstoles


Aquellos que se consideran más sabios que los apóstoles tam­bién se consideran más sabios que los sacerdotes, porque lo que los gnósticos dicen acerca de los apóstoles y en particular de los doce, expresa su actitud hacia los sacerdotes y obispos que reclaman ser parte de la sucesión apostólica ortodoxa. Además, muchos maestros gnósticos declaran tener acceso a sus propias fuentes secretas de tradición apostólica, en directa riva­lidad con lo que se acepta comúnmente en las iglesias. En el texto gnóstico del Apocalipsis de Pedro, la demanda de autori­dad religiosa por parte de la Iglesia Ortodoxa está minada por una conversación de Cristo resucitado que le explica a Pe­dro que:


... aquellos que se autonombran obispos y diáconos y actúan como si hubieran recibido su autoridad de Dios son en realidad canales sin agua. Aunque no entienden el misterio, se jactan de que el misterio de la verdad les pertenece sólo a ellos Han malinterpretado esa enseñanza de los apóstoles y han establecido una iglesia de imitación en el lugar de la verdadera hermandad cristiana.


Este argumento fue tomado y expuesto por los académicos que tradujeron los Evangelios Gnósticos. Nos llamó la atención la importancia política de esta idea de una resurrección en vida cuando una tarde, en la Biblioteca de la Universidad de Sheffíeld, encontramos este comentario de la respetada académica gnóstica Elaine Pagels:


Reconocer las implicaciones políticas de la doctrina de la resu­rrección no explica su extraordinario impacto en las experien­cias religiosas de los cristianos... pero en términos del orden social... las enseñanzas ortodoxas sobre la resurrección tienen un efecto diferente Legitiman la jerarquía de personas a través de cuya autoridad todos los demás deben acercarse a Dios La ense­ñanza gnóstica era subversiva de este orden, proclamaba ofrecer a cada iniciado un medio de acceso directo a Dios el cual los mismos sacerdotes y obispos pudieron haber ignorado.2


Ahora sabemos que la interpretación de la resurrección fue una tremenda fuente de controversia en los inicios de la Iglesia cris­tiana y que había habido una tradición secreta que se refería a las resurrecciones espirituales en vida conectada con un grupo de cristianos denominados gnósticos y denunciados como he­rejes por razones políticas, ya que su interés por la obtención del conocimiento rebajaba la autoridad de los obispos de la Igle­sia ortodoxa.


La resurrección también figuraba de manera prominente en el ritual del Tercer Grado Masónico, pero en ese caso era más una historia de resurrección en vida mezclada con la de un asesi­nato ilegal y la recuperación y re entierro de un cuerpo muerto Habíamos encontrado referencias al elemento de la resurrec­ción en vida en los Evangelios Gnósticos, pero ahora nece­sitábamos más información para tratar de dilucidar lo que los templarios pudieron haber encontrado. Con este propósito leí­mos las traducciones de los descubrimientos de Nag Hammadi.



Los libros relacionados con Tomás en particular nos dieron pistas adicionales. En el Evangelio de Tomás encontramos una oración que corresponde de manera directa con las bases del ritual de la masonería distinguida (mark):


Jesús dijo: "Muéstrenme la piedra que los constructores han re­chazado. Ésa es la piedra angular."


Sabíamos que existen pasajes similares en el Nuevo Testamento:


Jesús les dijo: "¿Nunca leyeron en las escrituras: la piedra que los constructores rechazaron, la misma se ha vuelto la cabeza angu­lar: ésta es la obra del Señor, y es maravillosa ante nuestros ojos?" Mateo 21:4


"Y no han leído esta escritura: la piedra que los constructores rechazaron se ha vuelto la cabeza angular." Marcos 12:10


"Y él les advirtió y les dijo,"¿Qué es entonces esto que está escri­to: la piedra que los constructores rechazaron, la misma se ha vuelto la cabeza angular?" Lucas 20:17


 


Todas estas citas de los Evangelios Sinópticos (Mateo, Marcos y Lucas) hablan de la enseñanza de Jesús de las escrituras acerca de la importancia de una piedra angular que fue rechazada; pero sólo en el Evangelio de Tomás él exige que se le muestre la piedra que los constructores habían rechazado, en un paralelismo exacto con el ritual del grado de Masonería Distinguida. Esto parece indicar una conexión entre la francmasonería y el gnosticismo.


Más aún, en otro trabajo, los Actos de Tomás, encontramos la historia del apóstol que construye un hermoso palacio en el Cielo mediante sus buenas obras en la Tierra. Esta historia es el compendio de las señas de la esquina noreste que figuran en el ritual del Primer Grado Masónico.


Aunque estos puntos eran interesantes, no parecían suficien­tes para explicar el comportamiento de los caballeros templa­rios, que fue la razón inicial por la cual estudiamos estos textos. Así que en esta etapa, en la que hallamos posibles conexiones entre el cristianismo gnóstico y la francmasonería moder­na, no surgió nada realmente concreto. Encontramos algunos conceptos fundamentales que guardaban paralelismos con los principios de la francmasonería, en particular la idea de que las personas deben pasar por una resurrección cuando aún están vivas; pero en ese momento decidimos que nece­sitábamos ver más de cerca la formación de la primera Iglesia Cristiana si queríamos deducir qué era lo que los tem­plarios encontraron.


 


CONCLUSIÓN


Especulamos que los templarios pudieron haber encontra­do unos escritos ocultos que cambiaron su percepción del mundo y, en un intento por averiguar qué descubrieron, examinamos una colección de escrituras cristianas previas que de manera colectiva se conocen como los Evangelios Gnósticos. Concluimos que el concepto de gnosis (conocimiento) es el opuesto al concepto de la Iglesia de fe y que es un tipo de pro­ceso de pensamiento que encaja bien con la masonería.


Hemos llegado a la conclusión de que mucho de la selectiva doctrina de los inicios de la Iglesia se basa en la conveniencia política tanto como en la opinión religiosa. En los descubrimien­tos de Nag Hammadi, escondidos entre 350-400 d.C. y redescu­biertos en Egipto, encontramos una interpretación bastante distinta de la verdad detrás de la resurrección de Jesús. Había una tradición gnóstica cristiana de una resurrección en vida que nos recordó mucho la ceremonia de Tercer Grado Masónico.


La creencia literal en la resurrección del cuerpo de Jesús, que más tarde ascendió al Cielo, fue un factor vital para la auto­ridad de la Iglesia Católica Romana. Esta autoridad se deriva de las alegadas experiencias de la resurrección de Jesús por , parte de los doce apóstoles favorecidos, experiencia que estaba negada a todos los recién venidos después de su ascenso al Cie­lo. Esta cerrada e inmutable experiencia era la fuente de poder del Obispo de Roma en la estructura política de los inicios de la Iglesia, y le concedía autoridad indiscutible sobre aquellos que tenían fe.


Leímos los escritos gnósticos que llamaban a esta visión lite­ral de la resurrección la fe de los tontos, declarando que cual­quiera que anunciara que su maestro había muerto y vuelto a la vida físicamente malentendía una verdad espiritual como si fue­ra un hecho real y era como un canal sin agua. Este punto de vista se apoyaba en una atracción hacia una tradición secreta de las enseñanzas de Jesús en los Evangelios de Mateo. Ireneo, teólogo del siglo II, escribió acerca de los peligros para el poder de los sacerdotes establecidos de la idea de una resurrección en vida. Por medio de nuestro estudio de los textos de Nag Hammadi descubrimos que la interpretación de la resurrección causó tremendas controversias durante los inicios de la Iglesia Cristiana y que un grupo de cristianos denominados gnósticos tenían una tradición secreta referente a resurrecciones espiri­tuales en vida conectadas con Jesús. Concluimos que los gnósticos fueron denunciados por herejes debido a razones políticas; más aún, su interés por obtener conocimientos rebaja­ba la autoridad de los obispos de la Iglesia ortodoxa.


Una lectura más extensa de los Evangelios Gnósticos nos evocó fuertes ecos ancestrales del ritual masónico que conocía­mos bien e, impulsados por estos descubrimientos, decidimos observar de cerca la Iglesia Cristiana inicial con una mente más abierta. Empezamos por considerar la singularidad de las decla­raciones hechas por el mismo Jesucristo.


 


NOTAS


1  Elaine Pagels, The Gnostic Gospels. (Versión española: Los evangelios gnósticos, publicada por Grijalbo.)


2  Ibid.

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