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¿DÔNDE TUVO SUS ORÌGENES LA ORDEN?




















MASONERIA 2

LA BÚSQUEDA COMIENZA
Christopher Knight y Robert Lomas


¿DONDE TUVO SUS ORÍGENES LA ORDEN?


Antes que nosotros, un gran número de hombres bien informa¬dos se propusieron encontrar los orígenes de la francmasonería, y no pasaron por alto ninguna de las posibilidades obvias; tampoco lo hicieron las hileras de embusteros y charlatanes que se han unido a la cacería. Para algunos el recorrido es sencillo: la francmasonería es tan antigua como lo registra su historia pública (el siglo XVI) y pretender situarla en una fecha anterior a esos registros es un capricho que no tiene sentido. Esta actitud pragmática no es complicada, pero, como demostraremos, es la hipótesis más fácil de rechazar por muchas razones, y la más importante es que hay amplia evidencia de que la orden se materializó poco a poco a lo largo de más de trescientos años antes del establecimiento de la Gran Logia de Inglaterra.


A partir de dicho establecimiento en 1717, la orden ha ido manifestando su existencia; sólo sus métodos de reconocimiento se han mantenido fuera de la mirada pública. Pero la organización que ahora llamamos francmasonería era una sociedad secreta antes de la mitad del siglo XVII y las sociedades secretas, por definición, no publican historias oficiales. Por tanto, decidimos investigar la posible historia de la Ciencia antes de que se hiciera pública y sentimos que había tres teorías serias que los historiadores masónicos consideraron:


1. Que la francmasonería es tan antigua como el ritual masónico indica; de hecho, se creó como resultado de los sucesos en el Templo del Rey Salomón, los cuales se nos han transmitido, aunque como mecanismos desconocidos.
2. Que se desarrolló a partir de los gremios de albañiles medievales, por lo cual las habilidades masónicas artesanales con la piedra se tradujeron en lo que los masones llaman habilidades masónicas contemplativas de desarrollo moral.
3. Que el ritual masónico se origina directamente de la Orden de los Pobres Compañeros-Soldados de Cristo y del Templo de Salomón, mejor conocidos ahora como los Caballeros Templarios.


La primera teoría, que la francmasonería fue la creación del rey Salomón, nos pareció imposible de investigar porque el Antiguo Testamento es la única fuente, así que no fuimos más allá en aquel tiempo.


La segunda, que los albañiles medievales desarrollaron la Ciencia para su propio desarrollo moral, es una teoría que ha encontrado aceptación en casi todos los ámbitos, masones y no masones. Pero, a pesar de la aparente lógica de esta idea y del gran número de libros que la han promovido durante varias generaciones, una vez que la consideramos en profundidad, nos percatamos de que era difícil de comprobar. Para empezar, no obstante la rigurosa investigación, no pudimos encontrar un solo registro que mostrara que los gremios de albañiles medievales hubieran existido en Inglaterra. Estábamos seguros de que, de haber existido, aún quedaría algún indicio de ello; ciertamente existieron en muchos países europeos y hay un cúmulo de evidencias de sus actividades. El libro History of Freemasonry de Gould contiene página tras página de emblemas de los gremios de albañiles de toda Europa, ¡pero ninguno es británico!


Estos trabajadores eran habilidosos artesanos empleados por la Iglesia o por ricos terratenientes, y parece improbable que sus amos hayan sido lo suficiente ilustrados como para permitir alguna forma de unión gremial, aun en el caso de que los trabajadores hayan deseado iniciar semejante organismo unificador.


Muchos de ellos tenían que pasar la vida entera trabajando en una sola construcción, como una catedral, y la necesidad de se¬gales de reconocimiento y contraseñas secretas nos pareció inexistente, ya que la vida de los albañiles giraba en torno al mismo sitio de construcción por cincuenta años.
La mayoría de los albañiles en la Edad Media eran iletrados y habrían tenido poca o ninguna educación fuera de su aprendizaje, que sólo los proveía de habilidades para el oficio. Imaginar que pudieran haber entendido, ya no digamos que hubieran dado origen, a un ritual tan complejo como el usado ahora por los francmasones, carece de credibilidad Su vocabulario y más probablemente su capacidad para el pensamiento abstracto han de haber sido en efecto muy limitados Viajar era un acontecimiento tan raro para todos, excepto para los maestros albañiles mejor capacitados, que los signos, saludos y contraseñas tan secretos no hubieran sido de gran utilidad; e incluso si viajaban de la construcción de un edificio a otra, ¿para qué necesitarían formas secretas de reconocimiento? Si alguien se hubiera querido hacer pasar por un albañil, no tomaría mucho tiempo darse cuenta de su falta de habilidad para trabajar la piedra.


Como muchos reyes y sus más poderosos lores habían sido francmasones en lo que se conocía como los inicios de la orden hasta el presente (véanse los Apéndices), no podíamos imaginar las circunstancias en las que un grupo de nobles se hubiera pre¬sentado en una reunión de albañiles para preguntarles si podían copiar sus procedimientos y usarlos, de manera simbólica, para su propio desarrollo moral.


Encontramos la evidencia definitiva para deshacernos de la teoría de los albañiles al estudiar lo que se conoce en la francmasonería como los Antiguos Mandamientos Qandmarks), el más viejo de los cuales se cree que data de finales del siglo xv. Proponen reglas de conducta y responsabilidad para los francmasones y siempre se ha supuesto que fueron tomados de códigos de conducta pertenecientes a los gremios de albañiles medievales. Uno de esos mandamientos establece que ningún hermano debe revelar ningún secreto legítimo de otro herma¬no si eso pudiera costarle la vida y la propiedad. El único secreto masónico legítimo en esos tiempos que automáticamente conllevaría semejante pena si fuera descubierto por el Estado, hubiera sido la herejía, crimen que con seguridad no habría sido cometido o condonado por simples albañiles cristianos. La pregunta que nos hicimos fue: "¿Cómo es posible que la herejía fuera anticipada como posible secreto culposo de estos cons-tructores de castillos y catedrales?" No tenía sentido Las organizaciones no elaboran reglas importantes en caso de que alguno de sus miembros algún día fuera secretamente culpable de un crimen en contra de la Iglesia; es claro que quien haya dado origen a este Antiguo Mandamiento estaba consciente de que cada hermano vivía en peligro de ser señalado por hereje. Estábamos seguros de que estas reglas no fueron creadas por simples albañiles, sino por un grupo que vivía en los límites de la ley del territorio


Una vez satisfechos de que no había evidencia para sostener la teoría de los albañiles y sí mucha para reprobarla, nos intrigó cada vez más averiguar a qué clase de personas podrían haber¬se referido los Antiguos Mandamientos. Otro mandamiento del mismo periodo, muy discutido por los historiadores, da indicios de un antiguo propósito muy clandestino. Se refiere a la provisión de empleo para un hermano visitante por un periodo de dos semanas, después del cual se le debería dar algún dinero y ponerlo en camino a la siguiente logia. Éste es el tipo de trata¬miento que uno esperaría que se le diera a un hombre que está huyendo, buscando una casa de seguridad en su camino. Un mandamiento más prohíbe a los masones tener relaciones sexuales con la esposa, hija, madre o hermana de un hermano francmasón, lo que sería de absoluta necesidad para mantener el sistema de casas de seguridad: llegar a casa y encontrar a un invitado masón en la cama con la esposa o la hija de uno más bien dificultaría el juramento de caridad fraternal. No podíamos imaginar de qué posible herejía pudo haber sido culpable este grupo masónico inicial, para crear tan estructurado sistema de reconocimiento y sobrevivencia fuera de la Iglesia y el Estado. Además de estos factores que desacreditan la teoría de los albañiles, es esencial recordar que la imaginería central de la masonería es la construcción del Templo del Rey Salomón. No hay lazos que conecten a los albañiles medievales con este su¬ceso, pero ciertamente sí los hay en lo que concierne a la tercera teoría, la de los Caballeros Templarios.


LOS CABALLEROS TEMPLARIOS, o, para darles su título completo, los Pobres Compañeros -Soldados de Cristo y del Templo del Rey Salomón, se formaron casi seiscientos años antes del establecimiento de la Gran Logia de Inglaterra. Si hay una conexión entre estos monjes-guerreros de las cruzadas y la francmasonería, tendríamos que explicar la brecha de 410 años entre la repentina muerte de la orden en octubre de 1307 y la aparición formal de la Ciencia. Este rompimiento ha hecho que muchos observadores, masones y no masones, descarten las sugerencias de un vínculo como pensamiento mágico; algunos han publicado libros para demostrar que los que apoyan esta teoría son sólo románticos predispuestos a creer en tonterías esotéricas. Sin embargo, la evidencia disponible más reciente apoya ahora con fuerza el argumento a favor de la conexión entre templarios y francmasones, y nuestras propias investigaciones lo han puesto más allá de ninguna duda.
Antes de considerar la formación de esta fascinante orden, examinamos las circunstancias de la construcción que dio nombre a los templarios y su tema a los francmasones.


EL TEMPLO DEL REY SALOMÒN
Encontramos que, en el sentido amplio, había cuatro templos relacionados con el Monte Morían en la ciudad de Jerusalén. El primero fue el construido por el rey Salomón hace tres mil años. El siguiente nunca existió en piedra; fue el visto por el profeta Ezequiel en una visión durante el cautiverio de los judíos en Babilonia alrededor de 570 a.C. Aun imaginario, no podía ignorarse a este templo, ya que tuvo un efecto significativo en las creen¬cias y escritos posteriores de los judíos que después se transmitieron a la creencia cristiana. El tercero fue construido por el rey Zorobabel a inicios del siglo VI a.C, después de que los judíos regresaron de su cautiverio babilónico. Y el último templo fue erigido por Herodes en los tiempos de Jesucristo y destruido por los romanos en 70 d.C, justo cuatro años después de su terminación.


Como descubriríamos más tarde, Salomón se dio a la tarea de crear muchas grandes construcciones, incluyendo un templo para alojar al dios que ahora llamamos Yahvé o Jehová. Ambos nombres son intentos de traducirlo del hebreo, una forma de escritura sin vocales. Suele hacerse referencia a Salomón como un rey sabio, pero, al avanzar en nuestras investigaciones, descubrimos que, como demostraremos más adelante, la designación de sabio se les confirió a todos los constructores y a los reyes que patrocinaban las construcciones por miles de años antes de Salomón.
Los mismos judíos no tenían herencia arquitectónica, y ninguno de ellos contaba con los conocimientos de construcción requeridos para erigir nada que no fuera una simple pared; en consecuencia, el templo en Jerusalén fue construido por obre¬ros contratados a Hiram, el rey fenicio de Tiro. A pesar del nombre, estaba claro para nosotros, y para cualquier observador pre¬vio, que el rey Hiram no tenía nada que ver con Hiram Abif. El ritual del Grado del Sagrado Arco Real, que analizaremos en el capítulo 13, pone muy en claro que Hiram, rey de Tiro, proveyó los materiales, en tanto que otro hombre, Hiram Abif, fue el verdadero arquitecto del templo. Incluso menciona que estos tres personajes (Salomón y los dos Hiram) presidían una importante logia y juntos eran los únicos que poseían los verdaderos secretos de un Maestro Masón.


A pesar de la visión masónica comúnmente aceptada de que este templo fue un punto culminante en la historia de la construcción, Clarke y otros expertos consideran que su estilo, tamaño y disposición son casi una copia al carbón del templo sumerio erigido para la diosa Ninurta mil años antes. Era una construcción pequeña, similar en tamaño a la ordinaria iglesia de pueblo inglesa y se creía que su tamaño era menor que la mitad del palacio de Salomón. Pudimos adivinar dónde residían las prioridades del gran rey cuando descubrimos que la construcción para alojar a su harén era por lo menos tan grande como el Templo de Jehová.


Por nuestro conocimiento del propósito de las iglesias, sinagogas y mezquitas, sería fácil suponer que el templo de Salomón era un lugar en el que los judíos adoraban a su Dios. Esto, sin embargo, sería un error, ya que este templo no fue construido para ser visitado por los hombres; era, literalmente, la Casa de Dios, una casa para el mismo Jehová.


No hay restos físicos del Templo de Salomón ni registros independientes de él, así que nadie puede estar seguro de si en realidad existió o no; podría ser una invención de los últimos escribas judíos que escribieron sus tradiciones orales mucho antes de que la supuesta construcción haya tenido lugar. Nos dicen que éste, el más famoso de todos los templos, fue construido en piedra y en su interior revestido por completo de ce¬dro traído de Tiro. Se dice que sus paredes tenían nueve codos (alrededor de cuatro metros) de espesor en su base y soportaba un techo plano de vigas de cedro rematado en pino. La característica sobresaliente del templo era la cantidad de oro que cubría suelo, paredes y techo, colocado entre los tallados de querubines y flores abiertas. El interior era de veintisiete metros de largo por nueve de ancho, y todo el edificio estaba alineado de oeste a este con una sola entrada en el extremo occidental. Una separación con un par de puertas plegadizas dentro dividía el interior en una hendidura de dos a un tercio, creando un cubo de nueve metros de altura, ancho y largo. Era el Oráculo del Antiguo Testamento, también llamado el Santo de Santos y conocido en el ritual masónico como el Sanctum Sanctorum, que estaba completamente vacío excepto por una caja rectangular de madera de acacia de un metro y cuarto de largo por sesenta centímetros de ancho y sesenta de alto, colocada exactamente en el centro del piso. Era el Arca de la Alianza que con¬tenía sólo tres cosas: dos tabletas de piedra que llevaban los Diez Mandamientos y al mismo dios Jehová. Encima de ella había un pesada hoja de oro sólido y dos querubines de madera, también bastante cubiertos de oro, con las alas extendidas custodiando el precioso contenido.


Estos querubines no eran los niños voladores y regordetes con halos populares entre los pintores del Renacimiento. Se¬rían egipcios en cuanto al estilo, se veían exactamente como las figuras representadas en las paredes y los sarcófagos de las pirámides. El Santo de Santos estaba en permanente oscuridad excepto una vez al año en el Día de Expiación, cuando el Sumo Sacerdote entraba con la sangre del sacrificio nacional, el chivo expiatorio. Después de que el Sumo Sacerdote se iba, se ponía una larga cadena de oro alrededor de las puertas aislando la cámara más pequeña de la más grande. De acuerdo con la tradición judía posterior, este cuarto era usado sólo por los sacerdotes y levitas (sacerdotes por herencia) y tenía un altar de cedro cubierto de oro colocado justo frente a las puertas y, claro, afuera de la entra¬da occidental se levantaban las dos columnas, Boaz y Jachin.


Fue éste entonces el templo que los templarios veneraron como el icono central de su orden Pero las que desenterraron fueron las ruinas de otro templo, construido casi exactamente mil años después en el mismo sitio por el infame rey Herodes ¿Por qué entonces, nos preguntamos, escogieron darse el nombre del templo de Salomón'


CONCLUSIÓN
Decidimos con facilidad que la teoría de los albañiles acerca del origen de la francmasonería no se sostiene bajo un minucioso análisis, por la sencilla razón de que en Bretaña no existieron gremios de albañiles. El hecho de que sí los haya habido en el continente no es relevante porque la francmasonería no se desarrolló en las áreas en las que se formaron estos gremios europeos.


El protocolo hallado en los Antiguos Cargos de la Orden, con su obligación de proveer trabajo y un interés por asegurar la protección de los parientes femeninos de los hermanos, nos pareció que encajaba mucho más con una sociedad secreta que con un grupo de constructores itinerantes.


Realizamos una larga y ardua investigación, pasando cientos de horas en diversas bibliotecas inmersos en libros de consulta, pero, aun con todos nuestros esfuerzos, no pudimos encontrar conexión alguna entre el Templo del Rey Salomón y los albañiles de la Edad Media.


La historia nos dice que existieron tres templos de piedra en el sitio y uno imaginario que no pudo ignorarse puesto que ha inspirado a muchas personas a través del tiempo. El templo original construido para Salomón era una construcción pequeña del tipo de las sumerias, más chico que su harén, erigido para alojar a Jehová, el problemático dios de las tormentas, y no pa¬ra ser un lugar de adoración. El mismo Jehová vivía dentro del Arca de la Alianza que se alojaba en el Santo de Santos del templo, un área conocida entre los francmasones como el Sanctum Sanctorum.


EL arca fue construida y decorada al estilo egipcio y en la entrada occidental de este primer templo se alzaban las dos columnas conocidas por los francmasones como Boaz y Jachin.


La idea de que la orden pudo haber venido del mismo Salomón como una sociedad secreta que mantuvo su continuidad oculta del mundo parecía por completo imposible, y, después de un sencillo proceso de eliminación, nos quedamos con un solo origen razonable para investigar Sabíamos que los primeros Caballeros Templarios excavaron el sitio del último templo, y muchos escritores han sugerido conexiones entre estos caballeros y la masonería.


NOTAS
1 John J. Robinson, Born in Blood
2 J. R. Clarke, "A New Look at King Solomon's Temple and its Connection with Masonic Ritual", publicado en ARS Quator Coronatorum, noviembre de 1976.
3 Peake's Commentary on the Bible
4 W. EAlbright, The Archaeology of Palestine.






















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