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PUBLICACIONES: Y te llamé piedra cúbica (poesía, 2015), de Manuel Marín Oconitrillo Crítica de Gustavo Solórzano-Alfaro*

POESIA

La tradición masónica no es ajena a Costa Rica y menos a su poesía. Brenes Mesén, padre fundacional de nuestra literatura, explora los ideales humanistas y de revelaciones trascendentes en su poema pedagógico Rasur. Marín Oconitrillo parece seguir esa senda, en la cual los símbolos masónicos no se reservan solamente para los iniciados, sino que se conjugan como símbolos de valor universal, para todas las personas, en todos los tiempos. De esta manera, como si se tratara de un manual, cada poema de este libro nos descubre frente un objeto que adquiere dimensiones místico-mágicas, y que puede servir para la elevación espiritual. De igual forma, en este proceso pedagógico, la luz asoma constantemente como objetivo final, como símbolo total del espíritu humano. Ahora bien, algunas preguntas que podrían surgir tienen que ver con la clasificación de esta obra. ¿Existe literatura masónica? ¿Se refiere esto al contenido o a la forma? ¿Hay tal separación? En cualquier caso, la poesía de Marín Oconitrillo responde a un ideal del lenguaje primero como ritmo o sonido primordiales y luego como portador de lo sagrado. Para Manuel, la poesía es también un idioma para iniciados, quienes a través de la palabra lograrán superar dicha palabra y trascender a un estadio espiritual de elevación suprema. Por ello, el tono de esta poesía es solemne, cuidado en la forma, amparado en la metáfora como vehículo del sentido. Y es precisamente por lo anterior, que este libro no se queda en el ropaje masónico –si tal existe–, o más bien, explora en sus orígenes, y por eso estos poemas de Manuel bien pudieron haberse subtitulado “versos cabalísticos”, porque son textos que ahondan en los sentidos últimos y ocultos del universo, presentes en las palabras, y en sus componentes primeros, las letras, como código de un universo que empieza y termina y vuelve a empezar, donde cada letra es génesis de mundos múltiples. La obra literaria de Manuel ha venido tomando un giro, y sus últimos trabajos se preocupan por la búsqueda de la excelencia espiritual del ser humano, por su enaltecimiento, por su trascendencia. Busca Manuel esto en el origen mismo de la vida y del sentido de la vida, en los arcanos y símbolos más antiguos de la cultura, ideales milenarios que siguen intrigándonos, pero sobre todo, que nos siguen motivando para crear. He aquí uno de los poemas del libro: EL TEMPLO DE SALOMÓN No de piedra ni de toscos materiales hecho, mucho más allá del aire, del agua y del fuego, así como una rosa elevada sobre el mundo, será una asamblea de corazones abiertos. Será el anhelo de todos, una única meta: un mundo corregido, con intenciones justas. Será un campo de estrellas surgidas de las aguas, para la luz que anhelamos, ánfora será. Y entre los médanos, esas huellas que dejamos serán polvo redimido, serán amapolas, serán la bestia que fuimos sobre el mundo oscuro, pues entonces la luz vencerá sobre las sombras. *Gustavo Solórzano-Alfaro (Costa Rica, 1975). Escritor, editor y catedrático. Enseña teoría literaria en la Universidad de Costa Rica y es editor en la EUNED. Ha publicado, entre otros, el poemario Inventarios mínimos (2013), la antología Retratos de una generación imposible (2010) y el ensayo La herida oculta (2009).




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