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EL MAESTRO MASÓN Y SUS MISTERIOS:EL MAGICO NUMERO SIETE




















Los Septenarios son emblemas de las virtudes y de las cualidades espirituales del alma, cuyo desarrollo tiene siete grados correspondientes a los siete planetas y a los siete centros magnéticos del cuerpo humano, que indican el progreso desde la materia hasta el mundo divino.
La inhalación, la exhalación y la concentración son condiciones del alma y de la conciencia; se manifiestan como ángeles que suben y bajan por la escala de Jacob, de la casa de Dios (tierra) a la puerta del cielo. Con la pureza de la inhalación y concentración, puede el aspirante abrir el canal de la columna vertebral, convirtiéndose en Iniciado y encontrando la escala de siete gradas, que significa el símbolo de los metales inferiores que deben ser transmutados en oro espiritual puro. Los metales son: plomo, cobre, hierro, estaño, mercurio, plata y oro. Se transforman con las siete virtudes: Prudencia, Templanza, Fortaleza, Justicia, Fe, Esperanza y Caridad.
San Juan dijo en su Apocalipsis en su mensaje a las Siete Iglesias que están en Asia: “Que la Gracia esté contigo y la paz de Aquel que es y era y ha de venir, y de los siete Espíritus que están delante de su trono”.
Eso significa que del corazón, morada del Cristo, el Yo Soy envía sus emanaciones enérgicas y divinas a los siete centros de la columna vertebral, que deben obedecer su voluntad y que, por otro lado, son expresión de los siete planetas y de las inteligencias espirituales que los animan.
El cuerpo del hombre es el verdadero libro del que habla San Juan, aunque no tenga hojas de papel ni líneas escritas con tinta. Dentro de ese libro humano están escritas las cosas presentes, pasadas y futuras. El libro de los Siete Sellos es el cuerpo humano y es el Iniciado quien debe abrirlo en la columna vertebral.
La apertura sucesiva de los sellos se efectúa por medio de la Energía Creadora que, presionando desde el sacro para arriba, forma un túnel o canal en la columna vertebral de nuestro templo individual, que posee las puertas del mundo desde el físico hasta el Divino.
Las cinco primeras puertas corresponden, respectivamente, a los cinco Tattvas o vibraciones del Alma del Mundo, siendo centros de los mismos en su expresión individual orgánica. Con el dominio interior de esos centros, el Iniciado adquiere poder exterior sobre los elementos y llega a manejar, a voluntad, todos los poderes. Los dos superiores están relacionados con los mundos espiritual y divino.
Cuando comienza la Energía Creadora a primar en el hombre, irradia varios rayos que descargan en su organismo; cada uno de esos rayos es un atributo del Yo Soy. Cuando presiona el primer sello o centro, el primero alcanzado es el sistema simpático, que nos da la determinación de realizar lo que pensamos, en el mundo objetivo.
En nuestra conciencia íntima tenemos dos fuerzas que elevan y destruyen el pensamiento. El Yo Soy nos envía las corrientes de energía en forma de color, sonido y luz, al paso que el demonio interno trata de llenar esas corrientes de confusión, desarmonía y humo.
El Iniciado, muchas veces, se llena de energía excepcional y no percibe la fuente de sus inspiraciones; esa energía inspiradora la debe al primer Rayo del Íntimo, que forma el Alma de la Naturaleza. De esta manera, el Iniciado acumula, con la castidad, la energía en el centro fundamental, que arranca su sello y logra, por ese motivo, el poder de la voluntad del Alma del Mundo; entonces, puede ver las cosas antes de su manifestación en el mundo físico.
El vapor que emana del semen es lo que descubre los sellos apocalípticos y da al hombre el poder de realización; pero, si ese vapor se dirige para la tierra, encadenará al hombre a la naturaleza infernal o inferior.
Esa energía ascendente infunde en el hombre los ideales del Alma del Mundo y en él abre los canales de la Divinidad, limpiando su mundo interno de los átomos creadores de la ilusión, que moran en los sentidos; sólo así podrá conocer Yo Soy.
La Iniciación interna dota al verdadero Iniciado, cuando abre el primer sello, de un cerebro poderoso y sensible para captar las enseñanzas escritas en el sistema simpático; entonces, ya puede constituir su pasado y recibir la actividad del Yo Soy para salvar sus átomos y los demás.
Esa energía otorga salud y bienestar, porque limpia el cuerpo de los residuos de la naturaleza muerta, que tratan de penetrar en el canal del semen y evaporar el contenido, para el exterior, en nubes de depresión y malestar.
Cuando llega el hombre a santificar y venerar los átomos sexuales, construye el trono del Íntimo en su sistema nervioso de la médula espinal y entra a sentir veneración a toda persona que posee esos átomos que hacen, del hombre, un santo. El joven que locamente dilapida su energía, podrá ser padre algún día, pero nunca será respetado ni por sus hijos ni por su mujer.
El casto que comprende esos misterios, absorbe la consciencia del Alma del Mundo y se torna simple, poderoso y amado por todo ser.
Cuando esa energía asciende por los centros del hombre, tales centros se convierten en libros abiertos; en unos, está escrito el pasado; en otros, el presente y, en otros, el futuro; en aquellos el saber y en estos, el poder, porque cada centro posee siete puertas y, de cada una, recibe un atributo del Yo Soy. Estaremos, entonces, llenos de vida y vigor y seremos los haces de la Divinidad que iluminan a los hombres. Cuando el hombre llegue a esas etapas, podrá pensar por sí mismo y ya no seguirá los pensamientos y costumbres de los demás.
Cuando una Energía creadora asciende por el canal espinal a nuestros centros, estos quedan bajo nuestro dominio.
En el semen se encuentran los ángeles de la luz y los de las tinieblas, al mismo tiempo. La Energía Creadora luminosa posee la alta Sabiduría Divina, al paso que la tenebrosa tiene la más nociva sabiduría que haya creado la mente humana. El objetivo de la Iniciación es rasgar las tinieblas internas por la aspiración a la luz, la respiración solar y la concentración poderosa.
Cuando esa Energía invade la sangre, forma un aura pura en torno del cuerpo, que lo defiende de toda invasión externa. Entonces, la entidad angélica residente en el semen forma el canal o túnel para que la energía invada cada centro y libere sus poderes latentes. Cuando pasa de un centro a otro, nos une en el séptimo con la Consciencia del Íntimo y seremos Grandes Iniciados.
Ya se ha dicho que el demonio o bestia interna trata de empujar la mente hacia el inferior; por eso, debe vencerse la oposición de la bestia y poner una barrera entre el pensamiento y los átomos pegadizos y malignos. Sólo así podremos aplicar la concentración a la Energía seminal y hacerla subir para la Consciencia del Yo Soy.
En el centro fundamental se encuentra el Ángel de la Estrella, que atrae los pensamientos de pureza y allí los registra; después trata de abrir el canal de la espina dorsal y es él quien resguarda al hombre del demonio que está en el interior.
Las glándulas sexuales tienen secreciones que son tónicos por excelencia del sistema nervioso y muscular; favorecen el vigor físico, dan energía al carácter y penetración a la inteligencia. El valor y la tenacidad, el atrevimiento y el espíritu de iniciativa no pueden subsistir si no los mueve el vapor energético del semen. Ese vapor del semen aviva la imaginación, tonifica el sistema nervioso, estimula las funciones mentales y hace triunfaral hombre contra los átomos enemigos, en la lucha por la vida material y espiritual.
Sin él, se vuelve el hombre tímido, apocado, indeciso y desiste ante la menor contingencia. Con el desarrollo de ese centro, se liberan el vigor, la intrepidez y la constancia. Puede limpiarnos de todas las enfermedades del cerebro, porque el fuego serpentino que penetra todos los elementos, quema todas las escorias y mantiene la sangre pura e indemne.
Con el desarrollo de los siete centros internos, puede el Iniciado adquirir toda la Sabiduría que nunca antes logró y no se reencarnará inconscientemente. Por eso, dijo San Juan en el Apocalipsis: “Al que venciere le haré columna en el templo de mi Dios y jamás saldrá”.







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