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LA VOZ DE JANO

Jano
Por José Ramón González Chávez

R:. L:. S:. Mixta “Género Humano

Oriente de México, Distrito Federal

I.- JANO Y LAS ETIMOLOGIAS.-

Etimológicamente, la palabra Juan se relaciona con el vocablo latino JANUA,
en castellano “puerta”, de donde a su vez deriva la palabra JANUARIUS o
enero, inicio. En este contexto, es interesante resaltar el significado de
puerta lo tiene también la letra griega “Delta”, que tiene la forma de un
triángulo, forma empleada por los antiguos para el diseño de las puertas de
acceso a los templos iniciáticos.

Filológicamente el nombre JUAN, en Hebreo Johan, en Griego Joánes, en Persa
Jehan, en Salio Jánes, en Francés Jean, en Inglés John, en Alemán Johann,
tiene por radical la voz semítica JAN. También tiene una estrecha relación
con el dios GANESA, el “señor de las dos vías” de la tradición hindú.

Ahora bien, si tomamos el nombre hebreo JEHOHANNAN, resulta que su
traducción es “Agraciado o favorecido de Dios”, es decir, iluminado,
iniciado. Por lo tanto el hecho de reconocerse como hermano o discípulo de
Juan dentro de nuestra organización es de lo más correcto, dado nuestro
carácter iniciático y tendiente al perfeccionamiento.

En el alfabeto hermético su inicial, "J", corresponde al número 13, es
decir, justo a la mitad. De ahí que tenga por jeroglífico la estrella polar.

II.- JANO Y LA MITOLOGIA.-

Como personaje mitológico su presencia más antigua se encuentra en la
mitología Hindú primitiva.

Como todos los dioses de la naturaleza, era guía de las almas y como a
Osiris, se le llama "Sol", teniendo bajo su custodia las puertas de Oriente
y Occidente.

En la Mitología egipcia se dice que un alma inteligente y pensante, al salir
del cuerpo, se volvía a unir a la Inteligencia Suprema, de la cual había
emanado; que el alma sensitiva y ágil entraba por la puerta de los Dioses
(el signo de Capricornio, Janua Coelli, Col\ “J”\, Solsticio de Invierno) al
Amenthes (el cielo acuoso, las aguas superiores), en el cual habitaba todo
el tiempo hasta el momento en que, descendiendo por la puerta de los hombres
(el signo de Cáncer, Janua Gentis, Col\ “B”\, Solsticio de Verano), venía a
animar un nuevo cuerpo.

Los etruscos lo relacionaban con el cielo y hacían de él una personificación
del año.

Semejante al Mitra de los Persas, es mediador entre los mortales y los
inmortales, el que eleva las plegarias de los hombres a los pies de las
divinidades.

En la mitología romana, Jano es hijo de Apolo y Creuza. En tanto primer rey
de Italia, condujo a una colonia al Lacio y la instaló sobre una colina,
denominada alusivamente "Janícula" (colina de Jano) donde más tarde se
levantaron los muros de Roma.

Cuando Saturno (correlativo alquímico de la rueda sin fin) fue expulsado del
Olimpo por su hijo Júpiter, fue a refugiarse en los dominios de Jano, quien
lo acogió y lo asoció a su reinado. En agradecimiento, el dios olímpico le
doto de una curiosa facultad: la de ver con toda claridad y al mismo tiempo
el pasado y el porvenir para regirse con sabiduría en las circunstancias del
momento.

Los antiguos latinos reverenciaban a Jano como un dios benéfico, que velaba
por la prosperidad de las familias e impedía la entrada de seres malignos en
los hogares. De ahí tal vez el nombre árabe "Zaguán" o "Zahuán" a la puerta
principal de las casas.

Similar a la Logia, los templos consagrados a Jano tenían 12 altares, uno
para cada mes del año, y su forma era cuadrangular, representando las cuatro
estaciones, en cuyo lado Sur (solsticio de verano) se colocaba su estatua
fundida en bronce.

III.- JANO Y LA ASTRONONOMIA.-

En la antigüedad, los solsticios junto con los equinoccios eran llamados
“puertas del cielo” (Janua Coelli) y de las estaciones, pero en particular
los solsticios, ya que éstos determinan el paso de las dos grandes fases en
que la naturaleza ofrece sus frutos y los cambios más notables y opuestos:
el verano y el invierno.

Por eso, en su calidad de puerta, Jano, más que representar los solsticios,
es el arquetipo de la actitud reflexiva y profunda que pretende obtener
experiencia positiva y actual de la observación del comportamiento del Sol y
su relación con la tierra, la vida y el hombre, durante el día, el mes, las
estaciones, el año. De ahí, su representación bifronte, teniendo al fondo el
horizonte, donde se sobresale el sol y sobre éste la luna en cuarto
creciente.

Por lo mismo, también como dios de la naturaleza, es posible que Jano haya
sido representado y se le haya asociado con ciertos frutos, en especial
aquellos que se obtienen gracias al Cultivo, al producto del "Sudor de la
Frente" del hombre, como la Vid.

Desde tiempos de Numa Pompilio, el primer mes del año lleva su nombre
(Januarius, Januario, Janvier, January, etc.). El día primero de este mes se
ofrecía un sacrificio llamado Janual, compuesto de vino y frutos. Los
próceres iban en procesión al capitolio y todos los ciudadanos se hacían
mutuos presentes. Esta tradición ha perdurado hasta nuestros días a través
de los aguinaldos de navidad y las felicitaciones de año nuevo (celebrado a
los 7 días del solsticio de invierno o del nacimiento del hijo del hombre) y
el día de los Reyes Magos (efectuado a los 13 días).

Los Collegia Fabrorum rendían un culto especial a Janus, en cuyo honor
celebraban las dos fiestas solsticiales correspondientes a la apertura de
las dos mitades ascendente y descendente del ciclo zodiacal, o sea, a los
puntos del año que en el simbolismo astronómico representan las puertas de
las vías celestial e infernal (Janua Coeli y Janua Inferni).

Entre los romanos, Janus era el dios de la iniciación a los misterios y al
mismo tiempo el dios de las corporaciones de artesanos. En primer lugar –de
acuerdo con Guénon-, esto no puede ser el efecto de una simple coincidencia,
más o menos fortuita; necesariamente debe existir una relación entre estas
dos funciones referidas a la misma entidad simbólica; en otras palabras, era
preciso que las corporaciones en cuestión estuviesen entonces -tal como lo
estuvieron más tarde- en posesión de una tradición de carácter realmente
"iniciático". En segundo lugar, coincidimos también en que en ningún caso se
trata de un caso especial o aislado y que podrían hacerse constataciones del
mismo género en otros pueblos y momentos. Quizá esto incluso condujera a
puntos de vista completamente insospechados por los modernos sobre el
verdadero origen de las artes y de los oficios, para quienes tales
tradiciones se han convertido en letra muerta.

La conservación de la tradición que antiguamente se relacionaba con el
simbolismo de Janus entre los constructores de la Edad Media explica, entre
otras cosas, la importancia que para ellos tenía la figuración del Zodíaco,
que tan frecuentemente se ve reproducido en el portal de las iglesias,
generalmente dispuesto de forma tal que fuera más aparente el carácter
ascendente y descendente de sus dos mitades, marcadas por los solsticios.
Hay aquí, a nuestro entender, algo absolutamente fundamental en la
concepción de los constructores de catedrales, que se proponían realizar sus
obras como una especie de resumen sintético del Universo. Si bien el Zodíaco
no siempre aparece, hay otros símbolos que le son equivalentes, al menos en
un cierto sentido y que, sin prejuicio de otros significados más
particulares, son susceptibles de evocar ideas análogas en cuanto al aspecto
considerado: las representaciones del Juicio final se hallan también en este
caso; también algunos árboles emblemáticos. Podríamos ir aún más lejos, y
decir que esta concepción está en cierto modo implícita en el propio plano
de la catedral.

IV.- JANO Y LA ASTROLOGIA.-

En la época de solsticios, el sol entra en los signos de Cáncer (Verano) y
Capricornio (Invierno), cuando presenta su máxima declinación septentrional
y meridional, respectivamente.

El Solsticio de Verano es expresión de la actividad vital manifestada al
exterior (los frutos y productos de la vida material), donde se relaciona a
su vez con Baco, que puede ser una derivación de la misma raíz mítica
simbólica.

También se relaciona con la “Canícula” y con todo el esoterismo de la Carta
“La Luna”, décimo octavo arcano mayor del Tarot, donde encontramos al Can
Mayor y al Can Menor que rigen la entrada del Verano.

En cuanto al Solsticio de Invierno, éste se vincula siempre a la Natividad,
y es expresión de la actividad vital manifestada al interior (los frutos y
productos de la vida espiritual).

V.- JANO, LOS SOLSTICIOS Y EL ESOTERISMO.

Para los Latinos como para los Hindúes, el ciclo anual constituye una
representación en miniatura del grande y eterno ciclo cósmico, de la
Manifestación Universal. Se divide en dos mitades anuales: una ascendente
(invierno-verano) y otra descendente (verano-invierno), cada una de las
cuales se “abre” en su respectiva “puerta” (Janua) solsticial.

Jano y el Tiempo:

Desde un aspecto temporal, la imagen de Jano se interpreta habitualmente
como símbolo del pasado (el perfil de un viejo) y el porvenir (el perfil de
un joven). Interpretación correcta, aunque incompleta, dado que entre el
pasado que ya no es y el porvenir que todavía no es, está un tercero y
verdadero rostro de Jano, invisible, que mira el presente, que en la
manifestación temporal no es sino un momento inasequible. No obstante, en la
manifestación trascendente del espacio-tiempo es eterno, contiene toda la
realidad.

Este tercer rostro corresponde en la tradición hindú al tercer ojo de Shiva,
invisible también y simbólico del “sentido de la eternidad”, cuya mirada por
un lado reduce todo a cenizas, destruye todo lo manifestado, pero por otro,
cuando la sucesión (línea) se convierte en simultaneidad (círculo), ve todas
las cosas que moran en el “eterno presente”. Así, Jano, igual que Shiva, es
“señor del triple tiempo” y al mismo tiempo “señor de la eternidad”.

Por su parte y en este mismo sentido, desde el punto de vista del esoterismo
cristiano, el Cristo domina el pasado y el porvenir. Coeterno con su Padre,
es como él “el antiguo de los días” (“in principium erat verbum”, como dice
San Juan, con lo que Jano se asocia simbólicamente al Verbo Eterno) y al
mismo tiempo quien vive y reina en el futuro “por los siglos (ciclos) de los
siglos (recurrencia eterna)”. Sin embargo, en este sentido, cabe señalar que
el “Señor de los Tiempos” obviamente no puede estar sometido al tiempo,
igual que como dice Aristóteles, el principio del movimiento universal es
necesariamente inmóvil.

JANO representativo del ideal iniciático, simboliza, al igual que el Delta
griego, la puerta de entrada a la verdadera iniciación e indica
perfectamente que en la Francmasonería tenemos y tomamos a nuestros viejos
usos y costumbres como Piedra Fundamental del desarrollo de nuestras
actividades; pero en lugar de estancarnos viviendo del pasado, debemos y
tenemos la obligación de utilizarlas con miras al futuro para ser mejores y
hacer mejoras en beneficio de nuestras familias, de nuestra comunidad, de
nuestra nación y del mundo.

De tal forma, la expresión “Logia de San Juan” –Logia del Sol, de la Luz
creadora-, viene a ser el apelativo de toda asociación de “Iniciados”, es
decir, de seres humanos que transitan en el camino hacia la auto
trascendencia mediante la Iniciación, término que aplicado en su sentido más
general sirve para designar a todos los que han sido admitidos en los
misterios iniciáticos y más perfectamente, según el propio Magíster,
aplicado “a los verdaderos hermanos de San Juan: a los maestros de la
sabiduría que constituyen la gran “Logia Blanca”, la más justa y perfecta
Logia de San Juan en la cual debemos buscar la inspiración y el origen
profundo y verdadero de nuestra Orden”.

Jano, Cáncer y el Solsticio de Verano:

Relacionado con el Mar de Bronce -de profundo contenido astronómico y
astrológico-, el Símbolo de Cáncer corresponde al “fondo de las aguas”; en
sentido cosmológico, al medio en que están depositados los embriones del
mundo manifestado.

En consonancia, el signo de Cáncer es domicilio de la Luna, cuya relación
con las aguas es estrecha; al igual que ellas representa el principio pasivo
y plástico de la manifestación; la esfera lunar es propiamente “el mundo de
la formación”, el mundo de la elaboración de las formas en el estado sutil,
punto de partida de la existencia individual, correspondiente en el orden
macrocósmico al embrión del Logos, al “Huevo del mundo”.

En el símbolo astrológico de Cáncer, se ve el germen en estado de semi
desarrollo, que es precisamente el estado sutil, el prototipo formal cuya
existencia se sitúa en el dominio psíquico o “mundo intermedio”.

Su figura es la de la “U” sánscrita, elemento espiral que en el ákshara o
monosílabo sagrado “OM”, constituye el punto intermedio entre el punto (M),
la no manifestación, el estado no material; y la línea recta (A), que
representa el desarrollo completo del mundo manifestado, del estado
corpóreo.

El símbolo de Cáncer es doble: sus dos espirales se sitúan en posiciones
inversas, representativas de los complementarios, de manera idéntica al Tai
Chi (yin-yang), representativo de las revoluciones cíclicas, al igual que
las dos serpientes espirales del caduceo hermético; del cielo y la tierra;
de los dos hemisferios del “Huevo del mundo” (las dos mitades del huevo de
Leda, del huevo del Cisne, de la Serpiente); las dos mitades del andrógino
primordial, etc.

Transpuesto al esoterismo cristiano, la parte superior del símbolo de Cáncer
es el Arco Iris (restablecimiento del Orden sobre el Caos y la renovación
por el Agua Fecunda) sobre la nube (Aguas Superiores); y la inferior es el
Arca de Noé (contenedora del Germen de todo lo manifestado en el mundo
objetivo) sobre el Mar (Aguas Inferiores). Ambas figuras constituyen la
representación bidimensional de la esfera del paraíso terrestre. De hecho,
antiguamente, el Arca también fue uno de los emblemas de Jano.

semicircinfsemicircsuplineacirc

La reunión de las dos figuras representa el cumplimiento del ciclo solar por
la unión de su comienzo y su fin.

El símbolo de Cáncer también vinculado al de la Concha, y ambos al de las
Aguas. Representa el receptáculo de los Gérmenes del ciclo futuro (el Veda,
la Vida, el Verbo manifestado en los tres mundos) durante los períodos de
“disolución exterior” del mundo.

La Concha guarda, conserva dentro de sí, la perla suprema, el sonido
primordial e imperecedero (In principium erat Verbum), el monosílabo “AUM”,
cuyos tres elementos sonoros (Mâtrâ) son la esencia del Veda, trino y uno.
Por eso, las dos partes del símbolo de Cáncer se asemejan a dos orejas
atentas a escuchar el Verbo, el sonido primordial (ákshara).

Otra curiosidad: la letra central de los alfabetos árabe y hebreo de 27
letras es la “Nun” (“N”) ocupa al igual que en el alfabeto latino el numero
14. De ahí derivan los nombres de Noé (Nû) y Jonás (Yûnus, Dhû-n-Nûn, señor
del pez), relacionados simbólicamente con las Aguas y con el Pez. De ahí que
la posible vinculación con la palabra Janus no sea muy lejana.

En complemento, la letra sánscrita “Na” se representa con un semicírculo
superior con un punto al centro. La unión de Nû con Na completa un círculo
con un punto al centro, símbolo del ciclo solar anual, que equivale
numerológicamente al 10, suma del 9 (circulo) y el 1 (el punto), pero no en
su sentido material, sino trascendente (2x50=100=102), en su inmanencia en
el eterno presente.

punto circular

En la época medieval, durante el Solsticio de Verano se celebraba la “fiesta
del Asno” [1], en la que un hombre disfrazado con máscara o cabeza de asno
se introducía hasta el coro mismo de la iglesia, ocupaba el sitio de honor y
recibía las veneraciones más extraordinarias. No obstante la decadente
connotación satánica que se le ha querido atribuir a este festejo, sus
implicaciones benéficas se remontan al antiguo Egipto en una de las
acepciones animales del dios egipcio SET (en el cristianismo es Shet o Seth,
hijo de Adán), al que se representaba con cabeza de asno y pelaje rojo (en
árabe hímar es “asno” y áhmar es “rojo”), relacionado en su aspecto satánico
con la “bestia escarlata” del Apocalipsis. En términos iniciáticos, SET
constituía la entidad temible con la que debía toparse el candidato a
Iniciación en el curso de sus pruebas de ultratumba hacia la luz.

El dios caldeo Oannes (Janus?) también se simboliza en la forma de un
Delfín, pez que entre los griegos representaba a Apolo (Delfos). El Delfín
también está vinculado a la “Mujer del Mar” Venus Afrodita (afrodita
anadiomene), que nace de una Concha y es complemento simbólico de Oannes; la
”dama del Loto” Ishtar, en hebreo Ester y su sinónimo Sûsanah significan
“loto” o “lirio” (Algo curioso: si se coloca en medio a estos nombres una
letra hebrea “he” <Esther, Sûshanáh>, el valor numerológico de ambos nombres
es 666), Kwan Yin, la “diosa del fondo de los mares”.

Entre escandinavos, celtas y griegos, el pulpo es sinónimo simbólico de
cáncer.

Jano, Capricornio y el Solsticio de Invierno:

En el solsticio de invierno, el Asno también está presente: en él va montada
María en su peregrinar, entrada a Jerusalén y búsqueda por siete días de
posada; luego se encuentra en el pesebre del “nacimiento” o “Belén”
franciscano, junto al Buey (Tauro, Apis).

En la India, la forma de Pez era la principal en que se manifestaba
materialmente Vishnú, principio divino, “Salvador” (“Conservador” en el
sentido inglés del termino “Save”, guardar, mantener, cuidar) del mundo.

Vishnú en forma de Pez se aparece a Satyávatra (“el consagrado a la verdad”)
y le anuncia que el mundo será destruido por las aguas, ordenándole
construir un Arca (o sea, no un barco sino un cofre, un contenedor de
tesoros) en la cual deberán guardarse (to save, guardar) los gérmenes del
mundo futuro (el Veda o Vid, el Saber, la Vida, el Verbo). Luego aún en
forma de pez, lo guía por las aguas durante el cataclismo.

En el simbolismo cristiano, el Pez también representa al Cristo “Salvador”.
De hecho en griego “pez” se dice Ikhtys (palabra que se considera formada
por las iniciales de la frase Iêsoûs KHristós THeoûs hYiós Sôtér, Jesús
Cristo de Dios Hijo, Salvador).

El dios babilonio Ea era mitad cabra y mitad pez, igual que el Capricornio
del Zodiaco, correspondiente al Solsticio de Invierno.

El signo Mákara Hindú, corresponde en el ciclo anual a Capricornio y también
tiene forma de Delfín. Respectivamente.

En resumen, la oposición simbólica del Delfín (benéfica) con el pulpo
(maléfica), corresponde a la de los signos de Capricornio (solsticio de
Invierno, Ianua Coeli) y Cáncer (Solsticio de Verano, Ianua Inferni)
representado en la simbología Hindú por un cangrejo.

De ahí se explica que ambos animales hayan sido asociados al trípode de
Delfos, al tridente de neptuno y a los pies de los corceles del carro solar,
como indicando los puntos extremos tocados por el Sol en su curso anual.

El Jano Rebis.-

Un antiguo emblema encontrado por Charbonneau en un libro litúrgico
manuscrito del siglo XV que constituye el cierre de la hoja correspondiente
al mes de enero (Januarius), muestra al Cristo con los rasgos de Jano. Se
trata de un medallón en cuya parte superior se encuentra el monograma IHS
con un corazón sobrepuesto y en la parte inferior el busto de un Jano
andrógino (!), a la manera del Rebis alquímico, con un perfil masculino
(Ianus, Jano, Juan, dios solar) a la izquierda y otro femenino (Iana, Diana,
diosa lunar) a la derecha. Lleva en la doble cabeza una corona y sostiene en
la mano masculina un cetro y en la femenina una llave.

rebis1

La corona aquí, es símbolo del triunfo de la unidad de lo “no manifestado”,
que reina sobre la dualidad de lo “manifestado”; la elevación de lo
trascendente sobre lo espacial-temporal.

El Cetro de Plata de la mano masculina de la izquierda, es emblema del poder
Real, Temporal (solar) y la Llave de Oro de la mano femenina de la derecha,
símbolo del poder Trascendental, Sacerdotal (polar).

Las Llaves de Jano:

La Llave (clavis, clave) está relacionada al simbolismo de una herramienta
ritual, el Clavo (clavus). En el simbolismo cristiano las dos Llaves de Jano
encuentran su similar en los dos Clavos de las manos de Jesús Crucificado,
que señalan los extremos simbolizados por el ladrón bueno y el ladrón malo,
los ejes solsticiales colocándose arriba y al centro el Cristo (Sol) en el
Equinoccio de Primavera.

La Llave como el Clavo, tiene el poder de sujetar o liberar, de atar o
liberar, poseen el secreto alquímico del Solve y Coagula, propio a la
naturaleza de todas las cosas (la Piedra Llave o Clave de las iglesias
góticas).

En el caso del significado de los solsticios como dos puertas, cabe decir
que no se trata de una de entrada y otra de salida, sino mas bien de dos
salidas distintas: una del mundo profano, la otra de la oscuridad germinal
(lo no manifestado) hacia la luz iniciática (el Avatâra, el nacimiento del
Cristo, lo Manifestado).

Una vez que se ha traspasado una puerta, no se puede regresar por el mismo
camino ni salir por ella.

De manera enunciativa, podemos señalar según la Cábala hebrea, la izquierda
y la derecha tienen distintas correspondencias que a continuación
complementamos con otros conceptos:

IZQUIERDA

DERECHA

Lo Masculino, Iano, Juan

Lo Femenino, Iana, Diana

Ianua Inferni (Vía Lata)

Ianua Coeli (Vía Arcta)

Mundo Terrestre

“ Lo Manifestado”

Mundo Celeste

“Lo no Manifestado”

Poder Material

Poder Sacerdotal

Manifestación Individual

Manifestación Trascendental

Fuerza (Djelâl)

Belleza ((Djemâl)

Paraíso Terrestre

Paraíso Celeste

Justicia (Dîn)

Misericordia (Hésed)

Sur

Norte

Misterios menores

Misterios mayores

Vía de los Hombres (Pitr-Yâna)

Vía de los Dioses (Deva-Yâna)

Cáncer

Capricornio

Verano

Invierno

Eléctrico

Magnético

Yang

Yin

Coagula

Solve

Omega

Alfa

Letra “M” del AUM

Letra “A” del AUM

Tanto el Cetro como la Llave son en su sentido más profundo llaves, pues una
y otra abren las puertas solsticiales: Ianua Inferni (solsticio de verano) y
Ianua Coeli (solsticio de invierno), que son los dos puntos extremos al sur
y al norte donde se detiene aparentemente el sol en su marcha por el ciclo
anual. De hecho, el término mismo “solsticio” tiene ese sentido de
“detención del sol”.

Estas llaves que tiene en cada una de sus manos esta divinidad, son en
conjunto el símbolo de la Tradición; una de ellas abre el pasado, la otra el
futuro. De ahí que en masonería Jano sea igualmente el emblema de los
Landmarks o antiguos límites, leyes no escritas y fundamentos constitutivos
y universales de la Orden, que junto con las festividades solsticiales
masónicas, nos indican que debemos estudiar y practicar los principios y
normas establecidos desde el origen, concentrando nuestros esfuerzos en el
presente para construir el porvenir.

El tercer Jano invisible es entonces el “Portero” (Ianitor) que abre y
cierra las puertas solsticiales, es el Ganesa Hindú, el “Señor de las dos
vías”. Por eso Jano también era el Dios de las Iniciaciones (INITIARE = IN –
IRE, ir hacia adentro, entrar). La raíz latina y sánscrita “I” o mejor
puesto por los pitagóricos con la letra “ Y ”, produce la palabra “Yana“
(vía, camino), muy cercana al termino Ianus (“Yo soy la vía”, afirma
bíblicamente Jesús. Véase otra correspondencia de las que señalábamos al
principio) y similar al término extremo oriental “Tao”.

Nótese en la forma de la letra “ Y “ esta cualidad dual que indistintamente
surge de la Unidad (yendo hacia arriba) o desemboca en ella (conduciéndose
hacia abajo). La letra “ Y ” es Hércules entre la Virtud y el Vicio; es el
Iniciado entre las CCol:. J\ y B\; es el “Árbol de dos ramas”, el Cristo
Crucificado, el Árbol del Conocimiento, cuyo sinónimo o complemento también
lo encontramos en el Tau.

De hecho, estos atributos del Jano de la izquierda y el de la derecha, se
sintetizan y asumen en la figura de Melquisedec (San Pablo, Epístola a los
Hebreos, VII: 3)y luego por transposición, en el Cristo mismo (otra relación
Juan – Cristo).

VI.- JANO Y LOS JUANES DEL SANTORAL CRISTIANO.-

Los cristianos sustituyeron el “Janua” o “Janus” etrusco y su equivalente
“Saturno” de los frigios y los griegos con “San Juan”, nombre que significa
en una de sus acepciones "la gracia o mejor dicho, el don de Dios".

La costumbre de las fiestas solsticiales se ha mantenido desde siempre en
las corporaciones de constructores; pero con el Cristianismo, estas fiestas
“paganas” se identificaron con los dos San Juan de Invierno y de Verano.

Existe una buena cantidad de San Juanes en el onomástico cristiano. He aquí
los sobresalientes:

1) San Juan Bautista [2].- Representa al Solsticio de Verano.

Hijo de Zacarías y de Elizabeth, nacido en Ebrón en las montañas de Judea,
seis meses antes del nacimiento de Jesús (en junio, el día del Solsticio de
Verano). Cuenta la leyenda que sus padres eran viejos y sin esperanza de
tener hijos. Un día que su padre estaba en funciones en el Templo, ya que
era sacerdote, se le apareció un ángel y le anunció el nacimiento de un
hijo, que lleno del espíritu del señor iría adelante de él para preparar sus
caminos. Zacarías dudó de las palabras del ángel y en castigo quedó mudo. A
los ocho días de nacido, cuando fue circuncidado, su padre quería ponerle
como él y su madre quería ponerle Juan. Discutieron a señas, ella escribió
el nombre de Juan en una tablilla y en ese instante Zacarías recuperó el
habla y alabó a Dios (relación con el “Verbo” que también es señalado en el
primer versículo del evangelio de San Juan).

San Lucas dice que Juan niño creció y se fortaleció en el desierto
alimentándose de langostas (Cáncer?) y miel, hasta el día que se mostró a
Israel, el año 29 de n. e., quinto del reinado de Tiberio César, vestido con
ropa de piel de Camello (Ghimel, letra “G”) y un cinto de cuero.

En los alrededores de la rivera del Jordán en el desierto de judea,
predicaba el bautismo de penitencia, anunciando la llegada del Mesías, de
quien él decía ser su avanzada. La gente lo escuchaba, se confesaba y era
bautizada por él en el Jordán, incluido el mismo Jesús, descubierto por Juan
mediante revelación.

Fue encarcelado por reprobar la unión incestuosa de Herodes con Herodías,
mujer de su cuñado Filipo, quien lo dejó después, tras no soportar el
escarnio popular por la situación incestuosa reprobada y divulgada por Juan.
Un día que Herodes celebraba su cumpleaños, se presentaron Herodías y su
hija, Salomé. La muchacha bailaba con tal gracia y sensualidad que Herodes
le ofreció concederle lo que pidiera. Tras consultar a su madre, ésta le
aconsejó que pidiera la cabeza de Juan, en venganza por ser éste el culpable
de su descrédito social. Herodes sintió que se había excedido en su oferta a
Salomé, pero al mismo tiempo, sentía el compromiso de cumplir su promesa,
por lo que mandó degollar a Juan (signo de Orden de Ap\), cuya cabeza fue
puesta en un plato y presentada a Herodías, siendo el cuerpo sepultado
después por sus fieles.

El culto a Juan bautista siguió aún mucho después de la muerte de Jesús.
Entre sus seguidores más notables se encuentran los Apolos, bautizados por
san Pablo en Efeso.

2) San Juan Evangelista [3].- Representa al Solsticio de Invierno.

Hijo de Zobedeo y Hermano de Jacobo el Mayor y por lo tanto, pariente de
Jesús. Natural de Bethsaida, fue llamado al apostolado junto con su hermano
Pedro, al hallarse juntos en el barco de su padre, cuando remendaban las
redes a orillas del mar Genesareth.

Era el más joven de los apóstoles y Jesús le profesaba un cariño particular,
por su bondad de carácter; tanto, que él mismo se llamaba "el apóstol al que
ama Jesús". En la última cena, estaba a la derecha de Jesús, reclinado en su
seno. En esa ocasión, Jesús le encomendó a María para que cuidase de ella
como a su propia madre, considerándose con este acto al mismo tiempo su
hijo, su hermano y su padre.

Después de la Ascención, Juan acompaña a Pedro a Jerusalén y luego, ambos
son enviados por los apóstoles a Samaria, tierra que había recibido el
evangelio de Felipe.

Se le atribuyen los escritos canónicos “Apocalipsis”, su versión del
“Evangelio” y las tres Epístolas que llevan su nombre. Permaneció en Judea
hasta la toma de Jerusalén en el año 70 y entonces se trasladó a Asia, donde
visitó y confirmó numerosas iglesias, principalmente la de Efeso, ciudad
donde murió tranquilamente en el año 100 de nuestra era.

Teniendo en cuenta que el evangelio de San Juan se divide en 2 partes: antes
y después de la resurrección de Lázaro, hay quien dice que Juan Evangelista
es el mismo Lázaro, quien una vez resurrecto, se integró como el preferido
de los apóstoles, La muerte de Lázaro y su resurrección por Jesús aparece
entonces como una Iniciación con muerte real, lo que alarmó a los Sacerdotes
Judíos que hasta ese momento comenzaron a interesarse por el Galileo, que
utilizaba diferentes métodos de iniciación, mientras que los sacerdotes
Judíos utilizaban el que Moisés les enseñó.

3) Juan, de sobrenombre "Marcos" [4] <> .-

Significa “varonil”, “liberal”. Hijo de María de Jerusalén, en cuya casa se
presentó Pedro después que el ángel del señor le sacó de la cárcel. Acompaña
a Pablo y a Bernabé en sus viajes apostólicos a Perge de Pamphilia, aunque
luego se aparta de ellos para regresar a Jerusalén.

Después del concilio Bernabé y Pablo discuten, porque el primero quiere que
lleven de nuevo a Marcos-Juan en la continuación de su viaje apostólico y el
otro se niega por que los abandonó en Pamphilia. Finalmente, al no llegar a
un acuerdo, se separan: Pablo se va a Siria y Sicilia con Silas, mientras
que Bernabé se va con Marcos a Chipre. Después, cuando Pablo manda su
segunda epístola a Timoteo, le pide que lleve a Marcos en su viaje a Roma.

Este Marcos puede ser a quien San Pedro llama simbólicamente su hijo, por
haberle convertido a la fe cristiana y por el amor que profesaba a su
familia en Jerusalén, además de ser su amanuense e intérprete. Se le
atribuye su versión del “Evangelio”, escrito en hebreo, tal vez en
Constantinopla hacia el año 67 de nuestra era.

4) San Juan de Jerusalén.-

Hay quien afirma que las fiestas solsticiales de la Francmasonería están
dedicadas realmente a San Juan el Limosnero [5], Gran Maestro de los
“Caballeros de San Juan de Jerusalén” orden surgida en el Siglo XIII y el
patrón más amado y venerado de los Templarios.

Juan "el Limosnero", patriarca de Antioquía, nació en Chipre hacia el año
550, en plena época de las cruzadas. Abandonó su patria y su derecho al
trono para ir a Jerusalén, donde prodigó socorro a los peregrinos e
instituyó una fraternidad para curar a los cristianos enfermos y heridos y
ayudar económicamente a los que combatían a los moros, viajaban a tierra
santa y visitaban el Santo Sepulcro.

Murió en 619, en medio de su labor. La iglesia católica lo canonizó con el
Nombre de “Juan el limosnero” o “Juan de Jerusalén”. De alguna manera, se le
considera precursor de la Cruz Roja Internacional.

Se dice que el puesto de Hospitalario, sus símbolos y funciones son una
reminiscencia de este personaje y en general a la Orden creada por él.

Hay otros San Juanes más en el onomástico cristiano, como san Juan
Crisóstomo (pico de oro) o San Juan Cancio.

VII.- JANO Y EL ARTE DE LA CONSTRUCCIÓN.-

Como es sabido, las culturas antiguas tenían particular respeto y dedicación
a la astronomía y sobresalientemente al Sol, a cuyo estudio y ofrenda
dedicaron muchos de sus templos. Por ello se les daba a los solsticios
especial atención, puesto que son precisamente los momentos del año cuando
el sol llega a sus puntos más lejanos de oscilación entre el Sur y el Norte,
en junio (Cáncer) y diciembre (Capricornio); es decir, en el momento que en
el Astro Rey tiene su máxima declinación meridional o septentrional,
aparentando detenerse (de ahí el termino latino Sol – Stitium) para iniciar
su camino pendular de regreso hacia el otro extremo.

Desde las épocas más remotas y prácticamente en todas las civilizaciones se
han festejado las fechas en que se presentan los solsticios: En Roma, se
dedicaban al Dios JANO, representativo del Sol, quien presidía los
comienzos, las iniciaciones (en latín INITIUM, INITIARE) y en particular el
ingreso del Sol en los dos hemisferios celestes.

El mito de Jano aparece en las tradiciones gnóstica e iniciática de la más
remota antigüedad, erigiéndose en uno de los símbolos fundamentales de la
Ciencia Sagrada. Para entender la trascendencia de la adopción de este mito
en la Francmasonería, hay que tener presente que el mito solar, modelo a
escala de la magna dinámica del Logos en el Universo, es uno alrededor de
los cuales gira integralmente la estructura simbólica masónica.

En cuanto a la recurrencia de la tradición juanítica primitiva con el
esoterismo cristiano, cabe señalar una estrecha relación, manifiesta en no
pocos textos bíblicos, entre Jesús, nacido en el solsticio de invierno y
Juan Bautista, celebrado en el solsticio de Verano, relación disuelta por
razones teológicas muchos siglos después del inicio de la era cristiana,
transponiendo esta relación de Jesús con Juan Bautista a Juan Evangelista.

El cristianismo, conocido receptáculo de las doctrinas anteriores a ella,
adaptó la tradición Juanítica primitiva y la asimiló a la mitología
Crística, ocupando un lugar preponderante al anular las fiestas “del asno”
en verano y las “saturnales” de invierno para cambiarlas por las fiestas de
San Juan Bautista y San Juan Evangelista, respectivamente.

En la Edad Media el ya entonces San Juan de los cristianos fue adoptado como
“santo patrón” de los Collegia Fabrorum de artesanos y luego de los
constructores, masones operativos, de donde pasó a la masonería especulativa
desde su mismo surgimiento, a principios del Siglo XVIII.

VIII.- JANO Y LA FRANCMASONERÍA.-

Desde siempre, la Francmasonería ha asimilado a Janus dentro de su
estructura simbólica, celebrando en su honor las fiestas de Solsticiales, la
de Verano se dedica al Reconocimiento y la de Invierno, cuando a la vez se
renueva el fuego, a la Esperanza. Como marcan algunos ceremoniales alusivos,
entre los MM\ estas fiestas poseen grandes y hermosos secretos simbólicos.

Parafraseando a Magíster, puede decirse que el problema de los orígenes de
la Mas\ podría plantearse entonces sintéticamente en pocas palabras en la
pregunta que el Ven\ M\ formula a todo H\ Visitante: “¡De dónde venís?”, a
lo que éste responde: “De una Logia de San Juan...”

Aquí nos sale al paso una pregunta: ¿Por qué decimos venir de o mejor dicho
pertenecer a una Logia de San Juan? [6].

Desde el punto de vista Histórico, según una acreditada versión a la que
hacen referencia varios autores masónicos, la utilización material del
término “Logia de San Juan” dentro de la Mas\ se remonta al tiempo de las
Cruzadas, cuando algunos caballeros masones se unieron a sus similares de la
Orden de San Juan de Jerusalén, mejor conocidos como Templarios, por lo que
en un gesto de solidaridad con los principios de estos últimos, fue aceptado
por los primeros. Se cuenta que de ahí en adelante todas las logias se
llamaron “Logias de San Juan”. Tal vez en forma sincrónica San Juan fue
también tomado como patrono por parte de las corporaciones de constructores,
tal como ya señalamos.

No obstante esta explicación, que pudiera ser satisfactoria y suficiente a
los ojos profanos, deja en los practicantes del Arte Real un hueco que
requiere ser llenado al abrevar unas cuantas gotas del vasto manantial de la
ciencia sagrada tradicional. He aquí algunos hallazgos:

Dentro de la masonería simbólica primitiva o universal, el mito juanítico
debe ser analizado desde dos aspectos complementarios: uno histórico
bíblico, a partir del estudio de las sagradas escrituras y otro simbólico o
interpretativo, echando mano del Arte Real.

Se dice comúnmente que Juan Bautista y Juan Evangelista son los patronos de
la Francmasonería Universal, también llamada “Simbólica” o “Azul”, a quienes
se dedican, como se ha hecho desde la época de los antiguos egipcios, dos
fiestas anuales, llamadas “solsticiales”, “de San Juan” o “de la Orden”. La
Tradición masónica considera estas celebraciones como obligatorias. Por su
solemnidad deben llevarse a cabo para Grandes Logias en Asamblea General y
para Logias regulares en Tenida Magna y Solemne. En la de Verano deben
elegirse a los Grandes Maestros, Venerables y Dignatarios.

El nombre JANUS o JANO tiene un parecido muy singular con el de JUAN y no es
por casualidad que éste fue puesto por la tradición judeocristiana en el
exacto lugar de aquel.

Dentro del Templo masónico, los Solsticios están representados por las dos
Columnas, mismas que marcan el Nec Plus Ultra de la marcha aparente del
Aprendiz (el sol) durante los doce meses del año, simbolizados por las doce
columnas zodiacales (los doce trabajos de Hércules).

Janus en Logia:

Como sabemos, los cuatro extremos de la logia representan a los puntos
cardinales. Cada uno de ellos está en correspondencia con uno de los
elementos vitales y una estación y por ende, con los equinoccios y los
solsticios: El Solsticio de Invierno al Norte; el Equinoccio de Primavera al
Oriente; el Solsticio de Verano, al Sur; y el Equinoccio de Otoño al Oeste.

El trazo de las ciudades antiguas, divididas en “Cuarteles” (Quartiers, en
francés) sigue esa misma marcha del ciclo anual, que por lo regular comienza
en el solsticio de invierno. En la india, por ejemplo, hay un cuartel para
cada casta:

* Al Norte, los Brahamanes (ubicación polar, MM\);
* Los Ksáhtriyas al Oriente (ubicación solar, Comp\);
* Los Vaisyas, en el Sur (AAp\); y
* Los Sudras (Prof\) en el Occidente.

En México, como en muchas de las ciudades capitales latinoamericanas, puede
verse esta misma disposición, al encontrarse el Templo Mayor al Norte, el
Palacio Nacional (sede del gobierno) al Oriente; al Sur el Calmecac y al
Occidente los comercios.

En logia, el verdadero “Trabajo” masónico va de “medio día” (el sur, el
verano), a “media noche” (el norte, el invierno) es decir, de la “puerta de
los hombres” a la “puerta de los dioses”.

Ahora bien, si el simbolismo solar tiene una relación evidente con el día,
el simbolismo polar lo tiene de manera indiscutible con la noche.

La noche no representa entonces la ausencia o privación de la Luz, sino su
estado primordial de “No Manifestación”. Así, si la culminación del sol
visible o “material” (manifestado) ocurre al medio día (cenit), la del sol
“espiritual” se ubica simbólicamente a la media noche (nadir). Por eso
antiguamente se decía que los iniciados en los grandes misterios
“contemplaban el sol a media noche”.

El amanecer y el atardecer, son intermedios del medio día y la media noche y
forman conjuntos simbólicos similares entre sí; Alba y ocaso corresponden
respectivamente al oriente (primavera) y al poniente (Otoño). Así, dentro de
logia hay un doble transcurrir horizontal de oriente a poniente y vertical
de norte a sur cuyos ejes confluyen precisamente en el Ara, justo al Centro
de la Bóveda Celeste, donde se ubica en Estrella Polar, de la que pende la
plomada.

De ahí que la marcha dentro del Templo se realice de manera cíclica, en el
sentido de las manecillas del reloj, poniente – norte – oriente - sur.

Desde el punto de vista Solar, el no nacido, colocado al Occidente
(equinoccio de Otoño), entre las columnas solsticiales Norte (Invierno) y
Sur (Verano), mira a través del Ara (centro, eje) al Ven\ M\ (el Sol),
colocado al Oriente también en su punto intermedio o central (equinoccio de
Primavera).

Desde el punto de vista Polar, el neófito circula dentro del templo como los
Signos Zodiacales (12 Columnas) alrededor de la Estrella Polar (justo encima
del Ara, en la bóveda Celeste) en su recorrido eterno por los cuatro puntos
del espacio y del tiempo.

Jano y la Actualidad Masónica.-

Como Aprendiz y Compañero, el masón aplica sus potencialidades físicas e
intelectuales para contestar las dos primeras preguntas de la Esfinge;
posteriormente, ya como Maestro, ayudado del Discernimiento y de la
Inteligencia Creadora, se coloca en condición de responder a la tercera, que
es síntesis del enigma planteado eternamente por aquel monumento egipcio y
medio por el cual el iniciado toma conciencia de su realidad trascendente.

Para alcanzar esta meta, debe contar con un valioso recurso simbólico: la
misteriosa imagen de Jano, ese mítico dios bifronte que fija una de sus
caras en la Tradición del pasado y la otra hacia el Devenir, exhortando a
quien lo observa y lo comprende a asumir con dignidad y valor su tarea
presente, aprovechando lo ya sucedido para anticiparse al porvenir.

Si se analiza el origen y desarrollo de la Francmasonería en el Tiempo y en
el Espacio desde una perspectiva iniciática, podrá constatarse que es
precisamente de esa cualidad visionaria encerrada en la alegoría de Jano de
la que la Orden se nutre en lo profundo de su Ser, en su Real Esencia, que a
la vez es el arma más poderosa con que cuenta para garantizar su teleología
inmanente.

Esto lo han entendido a la perfección en el pasado, algunos masones capaces
de Descifrar el Símbolo, quienes como verdaderos adeptos del Arte de la
Visión Profética, tomaron la historia como guía para comprender su momento y
echaron mano del Compás de su Inteligencia, apoyándolo en el Punto de su
realidad temporal para trazar el Círculo de las legítimas Aspiraciones de su
sociedad.

Desde el principio de la humanidad, han existido y seguirán existiendo
hombres amantes de la Sabiduría y el Progreso; hombres de ayer, hoy y mañana
que han entendido el mensaje de las estrellas, dedicando sus vidas a
proclamar la Verdad Universal por los Cuatro Vientos. Así, hasta el final de
los tiempos, hasta que el último de estos seres expire su postrer aliento,
la Gran Tarea de la construcción del Templo Divino erigido a la Gloria del
Creador continuará sin descanso, siendo su forma externa sólo el vínculo
mediante el cual el Arte Real se manifestará una y otra vez, haciéndose
presente en todos los ámbitos de qué hacer humano.

Sabemos que la Masonería como institución, se estructuró a principios del
siglo XVIII, constituyéndose en la catapulta social de la Ilustración,
proyectil que hiciera blanco en el hasta entonces impenetrable muro del
absolutismo, desmoronándolo hasta sus cimientos.

Bajo esta forma, tiempo después se introdujo en las mentes liberales de
nuestro país, cuando sirvió de manantial filosófico del que abrevaron
ideólogos e ideologías durante la Independencia, la Reforma y la Revolución.
Ella fue el torrente que regó las tierras de donde brotara nuestro Estado
mexicano, cuyas instituciones fundamentales como la Libertad, la Soberanía,
los Derechos, Humanos y Sociales, la Convivencia Pacífica Internacional y la
separación de la Iglesia y el Estado -sólo por mencionar algunas-, son de
sus frutos más preciados.

No obstante estas glorias de antaño, ahora parece haber entre los masones
una especie de letargo, una pérdida de vista de la utilidad práctica de la
Historia, esa que por cierto nos enseña precisamente el símbolo de Jano.

Al convertirse en aduladores del pasado, dejando a un lado su obligada
actitud y misión como Creadores de la Historia, los masones corrieron el
riesgo y sufrieron además las consecuencias de abandonar su presente y ser
rebasados por el porvenir. Esto todos lo sabemos: no podemos ni debemos
esconder éste argumento, que es uno de los esgrimidos por propios y extraños
para criticar con severidad -y a veces con razón- a la masonería mexicana.

Tengamos esto siempre en nuestra mente: Nuestros predecesores son ahora
prohombres inmortales porque entendieron que para cumplir con su misión
histórica no podían quedarse contemplando y adulando las obras de sus
antepasados y que la mejor forma de rendirles homenaje era continuando su
Trabajo, aprovechando su Legado y tomando de sus manos la estafeta para
llevarla más adelante con sus propias Realizaciones, para entregarla
después, igual que lo hicieron ellos, a aquel de sus iguales que se
propusiera continuar con la Eterna Labor.

Prever y preparar el porvenir, basando la actividad presente en la
experiencia y el conocimiento del pasado, ha sido siempre la privilegiada
tarea de la Masonería especulativa.

En efecto, la cualidad que debe caracterizar esencialmente a la Masonería y
a sus integrantes, es la capacidad de proyección ideológica hacia el futuro.
La actualización de esta cualidad ha sido posible años atrás porque
Institución y miembros han entendido que la tarea a desempeñar está en el
presente, único punto de contacto que se coloca en el centro de nuestra
existencia para marcar con la línea de la eternidad el círculo de nuestros
deberes y obligaciones, que por su naturaleza, no tiene principio ni fin.

Continuando con el descubrimiento de ese símbolo mágico del punto en el
círculo, imaginémonos como un masón de pié, en actitud contemplativa en
medio del Caos de los sucesos contemporáneos. Entonces, hagámoslo girar
lentamente de izquierda a derecha sobre su propio eje, 360 grados,
utilizando la Vista para observar con atención todo lo que pasa a nuestro
derredor. Un instante después estaremos semidesnudos e inermes en la
oscuridad de la incertidumbre; pero al terminar el giro cerremos los ojos,
reflexionemos y abrámoslos de nuevo para volver a la realidad y si somos
verdaderos iniciados, aboquémonos de inmediato a participar en la
preparación de un mejor destino para todos.

Muchos masones se contentan en comentar la situación social política,
económica, cultural, etc., que impera en su país y en el mundo, criticando
en forma hiriente y destructora, renegando de todo cuanto existe y
resignándose al holocausto que suponen inminente, haciendo a un lado la
responsabilidad adquirida desde que fueron iniciados de encontrar qué hacer
aquí y ahora, cómo y en qué echar Manos a la Obra para cumplir la misión
conferida por el Gran Arquitecto del Universo desde que vieron la Primera
Luz.

Sin duda este es un momento propicio para reflexionar si verdaderamente
existe Conciencia de la responsabilidad que implica pertenecer a la Orden
Francmasónica, sobre todo en el momento que vivimos. La Masonería siempre se
ha dejado ver y sentir en el instante preciso, nunca antes ni después; y así
ha sido porque sus miembros han previsto el momento exacto de la
resurrección institucional, realizando juntos su destino.

¿Estaremos cerca de esta decisión histórica?

Masonería y masones deben prepararse para llegar por enésima ocasión como el
recipendiario, a su iniciática regeneración; La institución esta obligada a
fortalecerse para salir triunfante de sus viajes, pariéndose a sí misma;
para que al vislumbrar la Nueva Luz del tercer milenio de nuestra era,
llegue a tiempo a la cita con su destino.

No se busquen en el exterior las causas de la destrucción de la Masonería.
Más bien, que cada Masón con una mayor comprensión de su entorno objetivo,
trate de encontrarlas en sí mismo.

La reconstrucción institucional debe ser precedida por la renovación
individual, que busque al mismo tiempo los elementos que ayuden a la
formulación de nuevas propuestas como grupo, a la imposición de nuevos
retos, a la definición de nuevos proyectos de acción y en fin, a la
definición de un nuevo rostro para la Orden.

Si esto se logra, la Masonería, no como institución, sino como forma de vida
individual y colectiva, resucitará entonces más fuerte y radiante.

Para conseguirlo, hay que recurrir en primera instancia a los principios
iniciáticos y en particular a la primera enseñanza que se adquiere desde que
se es recibido por la Institución: la de ver hacia el interior, sumergirse
en lo más profundo de sí mismo y buscar ahí la Palabra Perdida que
responderá al enigma, que lo calcinará a uno desde las entrañas para renacer
como el Ave Fénix y volar hacia un nuevo horizonte.

No se puede seguir esperando a que caiga el maná del cielo. La renovación no
puede venir de afuera hacia adentro. Al contrario, debe aplicarse a nivel
individual y colectivo, llámese este Logia, Oriente, Gran Logia, etc. y
ponerse en acción paralela y coordinadamente. En esta tarea jugarán por
igual un papel preponderante y decisivo cada Masón, cada Logia con sus
dignidades y las Grandes Logias y sus Funcionarios; de todos estos elementos
depende el echar a andar la maquinaria de la Renovación.

Sólo así podrá enfrentarse la titánica tarea de definir las líneas de acción
por las que se desarrollará la Masonería en el futuro, manteniendo lo ya
logrado y trabajando para alcanzar las aspiraciones de la sociedad de hoy y
mañana. Sólo de esta manera, los masones seguirán siendo dignos de ostentar
ese nombre y la Historia les tendrá preparada una corona de laurel y olivo
para sus cabezas.

Los masones somos al mismo tiempo materiales y obreros de la Divina
Construcción. Pero hay que ser conscientes de que ninguna edificación puede
hacerse sin los materiales adecuados; por eso, cada masón debe cumplir sus
objetivos y ocupar el lugar que exactamente le corresponde.

Ninguna voz puede levantarse contra la Ignorancia, el Fanatismo, la Ambición
y las Miserias del Pueblo, si primero estas lacras no son erradicadas en lo
individual y en lo colectivo.

A pesar de la oscuridad aparente que se presenta en la actualidad, dentro
del adepto brilla inmanente la Luz Blanca, unitaria y purificadora del Delta
sobre el cual se fundamenta la Francmasonería.

La consecuencia necesaria, obligada y natural de la regeneración iniciática
en lo individual y grupal será el desarrollo de la Institución hacia las más
elevadas finalidades que desde siempre ha tenido a cargo.

Todos los que se reúnen con asiduidad en los Templos, deben estar ahí por su
gran interés y amor a la Masonería, evitando criticar estérilmente las
deficiencias, y sí planteando alternativas que busquen la regeneración de la
Orden y su proyección futura. Solo es posible crecer proponiendo soluciones
para buscar y encontrar en común el derrotero que conduzca de nueva cuenta a
la masonería a enarbolar el estandarte del Progreso.

Decía Vasconcelos, y no sin razón, que ser liberal es estar dispuesto a
reformar y a reformarse. Si no hay renovación interna, se caerá
irremediablemente en el error y en el fracaso.

El Masón es, o mejor dicho, debe ser liberal, ¿Quién lo duda? No obstante,
tal condición conlleva la responsabilidad de aceptar que masones e
institución requieren pugnar por su Evolución.

Por ende, hay que aprender a preparar las reformas con talento y con
espíritu de superación, con visión autocrítica. Hay que Trabajar la Piedra
con Voluntad e Inteligencia para bien propio, de las Logias, de la Orden y
la Humanidad en General.

Sólo así, las Francmasonería podrá recuperar su posición de vanguardia
ideológica de la sociedad civil.

Si ese es realmente el objetivo, la fórmula es muy sencilla:

¡ESCUCHEMOS LA VOZ DE JANO!

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