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El ego y el yo


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A \ L \ G \D \ G \ A \ D \ U \


 Resp\Log \ Simb \ Jerusalem 336.

Juris \ a la  M \R \ G \ L \ VALLE DE MEXICO.

Or \ de México D.F.  a 15 de julio de 2015 E\V \

 

V\M \

QQ \HH \Todos:

                En muchas fuentes de información, particularmente en algunas especializadas en psicoanálisis, el ego y el yo se refieren a la mismo. El ego y particularmente el yo son términos que se han estudiado a lo largo de siglos desde muchas perspectivas: filosóficas, antropológicas, religiosas, sicológicas y espirituales. Con base en la revisión de algunos textos he podido acercarme un poco a estos conceptos y tener claridad en algunos puntos. Para comenzar, entiendo que ego y yo son intrínsecos al ser humano, pero que no son lo mismo, aún cuando el ego de un recién nacido no se ha desarrollado ni complejizado del todo, en su interior todo está listo para engancharse a la vida inmediatamente y los primeros estímulos de comodidad y placer quedan grabados inmediatamente y estarán presentes en su conducta a lo largo de la vida.


   El ego se relaciona con el instinto y es por ello que uno de sus estímulos es la supervivencia, luego entonces el ego se alimenta, a lo largo de la vida, con la información que llega al ser humano en relación a lo que lo mantendrá vivo, pero no únicamente en cuestiones biológicas o fisiológicas, como alimentarse, vestirse o cuidar de la salud, sino también en aquellas que le marcará la sociedad, ya que el hombre es un ser social y no escapa a la información que se genera en los grupos sociales que van desde la familia hasta las naciones y el mundo entero. Así pues, el hombre aprende que, además de simplemente alimentarse y vestirse, puede ser socialmente exitoso, famoso, rico o reconocido y que dichas situaciones le darán sentido a su vida y le permitirán permanecer de la mejor manera posible entre sus semejantes, con los cuales se sentirá siempre en competencia ya que deberá abrirse paso entre ellos para lograr los fines antes mencionados. El ego entonces, buscará el placer, la alegría, el gusto por el gusto, la comodidad y el reconocimiento de los demás, no puedo asegurar que por maldad, sino como una pulsión de vida, como una reafirmación de que se existe y de que esa existencia es buena o que vale la pena.


   Puede el ego ser un arma de dos filos, ya que por un lado puede volver al hombre ambicioso, perezoso y soberbio, pero, por otro lado, en el ego pueden estar presentes muchas de las cosas que nos permiten disfrutar la vida, de tal manera que más que suprimir al ego, lo cual es una tarea prácticamente imposible y hasta cierto punto inhumana, el hombre puede aprender a domarlo, a entenderlo y a reconocerlo. Contario a lo antes descrito, muchas personas no son quienes conducen a su ego, sino que, por el contrario, son guiadas o sometidas por él, de tal forma que la vida se vuelve una constante necesidad de placer, éxito, riqueza, aprobación y reconocimiento. Una personalidad así, que depende absolutamente de la afirmación a través de los ojos de otro, es en la que he llegado a mi iniciación y será ese ego parte de lo que deberé ir eliminado de la piedra que estoy labrando en mi mismo.


  El yo, por otro lado, es un filtro entre el ego y la realidad, lo entiendo como una parte de la personalidad humana relacionada con la conciencia, de esta manera, el yo representa nuestra posibilidad de albedrío, de elección y de discernimiento. El yo permite al hombre conocer un aspecto más elaborado y desarrollado de su construcción psicológica. El ego, que podemos representar como una voz interna que nos invitará al placer, puede ser acallado por el yo, el yo, al igual que el ego, puede desarrollarse y fortalecerse para convertirse en quien guíe nuestra conducta. No en balde llamamos egoísta al que sólo sabe pensar en su beneficio, mientras que quien sabe pensar y actuar en contacto con su yo incluye a sus semejantes en sus prioridades y preocupaciones. Ego y yo forman parte de la misma piedra en bruto que representa al Ap.: y con trabajo, éste podrá tallar su piedra hasta retirar el ego que sobra para que el yo florezca.


   Decir que mi ego ha desaparecido a raíz de mi iniciación sería una enorme mentira. Los trabajos y mi acercamiento a la Mas.: han servido para darme cuenta de lo mucho que tengo por hacer. Lo que sí puedo afirmar es que a raíz de las lecturas la voz de mi conciencia, o de mi yo, ha aumentado su volumen y me persigue y me cuestiona todo el tiempo. Simplemente la labor de investigar y hacer el trabajo para el taller es una batalla con mi ego, porque estoy acostumbrado a las rutinas que me dejan algo material a cambio y aquí, donde lo que se obtiene es un bien intangible, mi ego tiene resistencias. Para venir al taller ocurre lo mismo, “¿Para qué vas si no entiendes nada?” o “¿por qué no mejor quedarse en casa y relajarse?”, me dice mi ego y ahora me doy cuenta de que me habla todo el tiempo, buscando la forma menos agotadora de hacer las cosas y siempre optando por las opciones en las que hay oportunidad de sobresalir. Enlistar las acciones en las que diariamente interviene mi ego me llevaría varias cuartillas al día. El yo filtra las pulsiones de mi ego y me doy cuenta que en él también se esconde la voluntad, luego entonces, es una herramienta para labrarme a mí mismo.



ES CUANTO.


                                     A\M\ Oswaldo Martín del Campo

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