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LA VOZ


Foto de Juan Avila.
“ La Voz del que clama en el desierto….” Siempre me he preguntado si la misión que los Francmasones nos hemos impuesto, no está ciertamente en consonancia, en cuanto a las dificultades que entraña, con la conocida exclamación del Bautista. Realmente, somos la “Voz” que clama en el desierto de una sociedad cada día más hedonista y con la mirada puesta en lo inmediato y personal, con muy poco interés por lo “trascendente” (entendida la “trascendencia” como lo hizo Platón y no en el sentido religioso).
Somos, desde nuestra posición de personas comprometidas con la realización personal (entendida ésta como tarea que nos imponemos para “despertar” la capacidad de poder “ver” con otros ojos el Cosmos), autenticas “islas” en un mar lleno de tiburones ávidos de lo material como fin único y último. Somos de este mundo pero, al mismo tiempo, luchamos por salir de “él” sin dejar de estar en “él” (contradicción solamente aparente).
Nuestra concepción de la Vida y del Universo, una vez hemos “renacido”, no nos permite ser mezquinos o “localistas” en nuestros planteamientos. Nuestra meta tiene que ser la UNIVERSALIDAD, la GLOBALIDAD de la Justicia y la Tolerancia, así como la “UNIDAD” del Género Humano, dentro del lógico respeto a la diversidad de los individuos que lo componen. Si observamos detenidamente nuestro entorno, podremos constatar que estamos inmersos en una sociedad donde los dogmatismos, mensajes de tipo “subliminal” e influencias de toda índole, pretenden arrebatar al hombre la capacidad de análisis y critica: su preciada LIBERTAD.
Todo parece indicar que, desde distintos estamentos de “poder”, se pretende fomentar una sociedad amorfa, sin ganas de discernir sobre lo que es ético o no. En definitiva: una sociedad manipulable y con una “libertad” cuestionable incluso en los países democráticos.
A corto y medio plazo (hoy ya tenemos bastantes indicios de ello) este caldo de cultivo producirá individuos “aptos” para formar un ejercito de borregos dispuesto a seguir a cualquier iluminado, sea político, religioso o económico. Se fomenta el terrible y triste hábito del “no pensar” o como dicen muchos jóvenes de hoy: a ser “pasotas”.
Contra este estado de cosas (una sociedad cada vez más indolente y que se conforma con una aparente y recortada “libertad”), deberemos ser las campanas que continuamente tañen anunciando el peligro o la luz del faro que señala los escollos ocultos bajo la superficie de un mar aparentemente en calma.
Nosotros, buscadores de la Verdad, gustamos de mencionar la analogía del espejo roto: los trozos del mismo aún reflejan una parte del “todo”. Así, como nos enseña esta analogía, nosotros Masones, deberemos luchar por unir lo “disperso”.
No creemos estar en posesión de la Verdad (ni la poseeremos nunca en su totalidad) pero, a pesar de ello, seguimos buscándola ( No olvidemos nuestra búsqueda de la Palabra perdida, otra de nuestras constantes).
Entre nosotros, por aquello de la necesaria y rica diversidad, existen Hermanos inclinados hacia la vertiente social o de una Masonería más “de este mundo”. Otros, con una sensibilidad distinta, se inclinan por una cierta vivencia “mística” de la misma. Tanto unos como otros, tenemos una importante función que cumplir en la deseable evolución de nuestra Fraternidad. En el equilibrio de las diversas tendencias (todas legítimas y necesarias), está el alcanzar la meta.
Todos deberíamos unirnos para la consecución de un “todo” Masónico que posibilite la realización de nuestro viejo ideal de una Humanidad libre, justa y solidaria.
Nuestra necesaria transmutación alquímica como Masones (morir para renacer de nuevo), encierra muchas e importantes enseñanzas: hemos de “morir”, para poder “renacer” de las cenizas (como el Ave Fénix) del hombre viejo, limpias de todo obstáculo y prejuicio anteriores. Es necesaria una nueva visión, no solamente del mundo en que vivimos, sino también del Universo en su conjunto, en el que somos una minúscula parte de la hermandad cósmica.
Aun conservando las “herramientas” de nuestros antecesores (para llevar a cabo el Trabajo Simbólico), deberíamos saber adaptarnos a los tiempos y adoptar otras más adecuadas para el Trabajo de hoy. Nada lo impide y nuestro futuro como Fraternidad lo demanda. Como Seres Humanos, inicialmente llenos de “aristas”, deberemos aspirar a convertirnos en un nuevo Ser capaz de ( libre de prejuicios que le impidan ver con nuevos ojos), aprender a contemplar el Cosmos sin las cataratas de atávicas ataduras.
De labrar una perfecta Piedra Cúbica apta para la edificación del Templo común de la Humanidad. Realmente, parecemos ser, por lo aparentemente limitado de nuestras fuerzas, la “Voz que clama en el desierto”. Curiosamente, y a pesar de que el futuro aparece a veces incierto y desalentador, durante siglos hemos seguido siendo una Fraternidad que, con problemas pero sin desmayo, venimos predicando, en espíritu y ejemplo, la única “religión de los hombres libres”.
¿Qué razones nos mueven a ser “distintos” de otros hombres y mujeres? ¿Qué razones nos empujan a buscar, constantemente, la Verdad?
¿Qué nos empuja a “cambiar” nuestra inicial visión profana del Universo, por otra más acorde con la Universalidad que la Masonería propugna?
Cuando nombramos los pilares de la trilogía Masónica: Libertad, Igualdad, Fraternidad, los profanos piensan que estamos dando un mitin de tipo político. Su ignorancia de otros significados más profundos, les lleva a conclusiones equivocadas.
Para un Masón, la repetición de estas constantes, es como una oración (entendida en mi caso como súplica que hacemos a la Fuerza Primordial o G.•. A.•. D.•. U.•.), simple pero llena de contenido. Invocamos constantemente a los tres pilares necesarios para que la Justicia se implante en nuestro mundo.
La humanidad la necesita más que nunca. En la antigüedad ya se decía: “Nada es sin nombrarlo”. La Palabra, el Verbo Creador que todos buscamos (algo absurdo, por incomprensible, para un profano) está perdida hace mucho tiempo.
Debemos sustituirla, mientras tanto, por otras que vamos encontrando a lo largo de nuestro Camino. Estas “sustituciones”, son como mojones en los que poder apoyarnos para continuar la búsqueda de la Verdad, nuestra gran constante.
Nuestra verdadera misión Masónica es encontrar sentido a esta corta existencia sobre una pequeña parte del Universo en que nacimos, apoyados en el Conocimiento, la Justicia, la honradez y la ética. Solamente así podremos alcanzar la verdadera maestría de los “constructores”.
Todos, sin excepción, formamos parte del “UNO” inicial e indivisible. Si tuviésemos este origen, esencia y meta comunes siempre presentes, comprenderíamos lo absurdo de las históricas luchas por imponer “razones” que no lo son y, por añadidura, desaparecerían los prejuicios y odios irracionales que hoy separan al Género Humano en múltiples bandos antagónicos.
Arrojar nuestros vicios a un pozo sin fondo yo lo entiendo como dominar a nuestros demonios, atarlos, vencerlos.
Realmente, la misión que nos hemos impuesto, libre y conscientemente, podría parecer “imposible” para los pusilánimes. Nosotros, nunca deberemos serlo, a pesar de parecer para muchos (¡solamente de manera aparente!) “La Voz que clama en el desierto”.















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