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LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO:TERCERA LEY











"LA CONSTRUCCIÓN DEL TEMPLO<br/>TERCERA LEY<br/>La Ley de Reconocimiento, concierne mucho mas al candidato que a la Logia de masones. Es el nombre dado por los estudiantes esoteristas a esa influencia o energía que — emanando del candidato mismo— evoca, de la Logia reunida, ese reconocimiento que lo aclama como iniciado. El hombre debe ser iniciado internamente antes de que pueda con todo éxito tomar la iniciación en el verdadero sentido espiritual. Es interesante e instructivo recordar, conectado con esto, que todas las religiones del mundo, tanto orientales como occidentales, enseñan que el sendero del candidato a la iniciación de divide en tres partes, que corresponden esotéricamente a los tres grados:<br/>1. El Sendero de Probación, o de purificación.<br/>2. El Sendero del Discipulado.<br/>3. El Sendero de Iniciación, o de Santidad e Iluminación.<br/>Los tres grados de la Logia Azul pone esto de manifiesto. En cada caso, a medida que un hombre se cualifica para pasar, y demuestra las necesarias características, su logro interno es reconocido por quienes están en un grado superior. Es el reconocimiento de que él ES un iniciado, y por este motivo se le puede permitir participar en un misterio mayor. Un iniciado ES, por lo tanto, no puede ser hecho. La ceremonia de iniciación es simplemente una forma de reconocimiento, durante la cual el candidato evidencia en el plano físico aquello que ya ha emprendido dentro suyo.<br/> Esta es la verdadera iniciación. Hoy nosotros representamos en la forma esta posibilidad, mostrando así la necesidad del hombre. En el aspecto interno de la vida, y a través de las edades, los hombres han pasado etapa tras etapa a la vida del espíritu, siendo primero probacionistas o aprendices, luego discípulos o Compañeros y luego Maestros que a su debido tiempo entrarán en la Logia en lo Alto.<br/>Algún día, y tal vez el tiempo esté más cerca de lo que pensamos, estos aspectos del trabajo masónico se fusionarán; lo exotérico y lo esotérico, lo externo y lo interno constituirán una realidad viviente. El individuo, habiendo encontrado la luz dentro suyo, será saludado sobre la tierra por sus hermanos que están «en la luz» y será admitido en sus actividades como dador de luz. Habiendo hollado el sendero del discipulado y aprendido las ciencias del espíritu, y así merecido su debido salario de «grano, vino, y aceite» será reconocido por sus hermanos constructores para compartir sus labores. Habiendo entrado en la vida y probado en sí mismo la realidad de la inmortalidad, la Logia de Masones que recibe los salarios del Maestro lo admitirá en su rango y le permitirá unirse a su tarea de elevar a los hombres a la vida eterna. <br/>Sin  embargo esto se deberá especialmente a su propia auto iniciada actividad. El reconocimiento que evoca la influencia de su vida entre sus pares manifestará su bienvenida. Las ceremonias de iniciación, en las cuales entonces él podrá tomar parte, le demostrarán tres cosas:<br/>1. Que los aprendices iniciados que están sobre el sendero de purificación, los compañeros de gremio en el sendero del discipulado, y sus hermanos Maestros sobre el sendero de iniciación o santidad, lo reconocen a él como hermano.<br/>2. Ellas le permitirán, en la conciencia de su cerebro «probarse a si mismo» y a los demás, que él es lo que su propia lucha y convicción interna, ya le han demostrado.<br/>3. También lo estimularán tanto en su aspiración y en el desarrollo de sus capacidades, mediante la energía vertida en la Logia, que podrá «ver la verdad»; y unirse al rango de aquellos que están dispuestos a cooperar, con plena conciencia y comprensión, en los planes del G.A.D.U.<br/>La cuarta ley, la Ley de los Constructores producirá esa energía que iniciará los métodos de trabajo en la Nueva Era que se avecina. Es el tipo de trabajo del cual la Masonería siempre ha dado testimonio. Es la técnica del trabajo grupal y el futuro método de servir a la humanidad, a través de la actividad grupal.<br/>Gobierna el trabajo creativo de la Logia y es el modo de actividad de quienes están animados por el amor fraterno, que están dispuestos a trabajar por medio de los rituales rítmicos de la Logia y que han sido reconocidos por sus hermanos como aptos y equipados. Cuando las tres leyes arriba mencionadas, sus influencias e impulsos controlen al individuo y a la Logia, entonces la Ley de los Constructores, que es la ley de la influencia unida de la Logia de MM.MM. puede comenzar a hacer sentir su poder creativo sobre la tierra.<br/>No es posible hacer otra cosa, que referirse a la futura potencia de este trabajo unido, porque la tarea no puede ser llevada adelante con seguridad hasta que los masones se amen mutuamente de verdad, y hasta que la naturaleza de la cooperación rítmica sea mejor comprendida. Los masones tienen todavía mucho trabajo interior que realizar consigo mismos. El tiempo para el verdadero reconocimiento masónico en gran escala está distante todavía. <br/>La Masonería debe aún masónica y espiritualmente «probarse a si misma». Cuando esto tenga lugar y el propósito espiritual subyacente del trabajo masónico sea mejor advertido, entonces la Ley de los Constructores podrá hacer sentir su influencia, así, el trabajo grupal para la raza podrá llevarse a cabo, y la consciente cooperación de la tarea de la Logia, con aquella de la Logia en lo Alto, podrá visualizarse. Entonces, la Masonería será restablecida como el custodio de los Misterios de la vida espiritual sobre la tierra, y se probará a si misma, ser la fuerza de la vida que existe en el corazón de toda verdadera religión.<br/>De esta manera tendremos demostrada la verdadera constitución de la Masonería. Esta mostrará que posee realmente y en verdad, un título o dispensación de la Logia Celestial, que le otorga poder para trabajar y podrá demostrar que está establecida en la tierra correcta y apropiadamente «para la gloria de Dios» y será un centro focal de luz. Probará que está realmente «dedicada a la memoria de los Santos Juanes», por cuya razón estará conectada con aquello que está escrito arriba. Uno de estos Santos Juanes   precedió, o fue el antecesor del Hijo de Dios; encarnaba en sí mismo el tercer aspecto de la Divinidad, el que concierne al exterior o forma material; el bautizaba con agua, el símbolo de la purificación, y «reconoció» debidamente al UNO Quien debía llegar a señalar el camino.  El Verbo se hizo carne.<br/>El otro Juan, que vino después de Cristo, encarnó en si mismo el instructor. Enseñó la ley del amor a la primera Iglesia Cristiana. En estos dos santos esta retratado el pasado y el futuro, y de aquí la dedicación a ellos de todas las Logias. La Ley de Reconocimiento y la ley del Amor fueron anunciadas por Ellos, y en nuestra respuesta a su mensaje unido se halla la esperanza de la Masonería.<br/>Al candidato a los Misterios, Juan el Bautista le señala el camino a Cristo como el gran Ejemplo y le indica esa purificación y trabajo interno que evocará la respuesta del alma y el reconocimiento del Iniciador Uno, el Cristo. El bien amado apóstol predica al candidato la ley del amor y le dice, como a todos los masones pequeños «Hijos, ámense los unos a los otros».<br/>En amor, a través del ritmo del ritual y por medio del reconocimiento espiritual, se establece una Logia, debidamente constituida, dedicada a Dios y a los Santos Juanes. Cuando la Ley de los Constructores, pueda afirmarse y gobernar toda actividad de la Logia, y sólo entonces, poseeremos en verdad un título o dispensación de la Logia en lo Alto para trabajar."



















La Ley de Reconocimiento, concierne mucho mas al candidato que a la Logia de masones. Es el nombre dado por los estudiantes esoteristas a esa influencia o energía que — emanando del candidato mismo— evoca, de la Logia reunida, ese reconocimiento que lo aclama como iniciado. El hombre debe ser iniciado internamente antes de que pueda con todo éxito tomar la iniciación en el verdadero sentido espiritual. Es interesante e instructivo recordar, conectado con esto, que todas las religiones del mundo, tanto orientales como occidentales, enseñan que el sendero del candidato a la iniciación de divide en tres partes, que corresponden esotéricamente a los tres grados:
1. El Sendero de Probación, o de purificación.
2. El Sendero del Discipulado.
3. El Sendero de Iniciación, o de Santidad e Iluminación.
Los tres grados de la Logia Azul pone esto de manifiesto. En cada caso, a medida que un hombre se cualifica para pasar, y demuestra las necesarias características, su logro interno es reconocido por quienes están en un grado superior. Es el reconocimiento de que él ES un iniciado, y por este motivo se le puede permitir participar en un misterio mayor. Un iniciado ES, por lo tanto, no puede ser hecho. La ceremonia de iniciación es simplemente una forma de reconocimiento, durante la cual el candidato evidencia en el plano físico aquello que ya ha emprendido dentro suyo.
Esta es la verdadera iniciación. Hoy nosotros representamos en la forma esta posibilidad, mostrando así la necesidad del hombre. En el aspecto interno de la vida, y a través de las edades, los hombres han pasado etapa tras etapa a la vida del espíritu, siendo primero probacionistas o aprendices, luego discípulos o Compañeros y luego Maestros que a su debido tiempo entrarán en la Logia en lo Alto.
Algún día, y tal vez el tiempo esté más cerca de lo que pensamos, estos aspectos del trabajo masónico se fusionarán; lo exotérico y lo esotérico, lo externo y lo interno constituirán una realidad viviente. El individuo, habiendo encontrado la luz dentro suyo, será saludado sobre la tierra por sus hermanos que están «en la luz» y será admitido en sus actividades como dador de luz. Habiendo hollado el sendero del discipulado y aprendido las ciencias del espíritu, y así merecido su debido salario de «grano, vino, y aceite» será reconocido por sus hermanos constructores para compartir sus labores. Habiendo entrado en la vida y probado en sí mismo la realidad de la inmortalidad, la Logia de Masones que recibe los salarios del Maestro lo admitirá en su rango y le permitirá unirse a su tarea de elevar a los hombres a la vida eterna.
Sin embargo esto se deberá especialmente a su propia auto iniciada actividad. El reconocimiento que evoca la influencia de su vida entre sus pares manifestará su bienvenida. Las ceremonias de iniciación, en las cuales entonces él podrá tomar parte, le demostrarán tres cosas:
1. Que los aprendices iniciados que están sobre el sendero de purificación, los compañeros de gremio en el sendero del discipulado, y sus hermanos Maestros sobre el sendero de iniciación o santidad, lo reconocen a él como hermano.
2. Ellas le permitirán, en la conciencia de su cerebro «probarse a si mismo» y a los demás, que él es lo que su propia lucha y convicción interna, ya le han demostrado.
3. También lo estimularán tanto en su aspiración y en el desarrollo de sus capacidades, mediante la energía vertida en la Logia, que podrá «ver la verdad»; y unirse al rango de aquellos que están dispuestos a cooperar, con plena conciencia y comprensión, en los planes del G.A.D.U.
La cuarta ley, la Ley de los Constructores producirá esa energía que iniciará los métodos de trabajo en la Nueva Era que se avecina. Es el tipo de trabajo del cual la Masonería siempre ha dado testimonio. Es la técnica del trabajo grupal y el futuro método de servir a la humanidad, a través de la actividad grupal.
Gobierna el trabajo creativo de la Logia y es el modo de actividad de quienes están animados por el amor fraterno, que están dispuestos a trabajar por medio de los rituales rítmicos de la Logia y que han sido reconocidos por sus hermanos como aptos y equipados. Cuando las tres leyes arriba mencionadas, sus influencias e impulsos controlen al individuo y a la Logia, entonces la Ley de los Constructores, que es la ley de la influencia unida de la Logia de MM.MM. puede comenzar a hacer sentir su poder creativo sobre la tierra.
No es posible hacer otra cosa, que referirse a la futura potencia de este trabajo unido, porque la tarea no puede ser llevada adelante con seguridad hasta que los masones se amen mutuamente de verdad, y hasta que la naturaleza de la cooperación rítmica sea mejor comprendida. Los masones tienen todavía mucho trabajo interior que realizar consigo mismos. El tiempo para el verdadero reconocimiento masónico en gran escala está distante todavía.
La Masonería debe aún masónica y espiritualmente «probarse a si misma». Cuando esto tenga lugar y el propósito espiritual subyacente del trabajo masónico sea mejor advertido, entonces la Ley de los Constructores podrá hacer sentir su influencia, así, el trabajo grupal para la raza podrá llevarse a cabo, y la consciente cooperación de la tarea de la Logia, con aquella de la Logia en lo Alto, podrá visualizarse. Entonces, la Masonería será restablecida como el custodio de los Misterios de la vida espiritual sobre la tierra, y se probará a si misma, ser la fuerza de la vida que existe en el corazón de toda verdadera religión.
De esta manera tendremos demostrada la verdadera constitución de la Masonería. Esta mostrará que posee realmente y en verdad, un título o dispensación de la Logia Celestial, que le otorga poder para trabajar y podrá demostrar que está establecida en la tierra correcta y apropiadamente «para la gloria de Dios» y será un centro focal de luz. Probará que está realmente «dedicada a la memoria de los Santos Juanes», por cuya razón estará conectada con aquello que está escrito arriba. Uno de estos Santos Juanes precedió, o fue el antecesor del Hijo de Dios; encarnaba en sí mismo el tercer aspecto de la Divinidad, el que concierne al exterior o forma material; el bautizaba con agua, el símbolo de la purificación, y «reconoció» debidamente al UNO Quien debía llegar a señalar el camino. El Verbo se hizo carne.
El otro Juan, que vino después de Cristo, encarnó en si mismo el instructor. Enseñó la ley del amor a la primera Iglesia Cristiana. En estos dos santos esta retratado el pasado y el futuro, y de aquí la dedicación a ellos de todas las Logias. La Ley de Reconocimiento y la ley del Amor fueron anunciadas por Ellos, y en nuestra respuesta a su mensaje unido se halla la esperanza de la Masonería.
Al candidato a los Misterios, Juan el Bautista le señala el camino a Cristo como el gran Ejemplo y le indica esa purificación y trabajo interno que evocará la respuesta del alma y el reconocimiento del Iniciador Uno, el Cristo. El bien amado apóstol predica al candidato la ley del amor y le dice, como a todos los masones pequeños «Hijos, ámense los unos a los otros».
En amor, a través del ritmo del ritual y por medio del reconocimiento espiritual, se establece una Logia, debidamente constituida, dedicada a Dios y a los Santos Juanes. Cuando la Ley de los Constructores, pueda afirmarse y gobernar toda actividad de la Logia, y sólo entonces, poseeremos en verdad un título o dispensación de la Logia en lo Alto para trabajar.




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