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MOISÉS, EL QUE OTORGA LA LEY. (2/2)


Si Moisés hubiera recibido una respuesta a su pregunta, habría conseguido esclavizar al dios.       La teología y la magia siempre fueron conceptos por completo semejantes hasta tiempos relativamente recientes, cuando se ha logrado trazar una línea imaginaria entre las dos mitades del misticismo primitivo El concepto del dios de los israelitas, que vive en su arca, no es muy diferente del concepto del genio que habita en su botella concediendo los deseos de sus amos, ambos dan rienda suelta a actividades como volar por los aires, dividir mares enteros y lanzar bolas de fuego que surcan el cielo, en general ignorando todas las leyes de la naturaleza Hoy mantenemos una frágil separación entre las narraciones de las Mil y una noches y las de la Biblia, pero no hay lugar a dudas de que comparten un origen común. Esto será muy difícil de aceptar para mucha gente, pero si tomamos en cuenta lo que la Biblia señala de manera textual, entonces la figura del creador, el cual es denominado por el mundo occidental con el nombre de Dios, tuvo sus inicios como un humilde genio que sobrevivía utilizando su talento en las montañas del noreste de África y el sudeste de Asia.
Temeroso por su independencia, el dios midianita rechazó la pregunta de Moisés en cuanto a su nombre y trató de estable­cer su importancia al decirle que se quitara los zapatos y se mantuviera a distancia por estar pisando suelo santo El Libro del Éxodo nos dice que la respuesta que Dios dio en cuanto a la pregunta sobre Su nombre fue Ehyeh asher ehyeh Esto suele traducirse como “yo soy el que soy” pero en el lenguaje de los autores, conlleva mayor importancia y podrá más bien significar algo como: ¡Ocúpate de tus propios asuntos’ Los nombres Yahvé o Jehová son pronunciaciones modernas de la descripción hebrea de Dios que es YHWH (el idioma hebreo no tiene vocales). No era el nombre del dios, más bien fue un título adoptado de la respuesta “yo soy”. De acuerdo con la narración de la Biblia, Moisés regresó a Egipto tiempo después para liberar a las diversas bandas de asiáticos, llamados habirus por los egipcios, de la esclavitud, supuestamente valiéndose de los poderes de suymw/genio/dios de la tormenta para traer la miseria y la muerte a los infortunados egipcios.
Se nos dice que seiscientos mil israelitas iniciaron un viaje que duró cuarenta años, pero resulta claro para cualquier observador inteligente que un éxodo de tal magnitud sólo pudo haber involucrado a una fracción de dicha cifra. No existe rastro alguno de un suceso así en la historia egipcia, y de haber sido algo de la escala en que lo narra la Biblia, también lo sería para los egipcios. Si el grupo tenía esa cantidad de personas, representaría la cuarta parte de la población total de Egipto, y dado el efecto que esta migración habría causado en los requerimientos de alimento y de abasto laboral, los egipcios ciertamente hubieran registrado su impacto social.
Sin embargo, cualquiera que haya sido la cifra, Moisés llevó a su pueblo al Sinaí de regreso al campamento midianita, donde saludó a su suegro, quien a su vez dio la bienvenida a los israelitas y ofreció a Moisés sabios consejos. El profeta entonces regresó a la montaña sagrada para reunirse con el dios que aún vivía ahí. El dios de la tormenta, que habitaba en una nube negra, dijo a Moisés que si alguno de esos israelitas o sus animales llegaban a poner un pie en la montaña o sólo la tocaban, él los mataría atravesándolos con una descarga o los apedrearía. El nuevo dios informó a sus nuevos seguidores que requería que lo adoraran de otra manera o cobraría venganza no sólo contra quienes no lo hicieran, sino contra sus hijos, nietos y el resto de su descendencia.
Exigió además que los israelitas le hicieran regalos de oro, plata, linos finos, pieles de tejón y madera de acacia y que construyeran un arca completamente revestida de oro para que él la pudiera habitar. Esta arca era del modelo egipcio clásico con querubines egipcios en lo alto, los cuales hoy día son aceptados en todo el mundo como un par de esfinges aladas, esto es, leones alados con cabeza de humanos.
No creemos que este dios haya causado una gran impresión a la mayoría de los israelitas, ya que éstos hicieron un becerro de oro en cuanto Moisés subió la montaña para hablar con Jehová. Lo más probable es que esa efigie fuera una representación del dios egipcio Apis, lo que enfureció al nuevo dios, el cual instruyó a Moisés para que ordenara a sus sacerdotes ejecutar a cuantos pecadores fuera posible; se relata que murieron tres mil israelitas.


Y los muros se derribaron
En tanto que los israelitas se desplazaban hacia su tierra prometida, sólo existía un obstáculo entre ellos y el logro de su cometido: la población local. Pero Jehová los llevaría a la victoria so­bre los campesinos de Canaán. El libro del Deuteronomio (versión Douai), en sus capítulos 2 y 3, narra cómo sucedieron los hechos cuando los elegidos de Dios amenazaron la ciudad estado de Canaán: Y Sehon vino a encontrarnos con toda su gente para combatir en Jasa Y Dios Nuestro Señor lo trajo hasta nosotros y lo matamos junto sus hijos y su pueblo. Y tomamos todas sus ciudades al mismo tiempo, dando muerte a sus habitantes, hombres, mujeres y niños No dejamos nada de ellos.
Excepto el ganado que se repartió entre aquellos que se lo llevaron; y los botines que nos llevamos de las ciudades. Desde Aroer, que está ubicado en la ribera del torrente Arnon, un poblado del valle a la altura de Galaad No hubo pueblo o ciudad que se nos escapara de las manos: Dios nuestro Señor nos los entregó todos.. Entonces volvimos por el camino de Basan: y Og, el rey de Basan, vino a nuestro encuentro con su pueblo para luchar en Edari en nuestra contra. Y el Señor me dijo: no le temas: porque está rendido en tus manos, junto con toda su gente y sus tierras. Y tú le harás lo que le hiciste a Seehon, rey de los amorreos, quien vivía en Hesebon. Así Dios nuestro Señor entregó a Og, también rey de Basan, en nuestras manos. Y los destruimos totalmente:
Acabando con todas sus ciudades al mismo tiempo. No hubo poblado que se nos escapara: sesenta ciudades, todo el territorio de Argob y el reino de Og en Basan. Todas las ciudades estaban resguardadas con muros muy altos y con pórticos y barras: además de los innumerables pueblos que carecían de muros. Y los destruimos por completo, como lo hicimos con Seehon, el rey de Hesebon: destruyendo cada ciudad, hombre, mujer y niño. Pero el ganado y el botín de las ciudades lo tomamos para nosotros. Los pasajes no describen batallas sino masacres en las que cada hombre, mujer y niño, al igual que ovejas, bueyes y asnos, fueron muertos con la espada.
El Antiguo Testamento contiene aún más pasajes de este tipo de violencia. Además, Jehová le recuerda a Su pueblo que él es todopoderoso y está dispuesto a castigar con ferocidad a aquellos que no lo adoren y vivan conforme a Su Palabra. En el Deuteronomio 8:19-20 se da la siguiente advertencia: Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis.
Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios. Quienquiera que haya sido Moisés en realidad, se convirtió en asesino en Egipto y pasó el resto de su vida asesinando grandes cantidades de gente, tanto extraña como aquella que puso su confianza en él. Encontramos difícil reconciliar al hombre y a su visión sobre su Dios, con el Dios de los judíos y cristianos de hoy. Para nosotros esta disparidad prueba la idea de que Dios no es un ente estático, sino un foco social que crece y evoluciona conforme se entremezcla con otros dioses, desarrollándose lentamente en una figura líder idealizada que refleja la moral y las necesidades de entonces. No se trata tanto de que Dios haya hecho al hombre a Su imagen y semejanza, sino de que el hombre, en forma continua, recrea a Dios a su imagen y semejanza.
La fecha del Éxodo
En la actualidad algunos investigadores piensan que las batallas sangrientas narradas en el Antiguo Testamento son exageradas y que la llegada de los israelitas representó más bien una absorción gradual de la sociedad cananea, que su cruento reemplazo. Sin embargo, en exploraciones arqueológicas recientes, se ha descubierto evidencia de una gran cantidad de ciudades y poblados destruidos qué ubican el cálculo del Éxodo durante la última mitad de la Edad de Bronce. Tal suposición ubicaría al Éxodo en algún punto de un lapso de cien años entre la expulsión de los hicsos y mediados del siglo xv a.C. Esto incrementa ampliamente la probabilidad de que Moisés fuera adoptado por la familia real egipcia poco después de que el pueblo de Tebas recuperara el control del país. Pensamos que los conocimientos que adquirió en Egipto le otorgaron la percepción y la capacidad de crear a su propio dios y establecer una nueva nación frente a grandes dificultades. Sus métodos inhumanos pudieron ser la única manera de lograr el éxito. Hay bastante evidencia de que hubo una fuerte influencia egipcia en los sucesos del Éxodo, desde el diseño del Arca de la Alianza hasta tablas de jeroglíficos dadas a Moisés por Jehová; y pensamos que es lógico suponer que los secretos de Seqenenre sobre la ceremonia de resurrección fueron también tomados de Egipto. Es claro que Moisés trató a su pueblo como personas de mentalidad sencilla y de hecho debieron ser poco sofisticados comparados con su líder quien era, como sabemos, diestro con los secretos de los egipcios.
Christopher Knigh







"MOISÉS, EL QUE OTORGA LA LEY. (2/2)<br/>Si Moisés hubiera recibido una respuesta a su pregunta, habría conseguido esclavizar al dios. La teología y la magia siempre fueron conceptos por completo semejantes hasta tiempos relativamente recientes, cuando se ha logrado trazar una línea imaginaria entre las dos mitades del misticismo primitivo El concepto del dios de los israelitas, que vive en su arca, no es muy diferente del concepto del genio que habita en su botella concediendo los deseos de sus amos, ambos dan rienda suelta a actividades como volar por los aires, dividir mares enteros y lanzar bolas de fuego que surcan el cielo, en general ignorando todas las leyes de la naturaleza Hoy mantenemos una frágil separación entre las narraciones de las Mil y una noches y las de la Biblia, pero no hay lugar a dudas de que comparten un origen común. Esto será muy difícil de aceptar para mucha gente, pero si tomamos en cuenta lo que la Biblia señala de manera textual, entonces la figura del creador, el cual es denominado por el mundo occidental con el nombre de Dios, tuvo sus inicios como un humilde genio que sobrevivía utilizando su talento en las montañas del noreste de África y el sudeste de Asia. <br/>Temeroso por su independencia, el dios midianita rechazó la pregunta de Moisés en cuanto a su nombre y trató de estable­cer su importancia al decirle que se quitara los zapatos y se mantuviera a distancia por estar pisando suelo santo El Libro del Éxodo nos dice que la respuesta que Dios dio en cuanto a la pregunta sobre Su nombre fue Ehyeh asher ehyeh Esto suele traducirse como “yo soy el que soy” pero en el lenguaje de los autores, conlleva mayor importancia y podrá más bien significar algo como: ¡Ocúpate de tus propios asuntos’ Los nombres Yahvé o Jehová son pronunciaciones modernas de la descripción hebrea de Dios que es YHWH (el idioma hebreo no tiene vocales). No era el nombre del dios, más bien fue un título adoptado de la respuesta “yo soy”. De acuerdo con la narración de la Biblia, Moisés regresó a Egipto tiempo después para liberar a las diversas bandas de asiáticos, llamados habirus por los egipcios, de la esclavitud, supuestamente valiéndose de los poderes de suymw/genio/dios de la tormenta para traer la miseria y la muerte a los infortunados egipcios. <br/>Se nos dice que seiscientos mil israelitas iniciaron un viaje que duró cuarenta años, pero resulta claro para cualquier observador inteligente que un éxodo de tal magnitud sólo pudo haber involucrado a una fracción de dicha cifra. No existe rastro alguno de un suceso así en la historia egipcia, y de haber sido algo de la escala en que lo narra la Biblia, también lo sería para los egipcios. Si el grupo tenía esa cantidad de personas, representaría la cuarta parte de la población total de Egipto, y dado el efecto que esta migración habría causado en los requerimientos de alimento y de abasto laboral, los egipcios ciertamente hubieran registrado su impacto social.<br/>Sin embargo, cualquiera que haya sido la cifra, Moisés llevó a su pueblo al Sinaí de regreso al campamento midianita, donde saludó a su suegro, quien a su vez dio la bienvenida a los israelitas y ofreció a Moisés sabios consejos. El profeta entonces regresó a la montaña sagrada para reunirse con el dios que aún vivía ahí. El dios de la tormenta, que habitaba en una nube negra, dijo a Moisés que si alguno de esos israelitas o sus animales llegaban a poner un pie en la montaña o sólo la tocaban, él los mataría atravesándolos con una descarga o los apedrearía. El nuevo dios informó a sus nuevos seguidores que requería que lo adoraran de otra manera o cobraría venganza no sólo contra quienes no lo hicieran, sino contra sus hijos, nietos y el resto de su descendencia.<br/> Exigió además que los israelitas le hicieran regalos de oro, plata, linos finos, pieles de tejón y madera de acacia y que construyeran un arca completamente revestida de oro para que él la pudiera habitar. Esta arca era del modelo egipcio clásico con querubines egipcios en lo alto, los cuales hoy día son aceptados en todo el mundo como un par de esfinges aladas, esto es, leones alados con cabeza de humanos.<br/>No creemos que este dios haya causado una gran impresión a la mayoría de los israelitas, ya que éstos hicieron un becerro de oro en cuanto Moisés subió la montaña para hablar con Jehová. Lo más probable es que esa efigie fuera una representación del dios egipcio Apis, lo que enfureció al nuevo dios, el cual instruyó a Moisés para que ordenara a sus sacerdotes ejecutar a cuantos pecadores fuera posible; se relata que murieron tres mil israelitas.  <br/><br/>Y los muros se derribaron<br/>En tanto que los israelitas se desplazaban hacia su tierra prometida, sólo existía un obstáculo entre ellos y el logro de su cometido: la población local. Pero Jehová los llevaría a la victoria so­bre los campesinos de Canaán. El libro del Deuteronomio (versión Douai), en sus capítulos 2 y 3, narra cómo sucedieron los hechos cuando los elegidos de Dios amenazaron la ciudad estado de Canaán: Y Sehon vino a encontrarnos con toda su gente para combatir en Jasa Y Dios Nuestro Señor lo trajo hasta nosotros y lo matamos junto sus hijos y su pueblo. Y tomamos todas sus ciudades al mismo tiempo, dando muerte a sus habitantes, hombres, mujeres y niños No dejamos nada de ellos.<br/>Excepto el ganado que se repartió entre aquellos que se lo llevaron; y los botines que nos llevamos de las ciudades. Desde Aroer, que está ubicado en la ribera del torrente Arnon, un poblado del valle a la altura de Galaad No hubo pueblo o ciudad que se nos escapara de las manos: Dios nuestro Señor nos los entregó todos.. Entonces volvimos por el camino de Basan: y Og, el rey de Basan, vino a nuestro encuentro con su pueblo para luchar en Edari en nuestra contra. Y el Señor me dijo: no le temas: porque está rendido en tus manos, junto con toda su gente y sus tierras. Y tú le harás lo que le hiciste a Seehon, rey de los amorreos, quien vivía en Hesebon. Así Dios nuestro Señor entregó a Og, también rey de Basan, en nuestras manos. Y los destruimos totalmente: <br/>Acabando con todas sus ciudades al mismo tiempo. No hubo poblado que se nos escapara: sesenta ciudades, todo el territorio de Argob y el reino de Og en Basan. Todas las ciudades estaban resguardadas con muros muy altos y con pórticos y barras: además de los innumerables pueblos que carecían de muros. Y los destruimos por completo, como lo hicimos con Seehon, el rey de Hesebon: destruyendo cada ciudad, hombre, mujer y niño. Pero el ganado y el botín de las ciudades lo tomamos para nosotros. Los pasajes no describen batallas sino masacres en las que cada hombre, mujer y niño, al igual que ovejas, bueyes y asnos, fueron muertos con la espada.<br/>El Antiguo Testamento contiene aún más pasajes de este tipo de violencia. Además, Jehová le recuerda a Su pueblo que él es todopoderoso y está dispuesto a castigar con ferocidad a aquellos que no lo adoren y vivan conforme a Su Palabra. En el Deuteronomio 8:19-20 se da la siguiente advertencia: Mas si llegares a olvidarte de Jehová tu Dios y anduvieres en pos de dioses ajenos, y les sirvieres y a ellos te inclinares, yo lo afirmo hoy contra vosotros, que de cierto pereceréis. <br/>Como las naciones que Jehová destruirá delante de vosotros, así pereceréis, por cuanto no habréis atendido a la voz de Jehová vuestro Dios. Quienquiera que haya sido Moisés en realidad, se convirtió en asesino en Egipto y pasó el resto de su vida asesinando grandes cantidades de gente, tanto extraña como aquella que puso su confianza en él. Encontramos difícil reconciliar al hombre y a su visión sobre su Dios, con el Dios de los judíos y cristianos de hoy. Para nosotros esta disparidad prueba la idea de que Dios no es un ente estático, sino un foco social que crece y evoluciona conforme se entremezcla con otros dioses, desarrollándose lentamente en una figura líder idealizada que refleja la moral y las necesidades de entonces. No se trata tanto de que Dios haya hecho al hombre a Su imagen y semejanza, sino de que el hombre, en forma continua, recrea a Dios a su imagen y semejanza.  <br/>La fecha del Éxodo<br/>En la actualidad algunos investigadores piensan que las batallas sangrientas narradas en el Antiguo Testamento son exageradas y que la llegada de los israelitas representó más bien una absorción gradual de la sociedad cananea, que su cruento reemplazo. Sin embargo, en exploraciones arqueológicas recientes, se ha descubierto evidencia de una gran cantidad de ciudades y poblados destruidos qué ubican el cálculo del Éxodo durante la última mitad de la Edad de Bronce. Tal suposición ubicaría al Éxodo en algún punto de un lapso de cien años entre la expulsión de los hicsos y mediados del siglo xv a.C. Esto incrementa ampliamente la probabilidad de que Moisés fuera adoptado por la familia real egipcia poco después de que el pueblo de Tebas recuperara el control del país. Pensamos que los conocimientos que adquirió en Egipto le otorgaron la percepción y la capacidad de crear a su propio dios y establecer una nueva nación frente a grandes dificultades. Sus métodos inhumanos pudieron ser la única manera de lograr el éxito. Hay bastante evidencia de que hubo una fuerte influencia egipcia en los sucesos del Éxodo, desde el diseño del Arca de la Alianza hasta tablas de jeroglíficos dadas a Moisés por Jehová; y pensamos que es lógico suponer que los secretos de Seqenenre sobre la ceremonia de resurrección fueron también tomados de Egipto. Es claro que Moisés trató a su pueblo como personas de mentalidad sencilla y de hecho debieron ser poco sofisticados comparados con su líder quien era, como sabemos, diestro con los secretos de los egipcios.  <br/>Christopher Knigh"








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