¡Nos mudamos!
Visitenos en nuestra nueva dirección web
www.fenixnews.com

EL ÁGAPE MASONICO




"LIBACIONES MASONICAS:<br/>La primera se ofrece al Sol, rey del universo y de la naturaleza, a quien se debe toda fecundidad. El brindis se dedica al Gran Arquitecto, que gobierna todo lo creado (votos por unidad).<br/>La segunda se ofrece a la Luna, que alumbra los sueños y los más ocultos misterios. Se dedica el brindis al gobierno del espíritu (votos por la continuidad de la Tradición).<br/>La tercera se consagra a Marte o Ares (quien regía los consejos y debates). Dedicado al gobierno del trabajo (votos por la prosperidad de los iniciados, por su instrucción).<br/>La cuarta, ofrecida a Mercurio (a quien los egipcios llamaban Anubis, dios de la vigilancia, quien anunciaba la apertura y clausura de los trabajos, y recorría el Cielo, la Tierra y los Infiernos. Dedicando el brindis al desarrollo de los sentidos (votos por la vigilancia y consciencia).<br/>La quinta, a Júpiter (llamado Xenius, dios de la hospitalidad). Brindis dedicado a los sentimientos (votos por el cultivo de las emociones).<br/>La sexta se ofrece a Venus (diosa de la generación, que crea y produce): Dedicándose el brindis a la virtud (votos por la perfección moral)<br/>La séptima, a Saturno, dios de los periodos y del tiempo, representante de la igualdad entre los hombres. El brindis se dedica al hombre y a quienes están en el Oriente Eterno (votos por la armonía de los seres).<br/> En las fiestas de Saturno, los esclavos participaban de los placeres de sus amos, sentándose con ellos a la mesa, y por ello, este brindis es el único al que se incorporan los sirvientes y músicos. Para figurar la magnitud de la órbita de Saturno, se rehace la cadena entera (cerrada, de la cual cada hermano es un eslabón y que abarca todo el Universo) cogiéndose la punta de la servilleta del hermano que se encuentra a la derecha. Es costumbre, después de la séptima libación entonar un cántico sagrado o himno.<br/>Entre la sexta y séptima libación se pueden intercalar otros brindis que se juzguen oportunos (en honor a los nuevos iniciados, al colegio de oficiales, a los visitantes, etc.), pero la séptima ha de ser siempre la última, en la cual participan también los sirvientes. Cuando se dedica un brindis a un hermano, éste se mantiene de pie y al orden, dando las gracias posteriormente con la batería del grado. Las libaciones, del mismo modo que las baterías, se hacen por tres y nueve, por tiempos (movimientos rápidos) según las órdenes dadas por el oficial que consagra la libación:<br/>Mano derecha a los cañones! (coger la copa)<br/>Arriba los cañones! (levantarla hasta la horizontal)<br/>Apunten! (copa a los labios)<br/>Fuego! (beber un sorbo)<br/>Buen fuego! (beber otro poco)<br/>El más vivo de los fuegos! (beber hasta apurarlo)<br/>Armas al frente! (brazo con la copa extendido hasta la posición horizontal)<br/>Saluden! (triple saludo: copa del frente al hombro derecho; al lado derecho del pecho; al corazón; al frente; así por tres veces seguidas para terminar con la copa al hombro derecho).<br/>Descansen armas, uno... dos... tres! (los hermanos bajan la copa en tres tiempos, al tercero todas las copas tocan la mesa a la vez para oírse un solo golpe)<br/>Cuando un hermano comete una falta durante la celebración de un banquete, el Venerable le puede amonestar haciéndole tirar una salva de pólvora floja (apurar un vaso de agua amarga). Cuando esto tiene lugar, muy rara vez, se hace colocar al hermano amonestado a la Orden y entre columnas, y una vez allí, el Maestro de Ceremonias le presenta la palangana con un vaso de agua, que constituyen los instrumentos del suplicio, y que a la orden de ‘fuego’ dada por el Venerable debe apurar.<br/>Este castigo representa el que se daba a los dioses que cometían perjurio, haciéndoles beber de la mano de Isis una copa de agua emponzoñada.<br/>Todos los objetos tienen una nomenclatura simbólica: La mesa, plataforma; las servilletas, banderas; mantel, gran bandera; las bandejas, terraplenes; los platos, tejas; las cucharas, trullas, paletas o llanas; los tenedores, azadones o tridentes; los cuchillos, espadas; las botellas, barricas; los vasos y copas, cañones; los manjares, materiales; el pan, piedra tosca o bruta; el agua, pólvora floja o blanca; el vino, pólvora roja; la sidra o cerveza, pólvora amarilla; el café, pólvora negra; los licores, pólvora fulminante; el azúcar, yeso; la sal, arena blanca; la pimienta, cemento o arena roja; las luces, estrellas; las sillas, sillares; comer, masticar; llenar las copas, cargar los cañones; beber, hacer una salva o cañonazo; comer, unir; poner sobre sus líneas los vasos, botellas, etc., alinear las armas; trinchar, desbastar, etc.<br/>En otros ritos diferentes al escocés, así como en algunos altos grados, lo anteriormente expresado sobre el banquete sufre ligeras modificaciones. En el rito de adopción, se tiene por costumbre colocar en el centro de la herradura (mesa) a un hermano con el título de Embajador, quien se encarga de promover y contestar con bellas palabras los discursos.<br/>El banquete es considerado una continuación de los trabajos del templo, por lo que se abren éstos según el rito, y en recreación se pasa a la sala de banquetes, donde se reanudan con fuerza y vigor, comenzando los trabajos de banquete a la orden del Venerable.<br/>Al universo simbólico del ritual del banquete se suma el de los alimentos que se ingieren, el de los recipientes de cocina utilizados y la forma especial de elaborarlos, el del ayuno (purificación) previo, el de los elementos ornamentales de la sala húmeda, el del sacrificio de animales para el banquete y la recolección de hortalizas, el de la confección del pan, etc.<br/>Consideraciones de suma importancia, que varían según la época en que se celebra, y sobre lo que no voy a exponer, pues sería materia para otro libro. En un banquete masónico todo está revestido de carácter ritual (tanto su preparación como su celebración); en él los masones comulgan con la ley de los ciclos y ritmos de la naturaleza, y con él se purifican corporalmente (al finalizar la alegría es notoria, y cerrados los trabajos, se continua con cánticos y música). Todos los hermanos están obligados a asistir a los banquetes, así como a sufragar sus gastos.<br/>El maestro de banquetes es el oficial encargado de la preparación de las tenidas de mesa, cuyo nombre proviene de la antigua masonería inglesa, que celebrando sus tenidas en tabernas y posadas éstas acababan siempre con un ágape.<br/>El maestro de banquetes proyecta los ágapes en función del tipo de trabajo que les precede, mantiene el orden durante su transcurso y coloca los servicios y la decoración de la sala donde se celebran. Debe ser un experto conocedor del simbolismo culinario (ayunos, formas de las libaciones, transmisión energética de los alimentos, bebidas y alimentos simbólicos, léxico de los ágapes, circulación y posiciones de los comensales, etc.), y se encargará de dirigir la instrucción relativa al mismo. Su joya consiste en un cuerno de la abundancia.<br/>Creo que utilizando este trabajo como pauta, cada Maestro de banquetes tiene suficientes datos como para estructurar la mesa según su criterio, y cualquier comentario que pueda añadir sería superfluo, de modo que prefiero respetar el trabajo de mi querido Maestro y dejar tal cual el capítulo.<br/>LA SILLA VACÍA<br/>Una de las costumbres más respetuosas que deben observarse, tanto en los banquetes rituales como en los blancos, es dejar una silla vacía, con su correspondiente servicio de plato y cubiertos, como cortesía hacia aquellos Hh... del O... Et... que deseen acompañarnos durante el ágape y compartir la comunión de los presentes. En los antiguos rituales de retejeo y en los ágapes de los masones operativos, era obligatorio reservar algunas partes del pan para después ser esparcidas por tierra, como señal de dar de comer a los hermanos que en ella estaban enterrados."










LIBACIONES MASONICAS:
La primera se ofrece al Sol, rey del universo y de la naturaleza, a quien se debe toda fecundidad. El brindis se dedica al Gran Arquitecto, que gobierna todo lo creado (votos por unidad).
La segunda se ofrece a la Luna, que alumbra los sueños y los más ocultos misterios. Se dedica el brindis al gobierno del espíritu (votos por la continuidad de la Tradición).
La tercera se consagra a Marte o Ares (quien regía los consejos y debates). Dedicado al gobierno del trabajo (votos por la prosperidad de los iniciados, por su instrucción).
La cuarta, ofrecida a Mercurio (a quien los egipcios llamaban Anubis, dios de la vigilancia, quien anunciaba la apertura y clausura de los trabajos, y recorría el Cielo, la Tierra y los Infiernos. Dedicando el brindis al desarrollo de los sentidos (votos por la vigilancia y consciencia).
La quinta, a Júpiter (llamado Xenius, dios de la hospitalidad). Brindis dedicado a los sentimientos (votos por el cultivo de las emociones).
La sexta se ofrece a Venus (diosa de la generación, que crea y produce): Dedicándose el brindis a la virtud (votos por la perfección moral)
La séptima, a Saturno, dios de los periodos y del tiempo, representante de la igualdad entre los hombres. El brindis se dedica al hombre y a quienes están en el Oriente Eterno (votos por la armonía de los seres).
En las fiestas de Saturno, los esclavos participaban de los placeres de sus amos, sentándose con ellos a la mesa, y por ello, este brindis es el único al que se incorporan los sirvientes y músicos. Para figurar la magnitud de la órbita de Saturno, se rehace la cadena entera (cerrada, de la cual cada hermano es un eslabón y que abarca todo el Universo) cogiéndose la punta de la servilleta del hermano que se encuentra a la derecha. Es costumbre, después de la séptima libación entonar un cántico sagrado o himno.
Entre la sexta y séptima libación se pueden intercalar otros brindis que se juzguen oportunos (en honor a los nuevos iniciados, al colegio de oficiales, a los visitantes, etc.), pero la séptima ha de ser siempre la última, en la cual participan también los sirvientes. Cuando se dedica un brindis a un hermano, éste se mantiene de pie y al orden, dando las gracias posteriormente con la batería del grado. Las libaciones, del mismo modo que las baterías, se hacen por tres y nueve, por tiempos (movimientos rápidos) según las órdenes dadas por el oficial que consagra la libación:
Mano derecha a los cañones! (coger la copa)
Arriba los cañones! (levantarla hasta la horizontal)
Apunten! (copa a los labios)
Fuego! (beber un sorbo)
Buen fuego! (beber otro poco)
El más vivo de los fuegos! (beber hasta apurarlo)
Armas al frente! (brazo con la copa extendido hasta la posición horizontal)
Saluden! (triple saludo: copa del frente al hombro derecho; al lado derecho del pecho; al corazón; al frente; así por tres veces seguidas para terminar con la copa al hombro derecho).
Descansen armas, uno... dos... tres! (los hermanos bajan la copa en tres tiempos, al tercero todas las copas tocan la mesa a la vez para oírse un solo golpe)
Cuando un hermano comete una falta durante la celebración de un banquete, el Venerable le puede amonestar haciéndole tirar una salva de pólvora floja (apurar un vaso de agua amarga). Cuando esto tiene lugar, muy rara vez, se hace colocar al hermano amonestado a la Orden y entre columnas, y una vez allí, el Maestro de Ceremonias le presenta la palangana con un vaso de agua, que constituyen los instrumentos del suplicio, y que a la orden de ‘fuego’ dada por el Venerable debe apurar.
Este castigo representa el que se daba a los dioses que cometían perjurio, haciéndoles beber de la mano de Isis una copa de agua emponzoñada.
Todos los objetos tienen una nomenclatura simbólica: La mesa, plataforma; las servilletas, banderas; mantel, gran bandera; las bandejas, terraplenes; los platos, tejas; las cucharas, trullas, paletas o llanas; los tenedores, azadones o tridentes; los cuchillos, espadas; las botellas, barricas; los vasos y copas, cañones; los manjares, materiales; el pan, piedra tosca o bruta; el agua, pólvora floja o blanca; el vino, pólvora roja; la sidra o cerveza, pólvora amarilla; el café, pólvora negra; los licores, pólvora fulminante; el azúcar, yeso; la sal, arena blanca; la pimienta, cemento o arena roja; las luces, estrellas; las sillas, sillares; comer, masticar; llenar las copas, cargar los cañones; beber, hacer una salva o cañonazo; comer, unir; poner sobre sus líneas los vasos, botellas, etc., alinear las armas; trinchar, desbastar, etc.
En otros ritos diferentes al escocés, así como en algunos altos grados, lo anteriormente expresado sobre el banquete sufre ligeras modificaciones. En el rito de adopción, se tiene por costumbre colocar en el centro de la herradura (mesa) a un hermano con el título de Embajador, quien se encarga de promover y contestar con bellas palabras los discursos.
El banquete es considerado una continuación de los trabajos del templo, por lo que se abren éstos según el rito, y en recreación se pasa a la sala de banquetes, donde se reanudan con fuerza y vigor, comenzando los trabajos de banquete a la orden del Venerable.
Al universo simbólico del ritual del banquete se suma el de los alimentos que se ingieren, el de los recipientes de cocina utilizados y la forma especial de elaborarlos, el del ayuno (purificación) previo, el de los elementos ornamentales de la sala húmeda, el del sacrificio de animales para el banquete y la recolección de hortalizas, el de la confección del pan, etc.
Consideraciones de suma importancia, que varían según la época en que se celebra, y sobre lo que no voy a exponer, pues sería materia para otro libro. En un banquete masónico todo está revestido de carácter ritual (tanto su preparación como su celebración); en él los masones comulgan con la ley de los ciclos y ritmos de la naturaleza, y con él se purifican corporalmente (al finalizar la alegría es notoria, y cerrados los trabajos, se continua con cánticos y música). Todos los hermanos están obligados a asistir a los banquetes, así como a sufragar sus gastos.
El maestro de banquetes es el oficial encargado de la preparación de las tenidas de mesa, cuyo nombre proviene de la antigua masonería inglesa, que celebrando sus tenidas en tabernas y posadas éstas acababan siempre con un ágape.
El maestro de banquetes proyecta los ágapes en función del tipo de trabajo que les precede, mantiene el orden durante su transcurso y coloca los servicios y la decoración de la sala donde se celebran. Debe ser un experto conocedor del simbolismo culinario (ayunos, formas de las libaciones, transmisión energética de los alimentos, bebidas y alimentos simbólicos, léxico de los ágapes, circulación y posiciones de los comensales, etc.), y se encargará de dirigir la instrucción relativa al mismo. Su joya consiste en un cuerno de la abundancia.
Creo que utilizando este trabajo como pauta, cada Maestro de banquetes tiene suficientes datos como para estructurar la mesa según su criterio, y cualquier comentario que pueda añadir sería superfluo, de modo que prefiero respetar el trabajo de mi querido Maestro y dejar tal cual el capítulo.
LA SILLA VACÍA
Una de las costumbres más respetuosas que deben observarse, tanto en los banquetes rituales como en los blancos, es dejar una silla vacía, con su correspondiente servicio de plato y cubiertos, como cortesía hacia aquellos Hh... del O... Et... que deseen acompañarnos durante el ágape y compartir la comunión de los presentes. En los antiguos rituales de retejeo y en los ágapes de los masones operativos, era obligatorio reservar algunas partes del pan para después ser esparcidas por tierra, como señal de dar de comer a los hermanos que en ella estaban enterrados.





COMICs