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V O R A C I D A D

voraz

En principio de la eternidad según los griegos Urano, hijo y esposo de Gea, engendró con su madre a los Titanes. Gea los escondía en su seno procurando protegerlos de su padre que los devoraba. Estos mientras vivían por segundos cósmicos se enseñorearon de la tierra. Uno sólo escapó al designio y logrando salvarse hirió a su padre de tal forma que ya no pudiera engendrar con Gea más hijos. Separándose de la tierra se formo el cielo como antítesis. Gea, de ardiente y voraz naturaleza, ahora de Cronos, procreó a Zeus quien destronó a los Titanes y dio paso a una nueva generación más, quienes a su vez cohabitando entre ellos mismos se hicieron semidioses y finalmente a la raza que hoy entendemos como “humana”.
Hawkins, el astrofísico devorado por su cuerpo y su sabiduría, pretende explicar que la oscuridad total absorbe toda la energía a su alrededor, incluso la luz, y le llama hoyos negros, mismos que regurgitan con un Big Bang para dar origen al Universo, esto que la mente humana no alcanza ni alcanzará, en mucho, de concebir. Cortos se quedan los astrofísicos actuales para explicar científicamente si fuera una sola explosión el origen o varias que en diferente momento cósmico a la expansión subsecuente se devoran unas a otras penetrando un universo a otro y volviendo a la confusión.
Ambas leyendas y muchas otras, presentadas o relatadas en forma similar o con variantes se intuyen y refieren en la historia del hombre y de la naturaleza hasta registrarlas en blanco y negro. Luego románticamente los filósofos y los poetas les han cambiado de matiz o elocuentemente pretenden explicarlas “mejor” con teorías y “comprobaciones” científicas. No todos los filósofos son científicos pero todos los científicos son a ultranza, filósofos.
Entre líneas leemos como dos elementos creativos y aparentemente inocuos y diferentes, en una voraz contienda se destrozan hasta que uno vence al otro para ingerirlo en su totalidad y automáticamente éste sólo engendra un contrario para continuar en lucha. El ciclo se dio, se da y se dará por la eternidad.
Con hambre insaciable de saber el hombre transforma su naturaleza y la que le rodea gracias a esta excelsa invención de la palabra oral y luego escrita que se plasma sobre sobre el papel. Entonces el blanco devora al negro para hacer la luz, invirtiendo el papel del hoyo negro. Simple inferencia de la inversión en la función de los contrarios. Prueba de la síntesis inversa para comprobación de la tesis y en su caso, su anulación.
Así los hermanos que veneramos al fuego como origen de luz y catalizador de las ideas que el alquimista mera en retorta para sublimar destilando al elemento bruto y transformándolo en preciado elixir.
Los ciclos se repiten y dan en la naturaleza feraz, transformando todo en uno y cada ínfima partícula en un todo, que pudiera aparentemente verse a nuestros sentidos como microscópico pero “como es arriba, es abajo” y el todo cabe en una gota de lluvia o en un a grano de arena, como contenedores de un cielo o de un mar.
La sinapsis más simple se transforma en compleja con un pensamiento catalizador y la química cerebral tras conexiones siempre nuevas, cual rayo y centella, explota con energía inconmensurable para hacer realidad un acto volitivo que nutra la conciencia regresando a ésta esa partícula de energía que fluye sin descansar.
El hoyo negro absorbe la luz, Urano se nutre de sus hijos, el fuego consume la materia, la conciencia transforma al ser, la lectura enseña al ignorante, la naturaleza se nutre de su creación y . . . el hombre devora al hombre.
Esa inherente necesidad del ser humano de alimentarse, es parte de su crecimiento, innegablemente. Pero nefasta cualidad se torna cuando el carácter requiere de abusar de su naturaleza alimentando sus sentimientos negativos a costa de la destrucción de los sueños primordiales de los seres que le rodean.
Hemos algunos comido hasta la saciedad y la gula intermitente, compulsiva, nos destruye y destruye. Hay quienes no se detienen ni para un respiro y pretenden asimilar la vida a bocanadas. Así, algunos políticos devoran al pueblo, que pronto se quedarán sin uno sólo a quien gobernar. Así, los empresarios devoran al empleado y al consumidor para, inminentemente, quedarse sin mano de obra y sin quien adquiera su producción o servicios. Así, el líder religioso engaña a sus feligreses con falsos “dioses” y falsos “cielos” para quedarse en el “purgatorio”. Así, el hermano pretende asimilar sus liturgias y preceptos, auto-engañándose, sin practicar, descubrir, develar, los misterios que se encuentran en lo profundo de su corazón pero . . . en la palma de su mano.

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