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¿Son las llamadas "logias virtuales" una opción válida?

JAVIER OTAOLA

Sólo en el caso de las denominadas Logias de estudios o de investigación, que son más bien seminarios y que no desarrollan trabajo iniciático, cabe una actividad virtual de interés.
En las Logias simbólicas el trabajo presencial es indispensable. No puede haber proceso iniciático a distancia. El método masónico exige la inmediatez, la oralidad, la presencia. Reducir la vida de una logia a un intercambio de mensajes escritos o de videos sería matar el sentido mismo de lo iniciático.

Sin embargo sí hay algunas funciones de la actividad de la logia que pueden verse aligeradas, facilitadas y perfeccionadas gracias a la comunicación virtual: los asuntos administrativos y de secretaría, las comunicaciones y convocatorias, los intercambios de planchas, los vínculos de solidaridad y de apoyo mutuo.

ILIA GALÁN

Logias virtuales equivale a sexo virtual o a alimento virtual, es decir, una quimera, un sueño… Sí sirven grupos de encuentro oral o escrito, pero no serían realmente logias si fueran solamente virtuales. Así como el pan representado no alimenta, ni el vino en fotografía o descrito tampoco embriaga.

RICARDO SERNA

Está claro que no. Como hemos dicho más arriba, la logia virtual plantea diversas inseguridades con las que el masón tradicional no está dispuesto a transigir. La más notoria es, desde luego, el factor de la seguridad.

En la red no hay certezas de que se mantenga la discreción o el secreto exigido en los diversos Ritos. Y por otra parte, el concepto de «logia virtual» es todavía algo difuso, inconcreto y escasamente explicado que pocos masones vislumbran con mediana lucidez.

AMANDO HURTADO

Creo que no. Considero que el proceso iniciático personal masónico se produce a lo largo de la vida, en una diversidad de circunstancias vitales en las que van aflorando en nuestra conciencia percepciones singulares de la realidad.

La iniciación, tal como yo la entiendo, es un aprendizaje que vincula pensamiento, conocimiento, sentimiento y acción. Cada uno de nosotros es gestor de su propia iniciación, que será masónica si es reconocida como tal por quienes le acompañan como Hermanos o Hermanas en el mismo empeño.

No es únicamente en la Logia donde pueden producirse nuestras vivencias iniciáticas, pero es en el espacio geométricamente trazado del Taller donde se produce periódica y regularmente el encuentro fraternal en el que podemos poner a prueba libremente el nivel iniciático al que hemos accedido, teniendo en cuenta que la Masonería - y es ésta también mi opinión personal - es esencialmente una escuela de ética y de antropología que nos educa en el encuentro y el trato con el otro (o la otra) desde el yo.

Aunque no sea impensable una “Logia virtual”, como circunstancial abstracción intelectual, no será ése nunca el espacio geométrico sostenido por la presencia de las columnas vivas que son los Hermanos del Taller, capaces de moldear la palabra matizándola con tono y timbre, subrayándola con talante y gesto, vitalizándola con el impulso de sus manos en la Cadena de Unión.

Participar en una Tenida es mucho más que leer y pulsar teclas, utilizando iconos para labrar la piedra en la soledad de nuestra habitación. Es, fundamentalmente, convivencia que entrena para convivir en este mundo, aprendiendo a controlar las reacciones y a traducir pensamientos y sensaciones en actos responsables.

El Rito practicado en Logia, los gestos, los pasos, la circumambulación, constituyen un conjunto de actos modélicos con ese sentido: pensamiento y acción pautados por principios configuradores de un orden a partir del caos: cuerpo y mente coordinados subrayan la importancia de la acción.

De forma semejante argumentaba María Montessori su método didáctico, uniendo el aprendizaje al movimiento corporal: “Nuestros cerebros han evolucionado para ayudarnos a vivir en un entorno dinámico, a navegar, a encontrar alimentos y a huir de los predadores. No han evolucionado para ayudarnos sólo a escuchar a alguien, sentados en el aula, regurgitando luego la información”.

IGNACIO MÉNDEZ-TRELLES DÍAZ

Entiendo que solo las logias de estudio pueden llegar a existir y a trabajar virtualmente. La masonería es intrínsecamente presencial, humana, sensorial…

Lo que no quita que existan puntos de encuentro, organizaciones, asociaciones, centros, etc. que se articulen electrónicamente, aunque para revertir finalmente de algún modo en el contacto personal y directo.

SANTIAGO CASTELLÀ

El método simbólico se basa en la ruptura espacio-tiempo que supone la dramatización ritualística, irreproducible virtualmente (de momento, quizás con formas de simulación virtual pueda recrearse una logia), porque no se trata de intercambiar ideas, ni de debatir simplemente, sino de la vivencialidad fraternal de la logia.

JOSÉ LUIS COBOS

Las logias virtuales son una opción siempre que no pretendamos realizar en ellas los mismos trabajos que hacemos en una logia presencial. Por ejemplo, una tenida magna de iniciación sería imposible desarrollarla en una logia virtual porque los medios tecnológicos disponibles hasta el momento no permiten reproducir a distancia todas las manifestaciones emocionales, intelectivas, reactivas, etc. que la presencia real de una persona conlleva. Suprimiríamos todo el lenguaje corporal y toda la carga afectiva que, en la vivencia real de una experiencia en una interacción social, tiene lugar.

En una tenida ordinaria, este detrimento no sería tan grave, pero desde luego, en una tenida de iniciación los contenidos emocionales son absolutamente necesarios y tienen que producirse sincrónicamente con la aparición de los sucesivos símbolos que se van desgranando a lo largo de la iniciación.

IVÁN HERRERA

La verdad es que nunca he pertenecido ni trabajado en una “Logia Virtual”, pese a que desde hace alrededor de una década vengo oyendo sobre el tema y me han invitado a algunas de sus “Tenidas”.

Tampoco tengo, a priori, nada en contra de esta forma adaptativa de la Orden al cambio de milenio. De lo que si estoy seguro, es que solo el transcurso del tiempo dirá si ellas constituyen un callejón evolutivo sin salida, o por el contrario son un eslabón más hacia una nueva forma de ser y estar en la Masonería que será común en el futuro.

Tomado de la revista "Cultura Masónica" Nº 10, enero de 2012.

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