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FENIXnews | October 25, 2014

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2013-08-16

Las clases sociales – 1ª Parte

CLASES SOCIALES
Plinio Corrêa de Oliveira

Diferenciaciones y participación en la sociedad
Toda sociedad tiene ciertas categorías y profesiones. Incluso en la sociedad más
igualitaria notamos que existen especializaciones, como fue la Unión Soviética,
que, teóricamente hablando debió haber sido la más igualitaria puesto que era
comunista. Allí encontramos comerciantes, gerentes industriales, intelectuales y
trabajadores manuales. También encontramos los falsos sacerdotes de la Iglesia
cismática rusa, que estaba completamente controlada por el gobierno comunista
ruso.
Para que existan especializaciones, es necesario que haya hombres que ocupen
diferentes posiciones, tanto superiores como inferiores. Por lo tanto, en cada
nivel de la sociedad encontramos hombres que realizan diferentes funciones.
Pretender que todas las profesiones son iguales en realidad establece una
ventaja que favorece a las profesiones inferiores. De hecho, esto es lo que
sucedió en la dictadura del proletariado ruso, donde sólo los proletarios o los
trabajadores manuales tenían el derecho a gobernar, en lugar de aquellos que
ejercían funciones superiores a la de los proletarios.
Ahora bien, si esto es cierto en las sociedades igualitarias, se aplica más aún en
sociedades como las nuestras, que no son totalmente igualitaria y todavía tienen
alguna jerarquía. Todavía tenemos diferentes clases sociales: la burguesía o la
clase por encima de los trabajadores manuales, y también la clase militar, la
clase jurídica, la clase intelectual y el clero.
Entonces surgen las siguientes preguntas:
1) ¿Cuál de estos diferentes grupos, teóricamente hablando, tiene el mayor
derecho a ser preponderante en la organización de la sociedad?
2) En la Edad Media, ¿cómo fue la distribución de las funciones realizadas en la
sociedad?
Cómo Paganismo resolvía la diferenciación de funciones
Un grupo de intocables condenaba a una vida
de exclusión en el sistema de castas de la India
En la India prevalecía el sistema de castas. Según este sistema, la persona
pertenecía a una casta determinada sólo por el hecho de haber nacido en ella.
No había ninguna posibilidad de pasar de una casta a otra.
Los hindúes entendían las castas de una manera religiosa. Ellos creían que
después de la muerte el alma se encarnaría en otros cuerpos. Si una persona
había practicado la virtud, su alma se encarnaría en una casta superior; si
hubiera sido mala, se encarnaría en una clase inferior. Por lo tanto, la clase
social de una persona ya estaba determinada antes de su nacimiento.
Ahora, si la clase social está determinada por una vida anterior, entonces no es
posible en esta vida que alguien pueda cambiar su lugar en la sociedad. Por
tanto, en la India la persona estaba completamente encerrada en la clase social a
la que pertenecía, sin la posibilidad de subir o bajar. Las clases sociales eran
hereditarias y establecidas de forma permanente.
Un sistema similar prevaleció en el antiguo Egipto. Estaba organizado de tal
manera que un tercio de las tierras pertenecían a la clase sacerdotal, un tercio a
la clase militar y el último tercio al Faraón.
Las clases sacerdotales y militares estaban absolutamente fijas. Un sacerdote
nunca podía ser un militar; él debía siempre ser un sacerdote. Sus hijos también
serían para siempre sacerdotes. Lo mismo ocurría con un militar: Todo hijo de
militar debía seguir la profesión de su padre, y nadie de otra clase podrían
entrar en ella. Estas fueron las dos clases cerrada; debajo de ellas estaba la masa
de la población, que eran los plebeyos de Egipto.
Cómo la Iglesia Católica resolvió la diferenciación
En la civilización medieval la Iglesia Católica reconocía tres clases básicas: el
clero, la nobleza y el pueblo. Mientras se mantenían las diferencias, la Iglesia
fundamentalmente cambió algunos aspectos de esas tres clases sociales básicas.
La primera clase de la sociedad era el clero. Era una clase completamente
abierta a todas las personas que tenían una vocación para entrar en ella. La
Iglesia no exigía que una persona perteneciera a una determinada clase social
para convertirse en un miembro del clero. Por el contrario, la Iglesia permitió
que personas de los más modestos estratos de la sociedad ascendieran a los
puestos más altos de la jerarquía eclesiástica.
Las acciones heroicas hacían que el soldado ascendiera a
la nobleza
La segunda clase era la nobleza. La nobleza era una clase hereditaria, pero aquí
también había notables diferencias en comparación con los sistemas paganos.
Una de las diferencias más importantes: Un noble podía perder su estatus social
si incurría en una acción infame. También era digno de notarse que un plebeyo
pudiera ascender a la nobleza, si él realizaba un acto público importante.
Por lo tanto, la clase noble no era una situación cerrada en la que era imposible
que alguien pudiera entrar o salir. Tenía una cierta flexibilidad que permitía
una renovación lenta. Poco a poco, los que eran deficientes o depravados serían
eliminados y gente con sangre nueva podía entrar a causa de sus virtudes y
capacidades. Era una clase que tenía una gran estabilidad, pero era una clase
abierta.
La tercera clase estaba constituida por la burguesía y los plebeyos con una
multitud de diferenciaciones; tanto entre estos dos estratos y dentro de cada
nivel de la jerarquía del pueblo.
La pregunta que queremos examinar en esta serie es la siguiente: ¿En qué
medida todo este pueblo —el clero, la nobleza, los terratenientes, los
académicos, los trabajadores industriales, los comerciantes, los campesinos y
obreros— podía y de hecho participaba de manera efectiva en la dirección del
Estado?
La participación en el poder público basada en el número
Las organizaciones políticas modernas han generalmente resuelto el problema
de la participación en el poder público basada en los números. El Estado asume
una posición indiferente respecto a las clases sociales, afirmando que toda
persona es igual y tiene el mismo derecho a un voto. Cuando llega el momento
de votar, el resultado se obtiene numéricamente. La elección se hace por la
mayoría de votos.
En la sociedad democrática moderna e igualitaria,
todo se resuelve en base al número
En apariencia es una muy buena solución, ya que la dirección del Estado
debería estar en las manos de aquellos que están más interesados, y la mayoría
debería estar más interesada que cualquier grupo pequeño en la dirección de
los asuntos públicos.
Sin embargo, cuando consideramos la cuestión de la competencia y
especialización, aparecen deficiencias. De hecho, a menudo la mayoría de los
hombres no son los más inteligentes, con más criterios para juzgar y con
mejores condiciones para orientar. Estas personas normalmente constituyen
una minoría en la sociedad. Por lo tanto, el error de este sistema es que
establece que todo puede resolverse simplemente por el peso de los números,
que excluye a las élites y las destina a estar siempre derrotadas por la mayoría.
Este simple mecanismo de la mayoría de voto termina por poner las cosas al
revés: es decir, los líderes auténticos que realmente tienen condiciones para
orientar a la mayoría quedan excluidos. En cambio, surgen aquellos que son
capaces de manipular este sistema detrás de las escenas como una elite artificial
que controla la mayoría de votos.
Por esta razón, el Papa Pío XII dirigió la atención de los estadistas y hombres de
cultura al siguiente problema: saber cómo debería distribuirse la participación
en la dirección de un Estado dentro de un país de modo que pueda ser
sabiamente orientado y gobernado.
Para realizar esta tarea, estudiaremos cómo esto sucedió en la Edad Media con
el fin de ver si se puede encontrar una sugerencia para una solución en nuestros
tiempos.